Colombia + 20

24 Nov 2022 - 8:13 p. m.

“En El Salvador olvidaron la paz, que no pase lo mismo acá”: Alba Marisol Galindo

Alba Marisol Galindo, firmante de paz del extinto Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, habla sobre algunas lecciones aprendidas por ese país que realizó un acuerdo de paz con esa guerrilla.
Camilo Pardo Quintero

Camilo Pardo Quintero

Periodista Proyectos especiales
Alba Galindo firmó la paz con el Estado salvadoreño en enero de 1992.
Alba Galindo firmó la paz con el Estado salvadoreño en enero de 1992.
Foto: Camilo Pardo Quintero

El 16 de enero de 2023 se cumplirán 31 años de la firma del Acuerdo de Paz que la extinta guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) pactó con el Estado salvadoreño en el Castillo de Chapultepec, ubicado en Ciudad de México.

En ese acuerdo de paz, hubo un especial énfasis en las políticas de seguridad nacional. Esos puntos están inscritos en el quinto capítulo del tratado y después de mucho tiempo, con análisis completos sobre lo que funcionó y lo que no para que se pacificara este país centroamericano, una de sus protagonistas dialogó con este diario, para abordar lecciones entre la transición a la paz en El Salvador y en nuestro país, hoy cuando se cumplen seis años de la firma en el Teatro Colón.

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Alba Marisol Galindo fue guerrillera en el conflicto civil de El Salvador (1980-1992) y estuvo presente en Colombia en el marco de la Conferencia Internacional de Experiencias de Reincorporación. Habló con Colombia+20 desde Manaure (Cesar) sobre las experiencias de paz que unen a nuestro país con lo que sucedió en El Salvador hace poco más de treinta años. Ahora, ella está en una lucha para mostrar que el estatus de veterano de guerra no es solo para militares, sino que puede expandirse el término a otros actores dentro de un conflicto armado.

Después de tres décadas de firmar la paz con el Estado salvadoreño, ¿qué balance le merece el proceso de reincorporación que tuvieron los ex guerrilleros del FMLN?

Tuvimos cosas buenas y otras varias para lamentar. En cuanto a seguridad, la vida se nos respetó. No nos estigmatizaron tanto como lo hacen acá con los que fueron guerrilleros de las Farc y apenas hubo un par de asesinatos a personas que militaron durante la guerra en el FMLN. Nuestro Acuerdo de Paz centró muchos esfuerzos en reformar el sector de seguridad nacional, lo que implicó reducir el ejército y crear la Policía Nacional Civil, entidad a la que entraron varios guerrilleros por cuotas acordadas el tratado de paz. Es decir, con eso se mandó el mensaje simbólico de que miembros de un grupo denominado como subversivo también podían velar por el cuidado de todo un país. Muestra de la importancia de las segundas oportunidades.

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También debo reconocer que nos permitieron acceso a proyectos productivos, pero ahí comenzó lo malo, porque en un mercado voraz no tuvimos muchas alternativas ni impulsos del Estado para salir adelante… y no, no son reclamos infundados como lo cree la clase política del país. Todo lo contrario, al no impulsar nuestros proyectos como tocaba no atendieron una política de atención especial, como debe ser lo asociado a la reincorporación. Lamento que nada tuvo enfoque de género para nuestra vuelta a la vida civil y que muchas iniciativas se comenzaron a olvidar luego de seis años de lo firmado en Chapultepec.

¿Cómo explica la paradoja de ser olvidados en los proyectos de reincorporación, pero al tiempo ser exitosos en la política electoral? El FMLN ha puesto dos presidentes y patearon el tablero político de la hegemonía que tuvo la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

A veces es difícil de explicar, pero todo eso se liga a nuestras bases. Comenzamos como un movimiento popular que representaba organizaciones campesinas y asociaciones de personas que trabajaban en los mercados. Quisimos una guerra corta que no se dio y nos duró 12 años, pero lo que vimos al firmar el Acuerdo de Paz fue la gran acogida de la gente al movimiento revolucionario popular, porque quisimos construir democracia. El producto fue ser ganadores en el campo legislativo y también poner dos presidentes consecutivos. Y, ojo, el FMLN político siempre tuvo valores diferentes al FMLN revolucionario y por eso no se cumplieron muchas expectativas, incluyendo temas que tenían que ver con las garantías para quienes en su momento estuvieron en la guerra, para los que hoy luchamos como veteranos de guerra.

