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Con mucha música terminó la Feria más ‘dulce’

 Desfiles, conciertos y numerosas luces iluminaron la fiesta más importante de los caleños que se despidió ayer en diferentes puntos de la ciudad.

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Carlos Enrique Ortiz E. / Especial para El Espectador
30 de diciembre de 2008 - 06:58 p. m.
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Cali estuvo en su salsa. Durante seis días, la ‘Sucursal del Cielo' vivió su fiesta más importante, la Feria que se abrió paso con un Salsódromo y cerró el telón con un festival de orquestas también salseras.

La despedida empezó ayer desde muy temprano con el tradicional desfile de Años Viejos, que recorrió un corto trayecto por la Avenida Roosevelt. Muñecos rellenos de trapo y aserrín salieron desde diferentes barrios y retrataron los personajes y sucesos más populares del año.

Pero la gran novedad de la clausura de la versión 51 de la Feria de Cali fue su ubicación. Por primera vez en su historia, la fiesta se trasladó hasta el Distrito de Aguablanca, en el oriente de la ciudad, para despedirse de los caleños.

Allí se presentó un gran espectáculo con juegos pirotécnicos, que contó además con la participación de varios grupos musicales que se presentaron hasta altas horas de la noche. "Esta fue una feria muy orientada a la vida, que como proyecto de vida tenía que ser de respeto y de inclusión" dijo el alcalde Jorge Iván Ospina, al referirse al lugar escogido para cerrar la Feria.

Y para rematar también con mucha música, cerca de 20 orquestas se dieron cita en las canchas Panamericanas, donde pusieron a bailar a miles de personas en el último día de las festividades. "El balance ha sido positivo, contamos con una asistencia masiva a todos los eventos y lo más importante fue que se le devolvió la Feria al pueblo", dijo el director de Corfecali, Leobardo Amú, quien destacó el comportamiento ejemplar de los caleños.

Caleños, orgullosos de su alumbrado

Las luces navideñas de Cali se convirtieron en un recorrido por todo el territorio vallecaucano. El pandebono, el chontaduro, las macetas, los bordados de Cartago y los corteros de caña, son algunas de las imágenes que exaltan lo mejor de la cultura y las tradiciones de la región.

"El alumbrado de este año me ha gustado mucho porque nos identifica con nuestras cosas típicas como los trapiches, los algodones de azúcar, que además promueven el amor y respeto hacia lo nuestro," dijo Alex García, que junto a su familia, disfrutó de algunas de las miles de bombillas ubicadas en los alrededores del río Cali.

Otros puntos de la ciudad, como la conocida calle Quinta, las estaciones del MIO y varios kilómetros del Parque Lineal Alameda Sol de Oriente, en Aguablanca, también estuvieron adornados por viñedos de uvas, mangas, y otros productos propios del territorio valluno. "El alumbrado es una expresión de lo que somos, de una cultura que queremos retomar y no unas luces navideñas de una cultura importada", puntualizó el alcalde Ospina.

Por Carlos Enrique Ortiz E. / Especial para El Espectador

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