Diez millones de personas. Es como si cada habitante de Bogotá —y dos millones más— hubiera sido golpeado por la violencia. Esa es la dimensión del conflicto armado en Colombia, que durante décadas ha sido despiadado y ha dejado al menos 10.216.759 víctimas, según los registros de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (Uariv), aunque podría existir un subregistro.
De ese universo, desde 1997 -señala la entidad- se han pagado 2.158.500 indemnizaciones individuales, que representan aproximadamente 21,1 %.
El hecho victimizante de la guerra que más ha afectado a los colombianos es el desplazamiento forzado. Han sido 9.102.924 de personas que han tenido que abandonar sus hogares, muchas veces sin nada en sus manos, por miedo a quedar sumidos en las disputas territoriales de los grupos armados ilegales. Para dimensionar ese número basta con imaginarse que todas esas víctimas llegan hasta el Estadio el Campín: se llenaría unas 250 veces.
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Los otros casos de violencia son homicidio (1.155.339); amenaza (845.466); desaparición forzada (208.438) y confinamiento (227.603). Este último ha empezado a adquirir más fuerza en los últimos meses.
Según la Defensoría del Pueblo entre enero y febrero de 2026, las cifras de confinamiento en el país ya triplicaban las de desplazamiento.
En ese periodo se registraron 22 eventos de desplazamiento que afectaron a 6.006 personas. En ese mismo tiempo, aunque se reportaron menos hechos de confinamiento (13), estos tuvieron un impacto mayor: limitaron la movilidad de 20.765 personas de todas las edades.
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“Esto evidencia que los grupos armados ilegales están optando por obligar al encierro en sus viviendas a las comunidades, en lugar de desalojarlas, para mantener el control territorial e impulsar sus economías ilegales”, se lee en un comunicado de la Defensoría.
Las poblaciones más afectadas
Aunque las cifras de hombres (5.080.436) y mujeres (5.128.561) son muy cercanas, los números muestran que las mujeres han sufrido más el rigor de la guerra. Además, 7.354 personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas han sido víctimas de la violencia.
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El impacto no ha llegado igual para todas las poblaciones. El pueblo afrocolombiano ha cargado sobre sus hombros una de las peores partes, con 1.300.634 víctimas que han visto cómo sus territorios y tradiciones culturales se deterioran bajo la violencia desmedida.
Es una degradación que también han tenido que enfrentar las comunidades indígenas, con 702.648 víctimas. Les siguen el pueblo raizal, con 11.506; el pueblo gitano Rrom, con 10.204; y el palenquero, con 8.487.
La guerra ha atravesado todas las edades y ha truncado millones de proyectos de vida. La mayor parte de las víctimas se concentra entre los 29 y 59 años, con 4.387.798 personas, seguida por 2.234.946 jóvenes entre los 18 y 28 años.
Pero su impacto empieza mucho antes: 1.715.015 niños, niñas y adolescentes han sido golpeados por el conflicto. Es una imagen que resulta desgarradora. Si todos los menores de edad que han sido víctimas del conflicto armados se subieran a buses escolares, se llenarían más de 40.000 de estos vehículos.
Y la violencia no cede con los años: 1.665.684 personas mayores de 60 años lo han padecido en la última etapa de sus vidas. Es una violencia que atraviesa generaciones enteras.
Hay tres regiones que han presenciado con más fuerza los estragos del conflicto armado: el Caribe, con 2.309.067 víctimas; el Pacífico, con 1.798.752; y Antioquia, con 1.503.962, territorios donde la guerra ha dejado huellas profundas en comunidades enteras.
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