24 Dec 2020 - 4:06 p. m.

Felipe Guevara, el periodista asesinado al que le arrebataron el sueño de ser papá

El miércoles 23 de diciembre, tras un ataque sicarial en el que recibió ocho tiros, el periodista falleció. Sus compañeros y amigos recuerdan al hombre alegre y dedicado que trabajó tres años en la sección judicial del periódico Q´hubo. Aunque inicialmente la Policía desvirtuó que este suceso estuviera relacionado con su profesión, Guevara había denunciado amenazas.

Andrés Felipe Guevara Henao era carismático y comprometido. A sus 27 años era el que “los chiveaba a todos”, conseguía la información y los datos que nadie más tenía; así lo cuenta su amigo Daniel Hernández*. A donde iba hacía amigos, pero también despertó odios entre las bandas criminales y los delincuentes a quienes todos los días consignaba en sus páginas. Este miércoles 23 de diciembre, Cali perdió a uno de sus periodistas: las heridas de bala que recibió el 21 de diciembre durante un ataque sicarial le causaron la muerte.

Ese lunes, en el barrio Mariano Ramos, al suroriente de Cali, fue atacado con un arma de fuego mientras estaba con un amigo. Aunque lo trasladaron hasta la clínica y el martes despertó, al siguiente día murió. A Guevara le apasionaba el periodismo, pero además estaba por cumplir otro de sus sueños: ser papá. Él y su novia estaban esperando un bebé.

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“Era el líder”, dice el periodista Felipe Carmona. Trabajaron juntos cuando Carmona era periodista judicial del periódico El País de Cali. De esa época le quedan muchos recuerdos: las conversaciones rápidas en el escritorio, la costumbre de Guevara de pararse a la salida de Medicina Legal para conseguir historias y el talento de este periodista que sin falta se conseguía todos los días buenas historias. En Q´hubo se turnaban por semana las páginas judiciales antes de Guevara. Ahora queda la duda de qué va pasar tras su asesinato, no solo porque es un espacio difícil de llenar, sino también por el temor que pueden sentir los periodistas después de este crimen.

La sonrisa pícara, el buen humor y el amor por el periodismo judicial, son algunas de las características que recuerda Wirman Ríos, fotógrafo de ese medio. Después de compartir con Guevara todos los días, durante tres años, Ríos no puede explicar la sensación que le deja la muerte de su compañero. La desazón de la redacción es generalizada y es la misma sensación que hoy comparten los periodistas en todo el país; sumada a la preocupación por la seguridad de quienes ejercen la profesión.

Sara Otálora era la compañera de puesto de Guevara. “Para mi Pipe era el personaje del periódico, siempre que pasaba algo chistoso él estaba ahí. A veces llegaba tarde, corriendo y contaba todo lo que le había pasado”, recuerda con nostalgia. Su apodo era Papito 13, tenía la costumbre de decirle a los hombres papito, un día llegó con una camiseta que tenía la expresión y atrás llevaba el número, entonces se quedó así. Guevara siempre andaba bien “pinchado”, su amiga cuenta que se vestía muy bien, constantemente se arreglaba la barba y le gustaban las camisas de botones; cuando le preguntaban porque andaba así en medio de ese calor, decía que era para que no le vieran los tatuajes, para verse más serio y que “le creyeran más”.

Estaba de vacaciones, feliz, planeando la llegada de su primer hijo que nacerá en abril. “Hace poco me envío un audio diciéndome que este era el mejor momento de su vida; que cada detalle, cada ecografía, cada cosa que sabía de su bebé lo llenaba de felicidad”, cuenta Otálora. En varias ocasiones le había mencionado a sus compañeros que este era uno de sus sueños, en las video llamadas mostraba el cuarto que estaba adecuando para el nuevo integrante de su familia; en la mañana de ese 21 de diciembre estuvo en casa.

El barrio Mariano Ramos está ubicado en la comuna 16 de Cali, se creó en la década de los años sesenta y fue poblado, principalmente, por migrantes de otros departamentos como Chocó, Caldas y Cauca. Recibe su nombre en honor al gobernador del Valle del Cauca entre 1992 y 1994. Esta es una zona que ha sufrido los estragos de la violencia y el sicariato, este año en Cali se han reportado 1.040 homicidios, 36 de ellos en esta comuna.

Guevara empezó su vida profesional encargándose de los especiales de domingo de la sección Salud y Educación de El País, tres meses después fue trasladado al equipo de Q’hubo, de la misma cada editorial, dentro de una revista llamada “Mascotas”, allí hacía reportes especiales sobre animales, personas que los cuidan, fundaciones, etc.

En algún momento notó que el periodismo judicial en Q’hubo no era como él pensaba: amarillista, irresponsable, exagerado. “Requiere de la mayor responsabilidad, incluso es más difícil porque hay que buscar a los familiares en el momento del duelo, del dolor, en medio de un homicidio y tratar de contar las dos partes de la historia: lo que dice la Policía y quién era la víctima”, dijo hace unos meses en conversación con El Espectador. Esos temas le llamaron tanto la atención que decidió hablar con su jefe para pedirle que le permitiera cubrir una semana judiciales y que, en caso de que le fuera bien, lo dejara seguir.

