Una planta de transformación de un fruto amazónico en funcionamiento, un espacio de reincorporación que ya opera como centro poblado y una cadena láctea que busca ganar escala. En esa secuencia se alcanza a leer el momento de algunos proyectos que se dieron en Caquetá —que contaron con el apoyo de la Unión Europea— y que hoy superaron la fase piloto. En esta nueva etapa, esas iniciativas buscan sostenerse y crecer sin perder lo construido.
El recorrido articuló tres procesos. En La Montañita, la bioeconomía empezó a tomar forma en la planta de la Asociación de Mujeres Rurales de Colombia y Caquetá (Asmucoca), donde se trata la canangucha —un fruto duro que se da de palmas gigantes que rodean algunas partes selváticas de Caquetá. En Agua Bonita, la reincorporación se observa en dinámicas que ya no responden solo a la idea de transición a la vida civil de excombatientes de las FARC que viven en ese Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (AETCR). Ahora hay proyectos productivos en marcha, servicios comunitarios y una organización territorial que funciona como un centro poblado, con relaciones económicas y sociales que se sostienen en el día a día.
En El Paujil, la cadena láctea muestra otro nivel de desarrollo que se mueve con queseras rurales que procesan la leche de las fincas cercanas.
Sobre ese eje se movió la primera visita del equipo europeo —encabezado por el embajador de la Unión Europea en Colombia, François Roudié, quien estuvo acompañado de Martina Klumpp, embajadora de Alemania; María Cramér, embajadora de Suecia; y Santiago Jiménez, embajador de España.
La agenda se concentró en recorrer, observar y contrastar en terreno el estado de estos procesos, con una pregunta transversal sobre qué condiciones permiten que lo que ya funciona pueda avanzar hacia otro nivel.
La transformación de la canangucha
La primera parada, en la planta de Asmucoca, permitió ver ese punto de partida. Esa organización fue una de las beneficiadas por el proyecto Abrigue (Agroecología, Bioeconomía, Resiliencia, Innovación, Gobernanza y Unión Europea) y desarrollado con el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), y que busca fortalecer capacidades territoriales para desarrollar innovaciones en agroecología y mitigar el cambio climático en zonas costeras o forestales.
Ese proyecto reunió a organizaciones de productores que, por ejemplo, han convertido la canangucha en un eje económico de esa comunidad. Las mujeres recolectan, transforman y comercializan ese fruto amazónico, mientras ajustan prácticas para proteger el ecosistema.
“Nos dimos cuenta que había unos cerdos por los cananguchales y comían de ese fruto, y empezamos a decir ‘bueno, algo pasa con eso’. Empezamos a investigar y nos dimos cuenta de la gran oportunidad que teníamos allí”, explicó María Deisy Bermeo, presidenta de Asmucoca. Ese “algo” se tradujo ni más ni menos que en un fruto que ha dado una línea de productos que incluye harinas, aceites y derivados que buscan abrir mercado a partir de un aprovechamiento sostenible del bosque.
“Antes esto (la canangucha) no se aprovechaba así, uno lo veía ahí, pero no se le sacaba todo lo que hoy sabemos que tiene”, dice Bermeo. El proceso no ha sido fácil. Las comunidades, con el apoyo del Fondo Europeo para la Paz —que está en un proceso de cierre, pero también de transformación— articularon investigaciones con el instituto SINCHI y con saberes locales para construir una cadena productiva que combina ingreso, conservación y organización comunitaria.
“Ya no es solo recoger, ahora también transformamos y vendemos (…) Aquí estamos generando también empleo”, dice Bermeo. En efecto, no solo las mujeres de esa asociación, sino hijos de las mismas y otras personas de la comunidad trabajan en esa iniciativa.
Esa base es la que permite que experiencias como la de Asmucoca no aparezcan aisladas, sino que permiten mover economías locales. “Han aprendido que juntarse hace la fuerza y han aprendido a articular sus exigencias”, se planteó en uno de los intercambios. Y en esa misma línea, la embajadora alemana, Martina Klumpp, subrayó el valor de ese tipo de procesos. “Se necesita seguridad con oportunidades en territorios, con cambios sociales, con integración verdadera”, dijo.
El otro paso en la reincorporación de excombatientes de las FARC
En el AETCR de Agua Bonita, la escala es distinta. Son 53 hectáreas donde viven cerca de 300 personas —en su mayoría firmantes de paz con sus familias— y donde la reincorporación ha ido fortaleciéndose al punto de que ya casi se considera ese espacio como un centro poblado. Este AETCR es considerado uno de los más avanzados en términos de reincorporación y eso se nota en la infraestructura, pero también en el tejido social y comunitario.
En el espacio hay biblioteca, zonas de recreación, cocinas muy bien equipadas, tiendas con productos desarrollados por excombatientes y también servicios básicos como una planta de tratamiento de agua, conexión eléctrica, manejo de residuos y recientemente un punto de conexión a internet, de los que se han beneficiado comunidades aledañas.
Además, el proyecto les permitió tener una planta despulpadora de fruta. Parte de ese camino también tuvo experiencias como Humanicemos DH, un proyecto de desminado humanitario en el que participaron excombatientes y que, más allá de la remoción de artefactos, abrió una ruta de inserción laboral y fortalecimiento organizativo. Aunque ese proceso se vio afectado por amenazas de grupos armados que lo hicieron desplazarse a otro lugar.
