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“El Cañonazo”, la historia misma del Carnaval

Los Altamar López fundaron una cumbiamba, en 1948, que hoy es líder de la tradición. En medio del caos que se vive antes de bailar en la Batalla de Flores, nos hablaron de la forma en que cuatro generaciones velan por perpetuar el legado.

Linda Rueda De la Hoz

11 de febrero de 2018 - 08:53 p. m.
"Tronco e' ritmo sabroso", expresó 'Chucho' Rendón, asegurando que los cuatro kilómetros de recorrido en la Vía 40 no se sienten cuando de cumbia se trata. / Linda Rueda De la Hoz - El Espectador
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Una casa naranja, entre las casas de colores que hacen parte de Barrio Abajo, tiene en su nomenclatura las palabras “El Cañonazo”. Y, aunque allí no venden cañones, desde noviembre retumban los tambores anunciando que se acerca la hora de salir a la batalla. Sí, a la Batalla de Flores del Carnaval de Barranquilla. Antes de salir al desfile que se realizó el sábado pasado, los Altamar hablaron con El Espectador.

A las 9:30 de la mañana, la tensión llena la cuadra donde viven los Altamar, se escuchan órdenes por doquier y se ve el movimiento de las personas que preparan todo para el gran día. En la casa reina un desorden ordenado, faldas por aquí, tocados por allá y un rincón con buenas condiciones de luz dispuesto para peinar a las cumbiamberas.

Rafael Altamar, director de “El Cañonazo”, como se llama la cumbiamba, camina de la cocina a la calle y de vuelta a la cocina, pues ya llegó un camión que partirá primero al cumbiódromo de la Vía 40 para llevar las municiones: hielo, agua, ron, cerveza y gaseosa. Eso es todo lo que necesitan para recorrer cuatro kilómetros a ritmo de cumbia.

Mientras tanto, su nieta, Nuribeth Altamar y Denis Pájaro, su mamá, se van a la habitación para ultimar detalles antes de su salida al desfile. “Este año estaremos en el bloque real que encabeza la señorita Atlántico. Normalmente, encabezamos el bloque de tradición, pero por petición de los organizadores cambiamos de puesto”, explican.

"El Cañonazo" es Carnaval

La cumbiamba “El Cañonazo”, que en 1948 fundaron Luis Alberto Altamar y Natividad López, con otro nombre, es una joya de Barranquilla. Ganó tantos Congos de Oro (Máximo reconocimiento del Carnaval), que desde hace unos años están fuera de concurso y participan como “Líderes de Tradición”. “Un reconocimiento al trabajo que nuestra familia ha hecho. Conservamos la cumbia tradicional, esa que se bailaba hace años, diferente a la que ahora es estilizada, con coreografías y mujeres que van tesas”, detalló Nuribeth, la bisnieta del fundador y quien a sus 23 años se encarga de la coordinación artística de la cumbiamba.

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Es que “El Cañonazo” es un legado que llevan en la sangre y que luchan por mantener. “Crecí en medio de esto, toda mi familia está en modo Carnaval desde noviembre, mis papás se conocieron en la cumbiamba, se casaron y nos tuvieron. Y ahora, míranos aquí”, dice Nuribeth con voz segura de que no había forma de ser Altamar y no ser cumbiambera.

Es más, acaba de nacer la primera niña de la quinta generación de los Altamar, la tataranieta de Luis Alberto, y ya la imaginan con un traje de cumbiamberita el otro año. “Es que uno tiene que darle a la cumbiamba, porque algún día la va a heredar y hay que seguir la tradición”, expresó Joshua Altamar, de 15 años, quien era el menor de la familia.

Lo mismo sucede con el resto de los miembros de la cumbiamba que no son Altamar, pero que llegaron siendo niños, hijos de quienes ya bailaban en “El Cañonazo”, y quienes ahora son padres de aquellos que bailan en “Semillitas del Cañonazo”, el grupo infantil.

Así, la historia de “El Cañonazo”, un patrimonio que se ha heredado y que, con los años no se agota, sino que crece, es la misma historia del Carnaval de Barranquilla.

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La Batalla de Flores

A las 2:00 de la tarde, Nuribeth, su papá Ivanov y su abuelo Rafael Altamar llevaban una sonrisa de oreja a oreja, mientras bailaban al ritmo de la cumbia a lo largo de la Vía 40. Y con ellos, las 60 parejas que conforman la danza, quienes representan también una historia de tradición.

“Tronco e’ ritmo sabroso”, había dicho horas antes Jesús ‘Chucho’ Rendón, miembro de “El Cañonazo” desde hace 45 años. Aseguraba, y todos coincidieron con él, que cuatro kilómetros de recorrido no se sienten cuando de cumbia se trata.

¿Qué ganan con bailar? “Nada, en términos de dinero. De hecho, nosotros pagamos por bailar y lo hacemos porque nos encanta como artistas que somos”, responde Nuribeth.

Lo que con seguridad se ganan es el corazón de su bisabuelo Luis Alberto Altamar y de los miles de colombianos y extranjeros que se deleitan con su baile.

Por Linda Rueda De la Hoz

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