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Cuarenta años del asesinato de la primera víctima de la UP: un crimen sin verdad ni justicia

A Leonardo Posada Pedraza lo asesinaron 40 días después de convertirse en congresista de la UP. Fue la primera víctima del genocidio contra ese partido político. Hoy se cumplen 40 años del crimen y su familia reclama que no recibieron verdad y que la memoria se ha vuelto escurridiza con el tiempo.

Paulina Mesa Loaiza

30 de agosto de 2026 - 12:00 p. m.
A Leonardo Posada Pedraza lo asesinaron 40 días después de convertirse en congresista de la UP.

Fabiola León Posada tiene la memoria dividida en dos: una parte para la felicidad y otra para el dolor. Recuerda que su casa de infancia, en Ciudad Berna (Bogotá), siempre tenía las puertas abiertas para recibir a todo el que llegara. Cuenta que su tío, Leonardo Posada Pedraza, se reunía en la sala con todos sus amigos, que eran también líderes sociales. Comían, conversaban, escuchaban música y contaban chistes. “Eran reuniones llenas de alegría, canciones y risas que duraban días. Eso fue lo primero que desapareció”, dijo ella. Esos días de felicidad se quedaron alojados en un rincón de su cabeza al que cada tanto vuelve cuando siente que le duele lo que le hicieron a su familia el 30 de agosto de 1986, cuando mataron a Leonardo.

La imagen está tan intacta en sus recuerdos que hoy, 40 años después del crimen, Fabiola León recrea a la perfección lo que sucedió, al punto de que habla en presente, como si el homicidio de ese congresista de la Unión Patriótica (UP), el primero en llegar al Congreso por parte de esa colectividad, hubiera sido ayer. “Tengo grabado el día que lo matan. Es un sábado a las siete de la noche. Están dando Sábados Felices. Llaman a mi mamá para decirle que lo mataron. Mi abuelita me coge. Me dice: ‘Me lo mataron’”, narró haciendo pausas largas para tragarse el llanto que todavía, a sus 50 años, le ahoga la voz. “Los recuerdos siempre van de la época más feliz, al momento más triste, cuando lo matan”, agregó, después de regresar de ese viaje en bucle que se quedó en su mente y la de su familia.

Ese sábado de 1986, dos sicarios que iban en una moto Suzuki roja le dispararon seis veces a Leonardo Posada cuando volvía a su casa en Barrancabermeja (Santander). A pesar de que intentaron salvarlo en el hospital, él murió y se convirtió en la primera víctima de la UP. Después de su muerte, el país fue testigo de una avalancha de asesinatos que dejó más de 6.000 víctimas, según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Al dolor de ese recuerdo, Fabiola le agrega la impunidad. Dice que una de las cosas más fuertes para ella fue cuando la JEP, que documenta el caso del genocidio contra la UP, señaló que no había mucho más por hacer porque la mayoría de los llamados a responder estaban muertos y no había más investigaciones en curso.

“La justicia ordinaria no llegó a una condena para ninguno de los autores materiales e intelectuales y la JEP llegó a una encrucijada porque incluso se habla de alias “Vladimir”, como presunto responsable, pero nos dicen que por otro lado él ya cumplió su pena y no hay forma de volverlo a contactar. Los únicos autores que tenían opción de decir algo ya cumplieron condena y nos quedamos sin información. Es un caso que no tiene justicia ni tiene verdad”, explicó Fabiola. Esa instancia de paz calificó el ataque contra la UP como un genocidio e imputó como máximos responsables al mayor general (r) Iván Ramírez Quintero, al brigadier general (r) Rito Alejo del Río Rojas y a los tenientes coroneles (r) Jorge Luis Mejía Rosas, Eduardo León Figueroa Cifuentes y Manuel José Pérez Pérez.

