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En el actual escenario de incertidumbre que desataron los bombardeos de Estados Unidos en Venezuela y la captura del dictador Nicolás Maduro, las negociaciones de paz que adelanta el gobierno de Gustavo Petro podrían enfrentar unos de sus mayores desafíos. No solo por el riesgo de una escalada del conflicto en la frontera, sino por el papel de Caracas en varias negociaciones.
“Esto (la situación en el vecino país) afecta a la paz total porque en primer lugar recordemos que el régimen y Venezuela tenían un papel de garante y facilitador en varias de esas mesas: en la del ELN, en la de la Segunda Marquetalia...”, dijo a este diario Jorge Mantilla, experto en crimen, seguridad y conflicto.
Ese rol de garante empezó mucho antes del chavismo. A comienzos de los años noventa, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, Venezuela ya había intervenido como puente internacional en el proceso que llevó a la dejación de armas del M-19. Desde Caracas se facilitó la entrega del armamento a la Internacional Socialista, tras el acuerdo firmado con el gobierno de Virgilio Barco en 1990.
Con el paso del tiempo, Venezuela se convirtió en un escenario recurrente —directo o indirecto— de los intentos de diálogo. En los años noventa, los contactos entre el gobierno de César Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (que agrupaba a las Farc, el Eln y un sector no desmovilizado del Epl) arrancaron en Caracas, aunque terminaron trasladándose a Tlaxcala, México, luego del fallido golpe de Estado de un grupo de militares, de 1992 que tuvo entre sus protagonistas a Hugo Chávez.
También jugó un papel en las conversaciones con el ELN durante el gobierno de Ernesto Samper. En 1997, a finales de esa administración, Venezuela fue uno de los respaldos internacionales de los acercamientos con esa guerrilla, como la reunión de ‘Puerta del Cielo’, en Alemania, hasta donde viajaron 40 colombianos para entablar diálogos con esa guerrilla. Luego, durante la administración de Andrés Pastrana, la Comisión Facilitadora Civil, liderada por Jaime Garzón, también actuó como canal humanitario para la liberación de secuestrados.
Ni siquiera las tensiones diplomáticas de los años siguientes rompieron del todo ese vínculo. Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, pese a las profundas diferencias con el régimen de Chávez, Venezuela siguió apareciendo como un actor relevante en algunos esfuerzos de mediación.
El caso más emblemático de esa influencia fue el proceso con las FARC que culminó con la firma del Acuerdo de Paz en 2016. Antes de que los diálogos se hicieran públicos en La Habana, hubo una fase confidencial en la que la intermediación de Chávez fue determinante, según relató el expresidente Juan Manuel Santos en su libro La batalla por la paz.
Además, fue desde Caracas que se conoció la instalación formal de la mesa de diálogo entre el gobierno de Santos y el ELN.
¿Por qué Venezuela se involucra en la paz de Colombia?
La guerra colombiana ha tenido un impacto directo en Venezuela. Son cerca de 2.200 kilómetros de frontera compartida, históricamente permeable y utilizada como retaguardia por grupos armados, especialmente por el ELN, una guerrilla que ha consolidado su carácter binacional. Por eso, su papel ha sido considerado como crucial en las negociaciones.
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Sin embargo, el rol de Venezuela en los distintos procesos de paz y en la relación con los grupos armados ha sido visto más allá del de garante. Durante años, distintos informes y denuncias han señalado presuntos vínculos entre el régimen venezolano y organizaciones guerrilleras.
De hecho, el indictment (acusación formal) contra Maduro hecho pública este 3 de enero por la fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, detalla ese vínculo.
El documento judicial afirma de manera explícita que Maduro y otros altos funcionarios se asociaron directamente con las antiguas FARC y el ELN.
“En distintos momentos desde aproximadamente 1999, funcionarios venezolanos, incluidos Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello Rondón (actual ministro del interior, justicia y paz de Venezuela) y Ramón Rodríguez Chacín (exministro de justicia de Venezuela), se asociaron con narcoterroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN)”, explica el documento.
Estos presuntos nexos directos y la influencia de régimen sobre el ELN y otros grups reforzarían, entonces, la necesidad de Venezuela como intermediario de las conversaciones de paz en Colombia.
Las dudas sobre el apoyo de Maduro a la paz total
Las acusaciones sobre el vínculo del régimen con las guerrillas, que han tomado fuerza en el actual contexto, fueron uno de los factores que pusieron en duda el apoyo de Maduro a los diálogos del Gobierno Petro con el ELN –suspendidos desde hace un año–.
“Una vez más, como lo hizo el comandante Chávez en su tiempo, para garantizar los acuerdos de paz que luego se firmaron, y en los que me tocó participar como garante, una vez más, al presidente Gustavo Petro y a Colombia le decimos: Venezuela acepta el carácter de garante de las negociaciones”, dijo Maduro en septiembre de 2022.
La polémica sobre la relación de Colombia con el país vecino en el marco de los procesos de paz se profundizó tras las elecciones en Venezuela de 2025, en las que Maduro se mantuvo en el poder en medio de denuncias de fraude, y luego con la arremetida violenta del ELN en el Catatumbo.
En contexto: Las dudas del rol de Venezuela como garante en paz de Petro tras crisis en Catatumbo
El panorama es ahora aún más complejo a la luz de las acusaciones formuladas por Estados Unidos, que llevan a revisar el papel de Venezuela en los procesos de paz que se adelanten en Colombia.
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