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Freiman Velásquez, el líder juvenil que dedicó su vida al Catatumbo y que el ELN asesinó

A sus 29 años, Freiman se había convertido en una de las voces más echadas dentro de los jóvenes de esa región del país. Estaba casado, tenía un hijo de tres años y una larga trayectoria dentro de Asuncat y en los procesos comunitarios del Catatumbo, una zona donde se agudiza la guerra y la crisis humanitaria. Esta es parte de su historia.

Cindy A. Morales Castillo

24 de mayo de 2026 - 02:30 p. m.
Gran parte de su trabajo era con los miembros de Jovencat, la plataforma juvenil de la Asuncat en la que participan chicos entre los 14 y los 29 años, a quienes se les enseña, entre otras cosas, a cuidar su territorio.
Foto: Redes sociales y Defensoría

A Freiman David Velásquez la guerra ya lo había alcanzado varias veces. Una de ellas ocurrió en enero de 2025, cuando la escalada armada en el Catatumbo -provocada por el ataque del ELN y luego por los enfrentamientos de esa guerrilla con el Frente 33 de la disidencia Estado Mayor de los Bloques y Frente (EMBF)- obligó a miles de personas a huir, esconderse o encerrarse en sus casas. Freiman fue una de ellas.

Caminó durante dos días entre el monte para sobrevivir. Se ocultó junto a otro líder social que, como él, hacía parte de la Asociación Unidad Campesina del Catatumbo (Asuncat), mientras el conflicto avanzaba sobre las veredas y dejaba muertos, desplazamientos y comunidades enteras confinadas.

Ese día varios líderes sociales murieron. Freiman sobrevivió entonces y siguió trabajando por su territorio. Pero la violencia volvió a alcanzarlo el pasado 19 de mayo y esta vez no se salvó. Fue asesinado en Ábrego, Norte de Santander, junto a Iván Stiven Camacho Castillo, Mayerlis Yoselín Hernández Ramírez y Yidy Smith Velásquez Benítez. También murieron dos escoltas de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

El hecho, calificado como una masacre, fue atribuido al ELN, guerrilla que este sábado reconoció su responsabilidad. En un extenso comunicado, esa guerrilla aseguró que el vehículo en el que se movilizaban las víctimas habría evadido uno de sus controles ilegales y que por eso se produjo “un intercambio de disparos”.

Freiman tenía 29 años, estaba casado y tenía un hijo pequeño, de apenas tres años. Desde hacía meses vivía entre desplazamientos, amenazas y viajes obligados por la situación de seguridad en la región.

“Él se vivía moviendo para una parte y para la otra, en el cumplimiento de las tareas del proceso”, recordó Pablo Antonio Téllez Carrascal, representante legal de Asuncat. “Era un muchacho muy comprometido”, le dijo a Colombia+20.

En contexto: Catatumbo, un año de la guerra que Colombia no logra detener

Su vida estuvo atravesada por el liderazgo campesino en una de las regiones más violentas del país. En el Catatumbo era conocido por coordinar el trabajo juvenil dentro de Asuncat. Ayudó a crear Jovencat, la plataforma de jóvenes de la organización, y desde ahí impulsaba reuniones comunitarias, jornadas ambientales y procesos de formación campesina.

Gran parte de su trabajo, como el casi todas las personas que hacen parte de Jovencat -chicos entre los 14 y los 29 años-, era sembrar árboles, limpiar caños, defender las fuentes de agua y, claro, hablar con jóvenes de veredas apartadas sobre el territorio, la organización comunitaria y la necesidad de cuidar la región.

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“Él era un líder innato. La gente lo escuchaba muy atento, él hacía muchos puentes, traía muchos chicos”, señaló Téllez .

También promovía discusiones sobre sustitución de cultivos de uso ilícito, proyectos campesinos y formas de organización comunitaria en una región donde históricamente los grupos armados han impuesto control sobre buena parte de la vida cotidiana.

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Freiman también integraba la junta directiva de la organización campesina, hacía parte de la junta municipal de la Unión Patriótica en Teorama, de la mesa municipal de víctimas, del comité de reforma agraria y de los espacios comunitarios ligados a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Además, era presidente del Consejo Departamental de Juventudes y vocero de la Zona de Reserva Campesina Paz y Unión.

En uno de los comunicados publicados tras su asesinato, Asuncat insistió en una idea que repiten sus compañeros: “No era un delincuente, era un gran líder”, dijo el comunicado. Y Téllez agregó: “Era un muchacho muy activo (…) Siempre estaba pendiente del teléfono, respondiendo preguntas, organizando reuniones”.