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“Ahí empezó mi trayectoria. Entré el 1 de noviembre de 2017, en 2020 ya cumplo tres año”, dijo y explicó que aunque no era un camino tan largo, había logrado “coger cancha”. Además, desde ese 1° de noviembre, Guevara se encargó de las portadas: “todas las hago yo”, decía con satisfacción. Con el tiempo se le facilitó el trabajo, pues ya tenía una agenda amplia de contactos que le daban información. “A pesar de la pandemia no nos quedamos atrás. Salimos con información completa, veraz y profunda sobre los hechos judiciales porque tengo acceso a muchas fuentes; mi trabajo se ha desplegado tanto que me envían mucha información”, dijo.

Felipe Becerra, editor de la sección judicial en El País, cuenta que todos lo días hablaba con él, pronto se dio cuenta del cariño que Guevara le tenía a su trabajo y lo mucho que le gustaba “estar enterado de todo, hablar con la gente, mostrar lo que pasaba en una ciudad como Cali”. Además, recuerda que todos los días, en la mañana, revisaba los reportes de los homicidios, salía a averiguar, muchas veces en la morgue, después iba al barrio donde había sucedido el hecho; hablaba con los testigos y volvía al periódico para escribir la nota. También, diariamente, conversaban sobre el aumento de la inseguridad, de los asesinatos y la presencia de las bandas criminales.

Las señora de las arepas, el señor del chance, los dueños de las tiendas, los trabajadores de las funerarias eran algunas de la fuentes a las que acudía Guevara para poder profundizar en las historias. “Yo no me varo”, decía. “Él era el hombre detrás de las portadas, detrás de las investigaciones de las bandas criminales, de la gente que cometía homicidios”, cuenta Hernández. Aunque el fotógrafo Ríos, que también es apasionado por el periodismo judicial, no sabe si Guevara tenía amenazas, dice que no descarta la posibilidad de que este asesinato fuera una represalia de alguna persona a la que su compañero investigó.

El general Manuel Antonio Vásquez Prada, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, dijo después del ataque que “preliminarmente desvirtúan que este suceso estuviera relacionado con su profesión”. Sin embargo, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) informó que Guevara fue amenazado en 2017 después de publicar información sobre una banda criminal que operaba en el barrio Mariano Ramos, del que tuvo que irse por seguridad y en el que recibió los ocho disparos. Según conocen las personas allegadas, él puso una denuncia ante las autoridades. Después, en 2018 y nuevamente en agosto de este año, el periodista reportó amenazas y hostigamientos y, de acuerdo con la FLIP, “afirmó que ya no quería salir de su casa porque no se sentía seguro”.

La Revista Semana reveló un audio que Guevara le habría enviado a uno de sus colegas, en este el periodista cuenta que cuando vivía en el barrio Mariano Ramos una banda que se llama ‘Los pitbull’ asesinó al sobrino de María Isabel Urrutia, él hizo esa noticia y después hicieron tres tiros afuera de su casa, entonces puso la denuncia. Luego, cuenta que los hermanos de una exnovia asesinaron a un joven y a un taxista: “yo hice esa noticia y me dijeron que era un sapo y me iban a matar, me amenazaron. Ellos eran sicarios y me tocó irme a vivir a Jamundí. Yo ya no estaba con la muchacha pero pues con esa noticia... Me dieron un chaleco antibalas, pero eso para qué”, dijo.

También contó que en una ocasión le llegó información de Bogotá sobre los nuevos capturados de la mafia en Cali, en la que estaban peligrosos delincuentes. “Un man que le dicen el Zarco, que son los que venden droga en una rumba electro y ahí sale alias Gregori, la mano derecho de Capulín, un descuartizador de los años de Jabón Varela y todos los Rodríguez, y es el que manda en todas las oficinas del Distrito, y como yo soy de Mariano Ramos y ahí quedaban las dos oficinas más jodidas, yo lo conocía”, afirmó. Después de hacer la publicación, que incluía fotografía y los alias, recibió amenazas, razón por la cual prefería estar encerrado.

En la tarde del miércoles, la Alcaldía de la ciudad aumentó a 50 millones de pesos la recompensa para quien entregue información que permita materializar la captura del autor del crimen, así mismo, se publicó un retrato hablado del presunto agresor. Aún así, a la FLIP le preocupa que la Policía descarte, anticipadamente, la relación de estos hechos con su actividad periodística y solicita a las autoridades realizar una “investigación seria, imparcial y diligente y que se tenga como primera línea la relación con su oficio”.

De acuerdo con el editor Becerra, el periodista volvió al barrio Mariano Ramos porque allí estaba remodelando el apartamento donde nacería su hijo, en esta nueva etapa de su vida ya había pensado en la necesidad de dejar el periodismo judicial por su seguridad y la de su familia. Otálora reconoce que estaban acostumbrados a las llamadas desagradables e incluso a las amenazas como “no sé dejen ver porque ya saben que les va pasar”; pero no se imaginaron que esto iba a suceder. Ahora ella y sus compañeros están conmocionados. “El dolor nos invade tanto que no podemos pensar en qué va pasar mañana”, concluye.

Dos fuentes le informaron a El Espectador que la madre del periodista ha sido intimidada, con amenazas le piden no velar a su hijo. En medio de este dolor, preocupa la seguridad de toda su familia, incluido su hijo, al que no podrá conocer.

* El Espectador cambió el nombre de esta fuente, pues solicitó proteger su identidad por cuestiones de seguridad.

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