En Cali, la cultura no se detiene. Museos, cineclubes, teatros, librerías y espacios independientes se han renovado con la ciudad y mantienen viva la historia que ha crecido de la mano de las artes. Los sentidos se activan en cada parte desde donde se mire, vea y oiga la ciudad, mientras que la agenda cultural es constante en zonas como San Antonio y el centro, que han tenido un resurgir en los últimos tiempos.
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No se trata de una moda. Espacios como el museo La Tertulia ofrecen desde 1956 un espacio para crear y debatir sobre la política, el arte y la cultura, mientras que otros lugares, como Caliwood, conservan joyas que le dieron vida a la historia cinematográfica de la región.
Desde lo turístico se destaca la Feria de Cali, con todo el esplendor de la salsa, con el que se les da paso a las fiestas de fin de año, y recorridos como el del barrio San Antonio, que con su arquitectura colonial, fachadas blancas y balcones de madera guarda un registro vivo de la Cali de los años 20.
Pero más allá de la oferta turística están quienes disfrutan y logran mantener y expandir esos lugares históricos, como lo que está pasando con el barrio Obrero, donde además de una renovación urbana, que lidera la Alcaldía junto a la estación del Ferrocarril de Cali, se les ha vuelto a dar vida al cine en blanco y negro, a los bares donde se empezó a escuchar la música antillana y la salsa, y las calles donde se le dio vida al América de Cali.
Públicos que llegan y sostienen la escena
En la ciudad hay espacio para todo. Además de la feria y la salsa está el Petronio Álvarez, que exalta el legado cultural del Pacífico, que se concentra en el litoral colombiano y llega hasta el ecuatoriano. Músicas colombianas que han logrado preservar instrumentos como la chirimía de flauta, pero que detrás también se ha forjado todo un circuito culinario que preserva saberes orales que han viajado con el desplazamiento forzado a grandes ciudades como Cali.
De alguna manera, existe un flujo constante de personas que participan en todas las dinámicas culturales que hay en la ciudad. “Viene mucho estudiante universitario, pero también niños con sus padres que se están iniciando en la lectura”, cuenta Héctor. Iván Granada, dueño de la LiberTienda, ubicada en el sector de la Loma de la Cruz, un espacio que desde hace más de una década combina literatura, encuentros y espacios culturales, quien reconoce que en la ciudad hay públicos que buscan la cultura, la sostienen y la transforman desde sus propias dinámicas.
“La cultura en Cali no puede leerse desde un solo eje. La cultura va más allá de la música. Hay otras expresiones que no necesariamente están trazadas por ella”, añade el librero.
Aunque asegura que, si bien hay una gran variedad, se requiere “mayor acompañamiento institucional. Hace falta más visibilización y más apoyo desde las administraciones. No necesariamente económico, sino también de difusión”.
La memoria y la creación que permanecen
En medio de ese panorama igual hay espacios que funcionan como memoria viva de la cultura caleña. En el barrio San Antonio, La Linterna se mantiene como uno de los referentes culturales más singulares de la ciudad.
Se trata de una imprenta tipográfica activa desde los años 30, donde aún funcionan máquinas del siglo XIX, en la que se producen gráficas populares de manera artesanal. Más que un taller, el lugar se ha consolidado como un punto de encuentro para artistas, diseñadores y visitantes.
“Es la única imprenta tipográfica que queda funcionando. Aquí vienen personas de Colombia y del exterior”, cuenta Olmedo Franco Romero, impresor tipográfico y uno de los tres dueños del espacio.
Además, cuenta que el lugar ha logrado adaptarse a los cambios en la circulación cultural. “Antes era la calle, ahora estamos para los apartamentos, cambiamos el estilo. En los últimos años el público ha crecido, en gran parte por el reconocimiento que ha ganado el lugar, especialmente entre jóvenes adultos. Aquí no nos quedamos quietos. Todos los días estamos creando”.
La ciudad de los gatos
Al gato de Hernando Tejada sobre el río Cali lo acompañan sus novias, que desde hace 20 años son parte de la identidad turística de la ciudad, de esa cultura que se ve, como la galería a cielo abierto, que se puede caminar sobre la calle 25 o la misma que se plantó en el barrio Obrero para recordar su historia.
La ciudad también vive en su teatro con escenarios icónicos, como el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, que le dio vida al teatro experimental que se atrevió a apostarle a lo social para acercar las tablas a la realidad del país.
La esperanza se mantiene viva en Siloé, donde la música ha sido bastón para alejar a los niños de los contextos de violencia y mostrarles que el arte también es una forma de resistencia y de mostrar su caleñidad. Allí colectivos como Cali Elegante y el Grupo Cooperativo La Estrella han renovado los espacios y han mantenido la memoria histórica que hoy se representa en la estrella que está en lo más alto del cerro.
De lado no pueden quedar los farallones ni el Cristo Rey, que imponentes muestran que Cali es ambiente, que tiene una variada y privilegiada fauna y flora, que engalanan los siete ríos que atraviesan la ciudad y que son atractivos para los turistas de avistamiento de aves.
Más que una escena homogénea, lo que aparece es un mapa diverso, en el que conviven lo institucional, lo independiente, lo tradicional y lo emergente.
Lejos de estar vacíos, muchos de estos espacios siguen recibiendo visitantes, generando encuentros y construyendo comunidad, incluso cuando no siempre forman parte de los circuitos visibles de la ciudad.
Pero no todo es positivo, para Carlos Sánchez, quien ha acompañado varios procesos culturales en la ciudad. “El panorama es más amplio, pero se atiende a los mismos sitios de siempre. Falta de revisión de los espacios emergentes”. Aunque reconoce que hay entes que también sostienen la cultura en la ciudad”. Desde ese círculo visible, señala que “hay casas culturales, colectivos y espacios independientes que producen y circulan cultura, muchas veces desde la autogestión y con públicos propios”.
Es ahí donde la cultura en Cali sigue ocurriendo, no solo en los espacios más visibles, sino también en aquellos que, desde distintos rincones de la ciudad, continúan abriendo las puertas.