Comparar contextos sería odioso, pero vaya realidad diferente a la de los ex guerrilleros de las Farc que ahora participan en Colombia. Si no fuera por lo pactado en La Habana no lograrían curules porque sus votos no alcanzan umbrales electorales…

Es cierto, pero todo es con paciencia. Nuestro primer presidente del FMLN, Mauricio Funes, llegó al poder en 2009. ¡Casi 20 años después de la firma del acuerdo! Las izquierdas somos muy buenas para dividirnos, eso nos pasó allá, pasa acá y en todo lado. Si mantienen una línea coherente, no se olvidan de las luchas sociales y si muestran respeto por el país, ¿por qué no podrían tener un desenlace similar o mejor?

El Acuerdo de Paz con las Farc está cumpliendo seis años con un partido político formado por los firmantes de paz que está fracturado y cada día parece más inviable que puedan conseguir unión con miras a elecciones venideras. ¿Dentro de los aprendizajes que usted tuvo en El Salvador, qué les recomendaría para que no muera el Partido Comunes?

En mi país dijimos por mucho tiempo que la guerra es una forma de hacer política, pero no olvidemos que la política fue y es una forma de hacer la guerra. Si están fragmentados desde adentro, difícilmente tendrán una cura, por eso olviden las lógicas violentas desde los pensamientos, los deseos o incluso rencores que puedan tener. Si van a hacer política, háganla tranquilos, exigiendo garantías, pero dejando todo por la ciudadanía.

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Al igual que El Salvador en su momento, Colombia está teniendo un posconflicto violento. En el caso de ustedes, la llegada de pandillas transnacionales y aquí perviven diferentes actores armados. Hay quienes dicen que situaciones así son fracasos dentro de los procesos de paz, ¿cómo lo considera usted?

Llamarlo fracaso por eso, no. Y sería errado y egoísta con la complejidad de un tratado de paz. Son contextos sociales que nuestras naciones tienen atravesadas desde hace años, incluso previo a las guerras. Debo reconocer que no soy experta en las profundidades del Acuerdo de Paz de Colombia, pero si puedo asociar algunos contrastes, similitudes y lecciones entre ambos casos. Es necesario decir que las pandillas que llegaron y se lograron posicionar no tienen nada que ver con movimientos de izquierda, pero sí son producto de la desintegración que produjo la guerra en El Salvador. La violencia de ellos fue un efecto concreto y colateral de muchas heridas que no se sanaron tras el final de la guerra.

En Colombia el problema de violencia en el posconflicto es más agudo, porque como acá las guerrillas no se unificaron, quedaron otras activas después de las Farc, que también se han enemistado con otros grupos armados distintos. Así dejan el mapa casi igual de complejo que en sus años de conflicto armado. Igual creo que se ha aprendido, la paz latinoamericana parece cada día más viable.

Acá es reciente una política gubernamental llamada “Paz Total” para negociar o someter a la justicia actores armados al margen de la ley que se mantienen en los territorios. ¿En El Salvador intentaron algo similar tras el fin de la guerra con el FMLN?

El Gobierno de Mauricio Funes fue el primero y el único que quiso permitir acciones de mediación con las pandillas. Tuvo el apoyo de la comunidad internacional por medio de la OEA y otros países, pero al interior del país eso no fue nada popular por tanto daño que las pandillas han hecho, por las cosas tan tremendas que han sucedido a causa de su guerra en las ciudades.

Entonces al final no pasó nada. Nuestros gobernantes tomaron una postura de gallo gallina (expresión salvadoreña para decir que no se fija posición alguna) y creo que acá el presidente Petro ha sido valiente. Quiere sentar grupos armados, sacarlos de la violencia y llevarlos a dialogar o frente a la justicia; creo que es riguroso y es algo rescatable para países que quieran hacer eso a futuro.

¿Qué es lo que más lamenta de su proceso de reincorporación?

Regreso a puntos anteriores e insisto que me duele que después de seis, siete años de haber firmado el Acuerdo de Paz olvidaron la paz. No hagan lo mismo aquí. Desde hace poco nos prestan cuidado con nuestra lucha de también ser llamados veteranos de guerra; porque una guerra no es de buenos contra malos, es algo que todos sufrimos. Los años nos absorbieron y no quiero que ni en Colombia ni en otras partes pase lo mismo.

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Para las personas que después de seis años siguen oponiéndose a lo que se pactó en La Habana con las Farc, usted les diría que ¿la paz para qué?

Pueden dudar, están en su derecho. Pero la paz siempre para todo, especialmente para la dignidad.

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