“Para nosotros no es un espacio provisional. Aquí estamos construyendo comunidad, estamos pensando en quedarnos”, dijo Esperanza Torres, firmante de paz y una de las lideresas de ese territorio. Y agregó: “Esto lo vemos como un centro poblado, porque aquí hay vida, hay organización y hay futuro”.
Torres también aprovechó la visita de la delegación europea para pedir avances en la titulación de tierras y para reafirmar los problemas de seguridad que se han dado en el territorio. Dos ETCR —el de Miravalle y el Yarí, en el Meta— han tenido que moverse a Doncello, Caquetá, por amenazas de grupos armados.
En Caquetá, 755 firmantes del acuerdo —199 mujeres— siguen vinculados a procesos productivos y organizativos que dependen en buena medida de su capacidad de sostenerse en el tiempo.
Sobre ese punto, la embajadora Klumpp hizo énfasis en lo que aún falta en el territorio. “Hay muchísima experiencia en Colombia en esto. Lo que hace falta es una verdadera voluntad política de desarrollar esos territorios”, señaló.
Los quesos “made in Caquetá”
El tercer punto del recorrido, en El Paujil, muestra la idea que tienen varios productores de llevar a otro nivel a los productos por los que es más conocido Caquetá: su leche y sus quesos.
Lo primero que se hizo fue mejorar las condiciones para la salida de ambos alimentos a las ciudades. La Unión Europea apoyó la iniciativa “Componentes del programa Rutas PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial)” con la que se logró la pavimentación de 2 kilómetros en asfalto y mejorar más de 1.000 metros con placa huella, además de priorizar 110 tramos de la red terciaria. Un dato relevante es la formación de 106 mujeres en mantenimiento rutinario de vías.
En paralelo, la innovación tecnológica ha generado un aumento del 27 % en la producción de leche con más de 1.000 personas capacitadas, 369 unidades productivas implementadas y unas 1.000 hectáreas bajo manejo sostenible. Este punto es importante porque Caquetá —por su tradición ganadera— es uno de los departamentos con mayor deforestación en Colombia.
El tercer componente conecta esa producción con el mercado. Según datos de la Unión Europea, cerca de 9.800 productores participan en la cadena láctea, se han fortalecido 20 MiPyMEs (microempresas) y la comercialización supera los 275.000 kilos de productos, con ventas por encima de los 1.300 millones de pesos. En ese proceso, la denominación de origen de “Queso del Caquetá” se consolida como un elemento con el que se quiere jugar en las grandes ligas.
Experiencias como la de La Maporita muestran un primer nivel de consolidación. Se trata de una empresa familiar que procesa leche y ha logrado posicionar distintas líneas de queso, con variaciones que incorporan ingredientes como açaí, piña, café, especias, picante o copoazú.
En paralelo, otro eslabón clave aparece en el trabajo de la Cooperativa Láctea y Agroturística del departamento del Caquetá (Colabc). Allí, el énfasis está en el acopio y enfriamiento de la leche, un punto crítico en la cadena —en un año que ha estado marcado por la sobreproducción y los problemas en las formas de fijación de precios que afecta principalmente a los productores. Contar con un sistema de frío permite conservar el producto, evitar pérdidas y darles a los productores un margen de tiempo que antes no tenían para negociar o transformar. Es una infraestructura menos visible, pero determinante para ordenar la producción en un contexto marcado por la sobreoferta y la presión sobre los precios.
“Nosotros no podemos seguir siendo la cola de la flecha (…) Tenemos que convertirnos en los industriales también. El cambio lo tenemos que hacer nosotros. Si no luchamos por nosotros, nadie lo va a hacer”, dijo Sandra García, parte de Colabc.
Desde 2017, la inversión europea en el departamento ha superado los 17 millones de euros —cerca de 70.000 millones de pesos—, con presencia en municipios como Florencia, San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá y Belén de los Andaquíes.
Los resultados se distribuyen en varios frentes. Más de 1.500 personas han fortalecido capacidades para la convivencia, 225 han avanzado en su proceso de reincorporación económica y social, y 780 jóvenes han mejorado sus competencias laborales. En el componente productivo, 3.330 personas han sido vinculadas a modelos sostenibles y 5.745 hectáreas de bosque están bajo acuerdos de conservación.
Los tres procesos muestran que se ha logrado consolidar una base, pero que el siguiente paso requiere condiciones adicionales. Acceso a crédito, conectividad, infraestructura y estabilidad institucional aparecen como factores decisivos. Por eso, uno de los ejes de la visita fue el diálogo con el sector financiero y con actores como Asomicrofinanzas, orientado a explorar mecanismos que permitan ampliar el alcance de estas iniciativas.
En paralelo, Global Gateway, “una nueva estrategia de la Unión Europea para impulsar los sectores digital, energético y de transporte, y para fortalecer los sistemas de salud, educación e investigación en todo el mundo”, muestra el inicio de un tipo de intervención en la región que se centra en inversiones de mayor escala y a más largo plazo, pero movilizando fondos públicos o privados —algunos en forma de préstamo.
“Se trata de identificar oportunidades para impulsar la economía local, escalar su potencial productivo y fomentar sinergias entre diversos actores incluyendo el sector financiero”, explica el embajador Roudié.
En todo caso, estas experiencias han dejado legado en Caquetá y otros puntos del país y han mostrado que lo que sigue es sostener y expandir esos procesos.
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