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También afirmó que Freiman tenía una capacidad poco común para cuestionar lo que consideraba injusto o incoherente, incluso en escenarios institucionales. “Era una persona muy crítica. Él entendía cuando algo estaba bien o estaba mal y, si veía algo incorrecto, inmediatamente lo decía”, afirmó. “Los muchachos lo escuchaban mucho”, dijo el representante.

“Le dijeron que no volviera al Catatumbo”

Pero como ocurre con muchos líderes sociales en Colombia, ese trabajo comunitario también se tradujo en amenazas e intimidaciones.

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Según Asuncat, en enero de este año hombres armados interceptaron a Freiman y a sus escoltas cuando se desplazaban entre Tibú y Cúcuta. Los retuvieron, les quitaron armas y teléfonos y, según el relato de la organización, le advirtieron que no volviera a la región.

“Le dijeron que no lo querían ver más en el Catatumbo y que si volvía iba a tener consecuencias”, contó Téllez.

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Después de eso salió desplazado junto a su familia. Él siguió moviéndose entre reuniones y actividades organizativas y contaba con algunas medidas de protección de la UNP y un esquema de seguridad que, según Asuncat, no era suficiente para el nivel de riesgo que enfrentaba.

“A él le tocó salir huyendo (...) A su compañera y el niño tuvieron que irse para Cúcuta por toda la persecución”, aseguró el representante legal de Asuncat.

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Freiman tenía un carro blindado asignado por la UNP, pero para Asuncat las medidas nunca fueron suficientes. “Ese carro no soportaba disparos de fusil. Por eso fue que pudieron dispararle con ese terrible desenlace”, señaló Téllez.

Aun así, Freiman seguía regresando al Catatumbo. Seguía participando en reuniones, recorriendo municipios y acompañando procesos juveniles y campesinos, pese a las amenazas y pese a que —según Asuncat— ya había tenido que salir varias veces de algunas zonas por razones de seguridad.

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La Asociación campesina a la que perteneció Freiman por años lo resume de una manera desgarradora. En el comunicado tras la muerte de Freiman dijo que esto no era ni más ni menos que “un aniquilamiento sistemático” contra su organización. La asociación sostiene que durante meses denunció amenazas, persecuciones y hechos violentos ante instituciones del Estado y organismos de derechos humanos, sin que las medidas adoptadas lograran frenar la situación.

“Nos están matando”, titularon en uno de los pronunciamientos publicados después de la masacre.

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Para la organización, lo ocurrido revive los peores años de violencia que sufrió el Catatumbo entre finales de los años 90 y comienzos de los 2000, cuando la región quedó atrapada entre guerrillas, paramilitares y fuerza pública.

La muerte de Freiman golpeó especialmente a los jóvenes del Catatumbo que participaban en Jovencat. Téllez asegura que muchos lo seguían porque representaba una idea distinta de liderazgo en una región históricamente atravesada por la guerra y una apuesta pata la organización comunitaria, la defensa ambiental y la apuesta por permanecer en el territorio sin armas.

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“Fue un golpe muy duro”, dice. “Muchos muchachos lo querían, lo escuchaban y seguían sus orientaciones. Esto genera indignación y genera rabia (…) Uno queda sin argumentos para decirle a los jóvenes que sí vale la pena creer en la paz”, dijo Téllez.

Tras el crimen, la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, lanzó también un mensaje directo a los grupos armados.

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No queremos ver más publicaciones de los grupos armados en el Catatumbo y en todo el país haciendo discursos y anuncios de paz. No les creeremos a sus palabras mientras que sus hechos sean de dolor y dejen más desolación en el Catatumbo y en Colombia”, indicó la Defensora.

En uno de los homenajes publicados tras su asesinato, Asuncat escribió una frase que resume cómo quieren recordarlo: “No mataron a un hombre: encendieron una causa. Porque los líderes como él no se entierran, se siembran”.

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✉️ Si le interesan los temas de paz, conflicto y derechos humanos o tiene información que quiera compartirnos, puede escribirnos a: cmorales@elespectador.com; nortega@elespectador.com o aosorio@elespectador.com.

Por Cindy A. Morales Castillo

Periodista con posgrado en Estudios Internacionales. Actualmente es la editora de Colombia+20 de El Espectador y docente de Narrativas Digitales de la Universidad Javeriana.@cinmoralejacmorales@elespectador.com

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