¿Le gusta el baile? ¿La música? ¿Ir al cine, al teatro, cantar en la ducha o simplemente dibujar cuando estás aburrido? El arte es una de las expresiones más cotidianas, capaces de representar los momentos más simples y profundos de la vida. Por ello, quienes deciden profesionalizarse en alguna rama, esperan no solo contar con toda la libertad creativa, sino además con un espacio en donde hacerlo. Esto es lo que tienen los estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, quienes desde 2017 no cuentan con un espacio digno para aprender y crear.
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El 18 de junio de 2017 colapsó el primer bloque, específicamente, cayó un muro en los salones de ensamble musical. Nueve meses después, en marzo de 2018, lo que se vino abajo fue el techo del salón Pedro Biava, lo que evidenció el deterioro y abandono de la Facultad.
Desde ese momento, el proceso de reconstrucción ha estado marcado por fallas institucionales, incumplimientos contractuales y una lucha estudiantil, que parece tener una esperanza con la reciente firma de un contrato transaccional, que esperan que sea el acto final de un drama que ya cumple ocho años.
Junior Villarreal Contreras, líder estudiantil de la Facultad de Bellas Artes, representante ante el Consejo Superior y uno de los voceros más antiguos en la lucha por la recuperación de la sede, explica que “desde el 2018, los programas se encuentran regados por toda la ciudad, padeciendo de muchas cosas porque lastimosamente Barranquilla no tiene una infraestructura cultural. Mucha gente, por ejemplo, se ha graduado sin tocar un teatro o sin tener un concierto, porque los únicos dos teatros que tenía la universidad eran el Amira y el de la universidad y desafortunadamente ninguno está habilitado”.
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Desde que se presentó el primer colapso, los estudiantes hicieron performances y se manifestaron en busca de acciones de la administración universitaria, y aunque hubo respuesta, la inestabilidad en la dirección de la institución influyó en que la reconstrucción de Bellas Artes todavía no se halla culminado.
Entre 2017 y 2022, la universidad pasó por al menos siete rectores y múltiples cambios en las direcciones académica y administrativa. “Cada vez que cambiaban al rector era volver a empezar. Nos tocaba explicar de nuevo a cada funcionario que llegaba, y eso nos estancó demasiado”, aseguró Villareal.
En 2022 se firmó un contrato con la unión temporal compuesta por William Yacamán Vivero y BF Construye, por $32 mil millones, a lo que se ñaadieron $15.000 millones en adiciones. Pese a esto, ninguna aula fue entregada en condiciones de uso.
“Ellos empezaron bien, pero luego vinieron las excusas. Al final se quedaron sin músculo financiero. En junio de 2024 pararon la obra porque ni siquiera les pagaban a los obreros (…). La universidad les cumplió, la gobernación les cumplió, el Ministerio puso recursos. Hasta hicimos un paro para conseguir $13.500 millones más y garantizar que no se detuvieran las obras”, pero como resalta Villareal, aún no tienen sede.
El 7 de diciembre de 2024, tras el incumplimiento reiterado, la universidad declaró la terminación del contrato. Pero para evitar un proceso jurídico que pudiera extenderse por años y paralizar aún más el proyecto, gestionaron un contrato de transacción, que finalmente se firmó el 21 de abril de este año.
Durante la firma, el rector de la Universidad del Atlántico, Danilo Hernández, aseguró que “luego de casi ya tres meses de discusiones con los estudiantes, con los profesores, con el contratista, con la Gobernación, con todos los actores interesados en esto, hemos llegado a este acuerdo. Con ello esperamos que en estos dos meses podamos dar la entrega definitiva de este activo a la comunidad para el beneficio del arte y de la cultura”, dijo.
El contrato, que va hasta el 21 de junio, estipula que el contratista deberá asumir los costos de interventoría, transporte de equipos, adecuación final de espacios, y la ampliación de pólizas. También liberaría a la Universidad de cualquier litigio futuro por este proceso.
El jefe de Planeación de la Universidad, Carlos Hernández, explicó que las obras se reanudaron y que han tenido avances, especialmente en el sistema eléctrico y puertas, que son claves para la habitabilidad. “Están trabajando. Este acuerdo fue para terminar la obra y el proceso sancionatorio. El contratista asumió la interventoría y una compensación económica por la no terminación en la fecha pactada”, comentó Hernández.
No obstante, si bien la firma del contrato transaccional, da a la comunidad universitaria una expectativa, siguen viendo con cautela el acuerdo. Luego de años de resistir, movilizarse, lo que esperan es que se comiencen a ver avances, es decir, que puedan tener las primeras clases en el Bellas Artes.
“Queremos dejar de resistir y queremos pasar a existir. Entonces, la esperanza se mantiene, aunque se agote un poquito. Esperamos que este 22 de junio, por lo menos, se cierre esta parte de la historia con esa unión temporal que ha sido nefasta para nosotros y poder tener, ya por lo menos, las puertas del Bellas Artes abiertas”, concluyó Villareal.