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Elecciones 2026: Las votaciones de Cepeda y De La Espriella reviven la de plebiscito de 2016

Diez años después del plebiscito con el que se pretendía refrendar el Acuerdo de Paz de 2016, Colombia volvió a dibujar en las urnas un mapa electoral con las mismas fracturas. Mientras Cepeda se impuso en su mayoría en lugares históricamente golpeados por el conflicto, De la Espriella lo hizo en zonas urbanas donde caló su discurso centrado en la seguridad. Aunque la paz no es hoy el tema central, la votación en primera vuelta sugiere que la división del país sigue viva.

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Cindy A. Morales Castillo
02 de junio de 2026 - 03:00 p. m.
Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella irán a la segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella irán a la segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
Foto: Agencia EFE
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La primera vuelta presidencial de 2026 dejó una imagen difícil de ignorar: el mapa electoral que llevó a Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella a la segunda vuelta tiene muchas similitudes con el mapa que dividió al país durante el plebiscito por la paz de 2016.

La geografía política volvió a mostrar que mientras Cepeda obtuvo en su mayoría mejores resultados en departamentos históricamente afectados por el conflicto armado, la pobreza rural y la presencia de grupos armados, De la Espriella se impuso en buena parte de los centros urbanos, regiones más integradas a la economía nacional y territorios donde el rechazo al Acuerdo de Paz ya había sido significativo hace una década.

El parecido entre ambos mapas no es absoluto. Hay excepciones como Caquetá y algunos territorios de la Amazonía y la Orinoquía, pero, en todo caso, la tendencia general reabre una pregunta: ¿sigue Colombia votando sobre las mismas fracturas políticas que emergieron con el plebiscito?

Para Angélika Rettberg, decana de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, la sensación que dejó la jornada electoral remite directamente a la noche del 2 de octubre de 2016 cuando se celebró el plebiscito.

Siento al país como cuando ganó el ‘No’ en el plebiscito. Hay una sensación visceral de que el mismo grupo que votó ‘No’ hace diez años volvió a ganar”, explica a Colombia+20.

Más allá de la impresión inicial, Rettberg -quien hizo un estudio sobre el odio como discurso político, específicamente en el caso del plebiscito de 2016- considera que la elección muestra el regreso de una polarización que parecía haberse moderado durante buena parte de la última década.

“Después de un período de acercamientos y de una tendencia hacia posiciones más de centro, volvimos a una situación de polarización. Hubo temas sobre los que distintos sectores lograron encontrarse, como el manejo de la inflación, la política exterior o algunas prioridades económicas, pero problemas como la seguridad y la salud volvieron a abrir brechas que parecían menos profundas”, afirma a este diario.

Lo que muestra el mapa del plebiscito y el mapa de la primeva vuelta

La distribución territorial del voto ayuda a entender la fractura. Cepeda dominó en su mayoría en amplias zonas periféricas, especialmente en departamentos históricamente atravesados por el conflicto armado como Cauca, Chocó, Nariño y Sur de Bolívar, donde el Estado ha tenido una presencia más débil y donde los efectos de la guerra siguen siendo parte de la experiencia cotidiana.

De la Espriella, por su parte, construyó su ventaja en regiones urbanas y en territorios donde el discurso de orden y seguridad parece haber encontrado mayor receptividad.

Esa división no es nueva. Se parece, y mucho, al menos una de las grandes diferencias que se dieron durante el plebiscito cuando zonas que padecieron directamente el conflicto respaldaron mayoritariamente el acuerdo con las FARC, mientras que algunos de los territorios más alejados de la guerra tendieron a rechazarlo.

Evidentemente, la discusión actual ya no gira exclusivamente alrededor del Acuerdo de Paz de 2016. Casi 10 años después, el interés ciudadano por temas como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la memoria histórica, la reconciliación o la reincorporación de excombatientes parece haberse reducido frente a preocupaciones relacionadas, pero mucho más inmediatas como la seguridad, que ocupa un lugar central en el debate público y se convirtió en uno de los factores que ayudan a explicar el crecimiento electoral de De la Espriella.

