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El control de la quebrada Munguidó amenaza con desatar guerra entre ELN y Mordisco en Chocó

La Defensoría del Pueblo ha venido advirtiendo sobre el ingreso de la disidencia Estado Mayor Central en el Litoral del San Juan, sin embargo, este lunes ya lanzó una alerta de inminencia por el choque de ambos grupos armados.

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Cindy A. Morales Castillo
31 de marzo de 2026 - 12:30 p. m.
La quebrada Munguidó, un puente estratégico que conecta la cuenca del río Calima con el río San Juan.   / Begi Valentina Rojas
La quebrada Munguidó, un puente estratégico que conecta la cuenca del río Calima con el río San Juan. / Begi Valentina Rojas
Foto: Begi Valentina Rojas Duarte
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El control de la quebrada Munguidó tiene a Chocó, especialmente, al municipio Litoral del San Juan, con la inminencia de una guerra entre la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la disidencia Estado Mayor Central (EMC) de “Iván Mordisco”.

El ELN ha sido históricamente el actor dominante en esa región, con un control territorial que durante años le permitió incluso realizar actividades ilícitas y hechos en contra de la población sin disputa. Sin embargo, la incursión progresiva del EMC, particularmente a través del frente Jaime Martínez, ha empezado a alterar ese equilibrio.

Desde hace al menos dos o tres años, esta estructura ha intentado expandirse desde el Pacífico vallecaucano —entre Buenaventura, Dagua y el Bajo Calima— hacia el sur del Chocó, siguiendo corredores estratégicos como el río San Juan.


En febrero de 2025, la Defensoría lanzó un primer llamado de atención sobre la reconfiguración de poder en esa región de Chocó, pero en las últimas semanas la inminencia de la entrada del EMC ha hecho que otras autoridades hayan vuelto a dar la alarma.

El pasado 21 de marzo, en pleno paro armado del ELN, la gobernadora de Chocó, Nubia Córdoba, aseguró que el conflicto no solo se estaba extendiendo, sino que un tercer actor estaba entrando a la contienda.

“El permanente acecho del residual o las disidencias de las FARC, que está tratando de ingresar al departamento del Chocó justamente por esta zona sur, genera para nosotros una alerta, pero además también de manera permanente la idea de que pudieran ingresar, de que ya lo han intentado antes por la zona del San Juan, y tenemos que proteger de mejor manera esta zona del departamento, para efectos de no agudizar la crisis humanitaria del Chocó”, dijo entonces la Gobernadora.

Este lunes, ese llamado se hizo aún más urgente con la Alerta Temprana de Inminencia que publicó la Defensoría del Pueblo en la que afirmaba sobre “la alta probabilidad del inicio de confrontaciones bélicas entre el Frente de Guerra Occidental Che Guevara (del ELN) y el Frente Jaime Martínez (del Bloque Occidental Jacobo Arenas) del EMC”.

En contexto: Defensoría emite alerta por posibles enfrentamientos de Eln y disidencias en Chocó

De acuerdo con la Defensoría, las confrontaciones se dan por el interés de ambos grupos por el control de la quebrada Munguidó, un puente estratégico que conecta la cuenca del río Calima con el río San Juan. “Este territorio constituye una ‘llave’ para el dominio de rutas del narcotráfico hacia el océano Pacífico, así como para la minería ilegal y la extracción de madera”, dice la alerta.


Según la entidad, en los primeros meses de este año la violencia se recrudeció con el homicidio de un joven y la desaparición de otros dos en esa quebrada. “Esta situación provocó el confinamiento forzado de 1.367 personas (465 familias) de comunidades negras e indígenas, que tienen prohibida la movilidad por los ríos”, dice la Defensoría.


En territorios como el San Juan, los ríos y sus afluentes son las verdaderas carreteras y por eso controlarlos significa decidir quién entra, quién sale, qué mercancías circulan y bajo qué condiciones lo hacen.

Incluso una quebrada como la Munguidó—aparentemente menor— es un punto clave entre veredas, un paso obligado para el transporte de insumos o una ruta de escape en medio de operaciones militares. De hecho, ese paso conecta con el Bajo Calima y más abajo con Buenaventura.

“El frente Jaime Martínez, desde hace dos o tres años, se ha venido subiendo desde el río Naya, pasando por Buenaventura y Dagua, tratando de llegar al San Juan y al sur del Chocó”, explica Kyle Johnson, investigador de Conflict Responses.


Ese movimiento responde a una lógica estratégica para lograr conectar corredores del Pacífico vallecaucano con rutas en Chocó, especialmente para economías ilegales como el narcotráfico y el tráfico de armas. Sin embargo, el avance ha sido parcial.

“No han podido lograr entrar con estabilidad al Chocó”, advierte Johnson. Aunque han consolidado presencia en zonas como Bajo Calima y Dagua, el ingreso al San Juan se ha encontrado con resistencia del ELN, que aún mantiene estructuras y redes en el territorio.


Pero esta nueva disputa también se explica por un cambio en el equilibrio de fuerzas. Aunque el ELN sigue siendo un actor fuerte en la región, su dominio ya no es el de antes. “El ELN sigue siendo fuerte, pero esa fortaleza es cada vez más débil”, advierte Johnson, quien atribuye ese desgaste a la presión sostenida de otros actores armados, especialmente el Clan del Golfo, que en la última década ha avanzado sobre varias zonas del Chocó.

Para Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), la expansión del EMC responde tanto a una lógica militar como organizativa. “Es básicamente como hacen todos los grupos: con locales y reclutamiento. Empiezan a reclutar niños, niñas y población en las zonas. Hoy en día es relativamente sencillo expandir un grupo armado”, señala.

Sobre la posible existencia de acuerdo de relevo entre el Clan del Golfo y la disidencia de Mordisco —como lo afirma la Defensoría—, Bonilla no lo descarta: “Puede ser que hayan hecho un acuerdo o que el ELN no esté tan fuerte como se cree y ellos sientan que tienen la capacidad de disputarle la zona”.


En eso concuerda Johnson. “Un acuerdo de relevo lo veo difícil. Las AGC han puesto mucho esfuerzo en tratar de tomarse la zona, entonces un relevo así es raro. Puede haber algo más como un pacto de no agresión. No hemos visto enfrentamientos entre el EMC y el Clan del Golfo en esa zona, y eso ya dice algo. Para hablar de una alianza más clara, uno esperaría ver acciones conjuntas contra el ELN, y eso no lo estamos viendo”, afirma.

El otro factor no solo del recrudecimiento de la guerra en Chocó, sino en el país, es la vieja estrategia de los grupos armados de tratar de expandirse y consolidar control en medio de la incertidumbre sobre quién llegará al poder y cuál será la política de paz y seguridad.

“Pero obviamente todos los grupos tratan de ponerse en la mejor posición cuando viene un cambio que puede afectarlos”, dice Bonilla.

En regiones como el San Juan, esa lógica hace que no solo haya una presión simultánea de varios actores, sino a una carrera por posicionarse frente a lo que venga.

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Cindy A. Morales Castillo

Por Cindy A. Morales Castillo

Periodista con posgrado en Estudios Internacionales. Actualmente es la editora de Colombia+20 de El Espectador y docente de Narrativas Digitales de la Universidad Javeriana.@cinmoralejacmorales@elespectador.com

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