Fabiola León y su familia también están a la espera de que se cumplan las medidas de reparación que ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), luego de que el 30 de enero de 2023 encontrara responsable al Estado colombiano por el exterminio de la UP y las múltiples violaciones a los derechos humanos. “Sabemos que hasta un punto el Ministerio de Cultura estaba haciendo unos documentales, pero las estrategias de reparación están embolatadas, se perdieron entre el gobierno Petro y la nueva administración. La acción estatal está debilitada, no hay compensación”, apuntó. El pasado 9 de noviembre de 2025, el expresidente Gustavo Petro presidió un acto de perdón público en Santa Marta.

Sin embargo, Reina Pedraza se murió esperando el perdón y la verdad sobre lo que le hicieron a su hijo. Fabiola recuerda que un día le preguntó a su abuela que si prefería la justicia o la verdad. Ella respondió que solo quería saber por qué lo mataron. Esa respuesta, según explica la familia Posada Pedraza, sigue siendo esquiva, al menos por parte del Estado. “En última instancia, se trata de un castigo por pensar diferente o por creer que exigir derechos nos pueden señalar. Incluso hoy, en 2026, defender los derechos humanos sigue siendo calificado como algo malo o perjudicial. Como si se tratara de un enemigo”, explicó Fabiola, al tiempo que aclara que Leonardo Posada tenía una labor estrictamente social.

“Leonardo había denunciado las violaciones a derechos humanos cometidas por paramilitares en Santander. También denunció la connivencia del paramilitarismo con el Ejército señalando directamente al militar Faruk Yanine Díaz. Además, en ese tiempo la gente no tenía alcantarillado, ni luz. Sus propuestas en Barrancabermeja tenían que ver precisamente con la reivindicación de servicios básicos. Lo que denunciaba era que no había agua potable y se violaban los derechos humanos. Por eso lo asesinaron”, agregó. Los hechos ocurrieron 40 días después de que la UP llegara al Congreso, tras los diálogos de paz que desarrolló el gobierno Belisario Betancur con las Farc 1985.

Cuarenta y ocho horas después del asesinato de Leonardo Posada, en circunstancias similares fue asesinado Pedro Nel Jiménez en Villavicencio, otro político elegido popularmente al Senado por la UP. La desconfianza que generaron esos dos asesinatos entre los militantes del partido fue tal que muchos decidieron volver al monte a empuñar las armas, como alias “Iván Márquez”, quien también había sido elegido representante a la Cámara; y unos más, como Ricardo Palmera, de sumarse a la insurgencia (hoy conocido como alias “Simón Trinidad”). La guerrilla de las Farc creció hasta volverse el enemigo número uno del Estado y luego, firmar un acuerdo de paz en 2016 para dejar de serlo.

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Sin embargo, hoy “Iván Márquez” sigue siendo el jefe de una disidencia de esta guerrilla. La falta de una respuesta concreta por parte del Estado y la ausencia de justicia ha provocado en la familia Posada Pedraza una suerte de desgaste profundo por tratar de sostener lo que queda de historia y de memoria. “Lo mínimo que se sabe de Leonardo corre el riesgo de desaparecer. Este legado puede agotarse con nosotros. Por eso, la reconstrucción de la memoria ha sido un esfuerzo. Ha sido nuestra propia gente la que mantiene vivo el recuerdo en un país indolente. El Estado prometió monumentos y reparaciones simbólicas que nunca se concretaron”, explicó Fabiola León.

Eso sí, la sobrina de este líder político tiene claro que, ante la ausencia, “nos quedan nuestros propios recuerdos”. Tanto ella como su familia recuerdan la historia de Leonardo Posada cada que les es posible, aunque eso signifique volver a pasar por el corazón los momentos de felicidad y de tristeza. Fabiola reconoce que a veces siente que se le olvidan detalles. También, confiesa que teme que llegue el día en que no quede nadie para recordar, que ya nadie cuente la historia de uno de los momentos más violentos de la historia en Colombia contra un partido político y entonces el asesinato de la primera víctima de la UP se convierta nada más que en un episodio familiar.

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Por Paulina Mesa Loaiza

Periodista de la Universidad de Antioquia e ilustradora. Ha escrito en prensa y portales digitales con especial interés en justicia, conflicto, memoria y paz. Actualmente es periodista de Colombia+20.@paulina_mesalpmesa@elespectador.com

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