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Hay mucho debajo del tapete y, en apenas dos meses, dos hechos han ocupado la primera plana: el acoso sexual contra mujeres periodistas en los medios de comunicación y la foto de la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo). Una feria que debería ser expresión de democracia en el siglo XXI, pero que amenaza con regresarnos al siglo XIX o incluso a la Edad Media. ¿Por qué?
Sobre el acoso, diferentes organizaciones de la sociedad civil hemos realizado investigaciones, convocado a medios para hablar de comunicación con enfoque de género y de un periodismo sin violencias, además de trabajar en conjunto con la academia. Sin embargo, la valoración de estos temas es escasa y la respuesta predominante sigue siendo el silencio.
Celebramos que algunos medios busquen salidas, pero las medidas son puntuales, con recomendaciones que parecen recetas. Digamos que es un maquillaje frente a la profundidad y gravedad de las manifestaciones machistas —léase violentas—. ¿Lo resolverá un protocolo con paso uno, paso dos…? Hablemos de transformación, no de simple transmisión de conocimiento y reglas. Protocolo sí, pero vinculado a procesos con acompañamiento y seguimiento.
¿Allá llueve? Aquí no escampa. Si no la han visto, busquen la foto histórica de la apertura de la Filbo 2026: once varones y la ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani Fonrodona. Parece contradictorio que el más alto rango en esa imagen lo ostente una mujer.
¿Dónde están las escritoras, las editoras, las mujeres vinculadas a toda la cadena de producción y promoción del libro y la lectura? Las hay con reconocimiento internacional, nacional, regional y local; conocidas y menos conocidas. Y no repitan que “lo que no se nombra no existe”, porque ¡existimos! ¿Dónde estamos las mujeres? ¿Cuál es nuestra representación? Desde los albores de la humanidad contamos historias y, desde la colonia, escribimos.
Organizadores de la Filbo, Cámara Colombiana del Libro: ¿dónde están ellas? ¿Dónde estamos? No es un error ni un olvido, es el patriarca interior con permiso para salir a la fiesta de la exclusión. No hubo disfraces ni siquiera una actitud políticamente correcta: sencillamente quisieron borrar nuestra presencia, capacidad y brillo. Nos quieren de regreso a la casa, al convento, al huerto… Puede ser válido como opción personal, pero no como imposición.
Un comunicado de protesta firmado por 191 escritoras evidencia la vitalidad de la escritura de mujeres y su fuerza en el mundo editorial y cultural. Nos quieren fuera del espacio público. ¿Por qué se sienten amenazados?
¿Siguen pensando que las feministas somos unas viejas locas? Respetados señores: los convoco a sumarse a la ola de la igualdad en derechos, a relacionarnos desde la igualdad y la diferencia, la dignidad, el respeto y el reconocimiento. El patriarcado tiene en el centro la exclusión y la violencia; el feminismo, el humanismo.
Es cierto que nuestro pensamiento, nuestras acciones, nuestra manera de relacionarnos y amar nos han sido entregados en pequeñas dosis desde antes de nacer, en la escuela, a lo largo de la educación y en la vida laboral… todo con un sello: androcentrismo, exclusión, violencias contra las mujeres. Es decir, mujeres fuera de todo, sometidas y oprimidas.
Estaremos de acuerdo en que a las mujeres nada nos ha sido regalado. No es cierto que tengamos muchos derechos: la bolsa estaba vacía y la hemos ido llenando con luchas cada día, durante décadas. El país y el mundo necesitan hombres sensibles, conscientes y dispuestos a asumir los cambios.
Colombia tiene características feudales no solo porque más del 70% del área rural esté en manos del 5% de latifundistas (Instituto Geográfico Agustín Codazzi, 2023), sino también por un pensamiento arcaico anclado en el Estado, sus tres ramas, los gobiernos y la sociedad, con todas sus expresiones que contribuyen a la exclusión y a las muestras de poderío de un sexo sobre el otro. Un género dominante que planta bandera cada vez que siente que su reinado en los diferentes feudos peligra porque tiene grietas.
No queremos ser ni reinas ni cenicientas. Queremos una sociedad amable, un Estado social de derecho y respeto por los derechos adquiridos. Los derechos de las mujeres no están en debate. Nosotras estamos, participamos y contamos.
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