“Las grandes divisiones hoy son alrededor de lo que la gente espera en términos de bienestar, tranquilidad y seguridad. Muchos ciudadanos sienten que no recibieron esas respuestas de un gobierno que puso buena parte de su agenda en esos temas. Hay personas que votaron por el cambio y terminaron frustradas, otras se cambiaron de bando y otras se oponen abiertamente a esa agenda. Eso ayuda a explicar el fenómeno de Abelardo”, señala la académica.

Para Rettberg, parte del crecimiento del campo político que en 2016 rechazó el Acuerdo de Paz tiene relación con la percepción de que los resultados de la implementación y, sobre todo, las negociaciones de la paz total del presidente Petro no han sido lo esperado.

“La paz totaal partía de un diagnóstico correcto y fue que para construir paz había que hablar con todos los grupos armados, pero no logró desarrollar una estrategia coherente para manejar simultáneamente procesos distintos”, explica.

Y agrega: “Estoy convencida de que la paz total contribuye a explicar parte de esta reacción. Las negociaciones con distintos grupos, los anuncios permanentes de avances que nunca terminaban de concretarse, los problemas dentro del propio gobierno y los cambios constantes de rumbo terminaron afectando la percepción ciudadana”.

Pero, para la académica, la preocupación por la seguridad va mucho más allá de los territorios donde persiste el conflicto armado. Incluye la expansión de la extorsión en las ciudades, la presencia de bandas criminales en barrios urbanos y una sensación generalizada de deterioro de la tranquilidad cotidiana.

“Hay una demanda enorme por seguridad. Y cuando hablo de seguridad no me refiero solamente al Cauca o al Catatumbo. Hablo también de la extorsión en las ciudades, de la inseguridad cotidiana, de la sensación de que la tranquilidad se ha deteriorado. Son fenómenos distintos, pero terminan confluyendo en una misma preocupación. El atractivo del modelo salvadoreño (del presidente Nayib Bukele, con quien constantemente se compara a De la Espriella) es precisamente la idea de que existen soluciones rápidas para problemas complejos. La idea de encarcelar masivamente a quienes generan inseguridad -y que aclaro que no sirve para nada- resulta muy atractiva para una parte importante de la población, incluso si implica tensiones con principios básicos del Estado de derecho”, afirma Rettberg.

A esa preocupación se suma la crisis del sistema de salud.

“La demanda por servicios de salud de calidad ha aumentado muchísimo. Más colombianos creen que tienen derecho a recibir atención especializada y medicamentos oportunamente. Pero esa expectativa choca con un sistema que tiene problemas de capacidad y financiación. Eso genera frustración y se convierte en una preocupación política muy poderosa”, añade.

“Fue una elección que adelantó la segunda vuelta”

Otro elemento que llama la atención de Rettberg es la magnitud de la polarización. La académica afirma que lo normal en las elecciones presidenciales es que la primera vuelta sirva para que distintas corrientes ideológicas midan fuerzas antes de que los votantes se decidan por su candidato favorito.

“Tengo la sensación de que la primera vuelta adelantó la segunda. Normalmente las candidaturas se prueban, se foguean y construyen alianzas para después. Esta vez buena parte del electorado se fue directamente hacia su opción definitiva”, dice.

Los resultados parecen respaldar esa lectura. Abelardo obtuvo cerca del 44 % de los votos y Cepeda alrededor del 41 %, dejando poco espacio para las candidaturas intermedias y configurando una segunda vuelta entre dos proyectos claramente diferenciados.

La fractura que vivió el país hace 10 años con el plebiscito puede no tener las mismas motivaciones que la de ahora, pero sigue siendo una clave para entender la política colombiana.

La paz ya no ocupa el centro exclusivo del debate nacional, pero los problemas que se han derivado de la falta de implementación del Acuerdo de Paz y, más actual, los lentos avances de la política de paz total del Gobierno Petro y los ataques en seguridad, parece que sí siguen moldeando la forma en que Colombia vota.

✉️ Si le interesan los temas de paz, conflicto y derechos humanos o tiene información que quiera compartirnos, puede escribirnos a: cmorales@elespectador.com, nortega@elespectador.com o aosorio@elespectador.com.

Cindy A. Morales Castillo

Por Cindy A. Morales Castillo

Periodista con posgrado en Estudios Internacionales. Actualmente es la editora de Colombia+20 de El Espectador y docente de Narrativas Digitales de la Universidad Javeriana.@cinmoralejacmorales@elespectador.com

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