2 Dec 2021 - 6:00 p. m.

“Los proyectos tripartitos son una clave para fortalecer los sentimientos de paz”

Alexander Lozano, gerente de Programas de Campo de Colombia Transforma - USAID, explica los lineamientos y alcances de los proyectos tripartitos en los que su organización, ha participado para construir paz, mediante obras con alcaldías y comunidades, en municipios afectados por el conflicto armado. Catatumbo fue la subregión piloto para la ejecución de estas alianzas, que esperan tener un alcance nacional a la mayor brevedad posible.
El puente peatonal en el corregimiento de Las Mercedes (Sardinata) es uno de los proyectos tripartitos dentro del PDET en los que intervino Colombia Transforma / USAID.
El puente peatonal en el corregimiento de Las Mercedes (Sardinata) es uno de los proyectos tripartitos dentro del PDET en los que intervino Colombia Transforma / USAID.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

¿De qué manera la consolidación de un proyecto tripartito para la ejecución de obras puede aportar a la construcción de paz en Colombia?

Este modelo significa, muchas veces, la primera entrada estatal y de privados a distintos territorios afectados por la guerra, más allá de pies de fuerza militares. El hecho de unir esfuerzos entre entidades como la nuestra, con las administraciones locales y las comunidades, hace que se cree un mecanismo para facilitar la materialización de ideas en zonas lastimosamente marginadas. Me explico: en un primer momento, el modelo colaborativo entró como un trazo documentado en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) y eso nos llevó a que trabajáramos y nos enfocáramos en lugares emblemáticos y estratégicos que necesitaran de sobremanera obras tangibles, como la subregión del Catatumbo. En ese sentido, llegando a estos lugares y acercándonos a la gente mandamos el mensaje de que no están solos y que los modelos de desarrollo no los deben ver como algo lejano; ellos forjan sentido de propiedad y cada proyecto que se haga tiene la impronta de las familias que se beneficiarán.

Teniendo en cuenta la situación delicada de orden público en sitios como el Catatumbo, ¿cuáles han sido los mayores retos para implementar esta clase de obras?

No es un secreto que hay lugares en los que, pese al Acuerdo de Paz y sus múltiples virtudes, persisten formas de conflicto que históricamente han estado presentes. Hablo de zonas en las que hay un fuerte control de estructuras armadas, dinámicas de cultivos ilícitos como algo normalizado y un alcance estatal bajo. El rol del modelo colaborativo debe ser el de mostrarse como una lógica de apoyo y allí está el quid del asunto para superar las barreras de inseguridad. Es decir, los mayores desafíos están en que los territorios vean con buenos ojos la entrada institucional y así haya una apertura para intervenir los municipios en los que se tengan programas y proyectos. La percepción de las comunidades sobre sus autoridades y la cooperación internacional es lo que al final del día nos facilita muchas tareas.

¿Y a nivel administrativo?

El tema de mejoramiento de capacidades debe ser trabajado. Por la pandemia hay muchas alcaldías que cuentan con recursos muy limitados. No siempre es fácil conseguir mano de obra calificada y a veces aunque haya buena voluntad, la falta de dinero frena muchas ilusiones. En Catatumbo ese no fue el caso, tampoco se puede decir que fue fácil, pero todos los cronogramas se cumplieron y los alcaldes involucrados gestionaron de buena forma los dineros asignados.

¿Cómo le explicaría a alguien que no conoce este tipo de iniciativas la forma en la que los proyectos surgidos de acuerdos tripartitos en el Catatumbo le pueden servir de referencia a otras zonas del país en los que los modelos colaborativos apremien?

En Tibú, Sardinata y El Tarra se hicieron placa huellas y puentes peatonales de carga media, qué más allá de lo que representan en aspectos de ingeniería, son pruebas reales de lo que la unión puede hacer. Partiendo de este valor, lo que se busca es que experiencias como las del Catatumbo queden en el radar para que los convenios solidarios de este tipo calen hasta otras gobernaciones. Este fue un proyecto piloto y la lección que debe quedar es que las capacidades institucionales son importantes, pero no son todo. La gente de las comunidades tiene todas las capacidades para aprender a ejecutar obras que tengan un impacto regional. Evidentemente para ello debe haber una mano de obra calificada que acompañe y guíe, pero el desarrollo regional también debe venir desde abajo y por eso la gente debe hablar más de estas formas transparentes de construir sueños. Seguro con esos pasos vendrán más y mejores proyectos en torno a la paz.

¿Considera que el éxito o fracaso en este tipo de convenios depende de cuestiones de voluntad política?

Más que voluntad política, diría que el éxito administrativo de estos convenios depende en buena parte de la optimización en el manejo de tiempos, el mejor manejo de recursos para apalancar dineros en favor de la comunidad y un diálogo constante con la Agencia para la Renovación del Territorio, en aras de armonizar objetivos y que los proyectos PDET siempre lleguen a buen puerto.

¿Cuáles son las tareas que debe cumplir el Gobierno Nacional para fortalecer los proyectos con vocación colaborativa de este tipo?

En este punto, a cinco años de la firma del Acuerdo, considero que las tareas de difusión por parte del gobierno son fundamentales. Ellos deben mostrar mucho más cómo esto es un aporte real para la consolidación de una paz estable. Si se toma esto en consideración, no me cabe duda de que la cooperación internacional será mayor y para los privados será mucho más atractivo formar alianzas que terminen en acuerdos tripartitos. Insisto en que es clave seguir abriendo puertas porque estamos hablando de obras que benefician a pueblos que no han visto estándares de desarrollo por los rezagos de la guerra.

¿Cuáles fueron los mayores aprendizajes que las comunidades les han dejado después de la ejecución de estas obras?

Desde el primer día, las Juntas de Acción Comunal nos demostraron que son capaces de asumir cualquier esfuerzo con tal de ver progresar a sus comunidades. Son valientes, saben distribuir cargas y se asimilan como promotores de desarrollo. Muchos de ellos han vivido terrores que desde las ciudades ni nos alcanzamos a imaginar y eso nunca acabó con su espíritu. Ellos son lo primero y la meta final para consolidar la paz, entonces sus ganas de salir adelante siempre son la inspiración para querer hacer las cosas bien. Los alcaldes se dieron cuenta de eso, al igual que nosotros, y aunque los proyectos sean de baja o mediana complejidad, el empuje y la templanza para sacar todo adelante es la misma. Por eso, estos proyectos siempre quieren fortalecer los sentimientos de paz de la gente.

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