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En las primeras semanas de 2022 Cali se ha enfrentado a la llegada de la variante ómicron a la ciudad y a un atentado de autoría del Eln, que dejó heridos a 13 policías del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).
Tras el ataque, las autoridades fortalecieron el pie de fuerza en la ciudad y ofrecieron una recompensa de hasta mil millones de pesos por información sobre los responsables. En medio de la tensión, Miguel Yusti, asesor de seguridad de la Gobernación del Valle del Cauca, generó controversia al asegurar que Ospina estaba “entregándole la ciudad a la dinámica mediante la cual el brazo político de las milicias del Eln, a través de la primera línea, va a tener espacio político”.
En entrevista con El Espectador, Ospina, entre otros temas, consideró que “el primer gran error de la declaración es que ubica a todo protestante en la línea de ser un guerrillero o terrorista (…) y si alguno de los jóvenes con los que venimos conversando en los barrios muere, deben mirarse las palabras criminales de Miguel Yusti”.
Sobre al ataque del pasado 7 de enero a funcionarios del Esmad, usted dijo que los protocolos de seguridad fallaron. ¿Quién falló?
En un consejo de seguridad del 31 de diciembre les dije a los agentes de Policía y Ejército, así como a los organismos de inteligencia, que entendieran que la transición de los primeros días de enero y finales de año podía ser utilizada por el terrorismo para operar. Así lo ha hecho en muchas ocasiones, lo hemos visto en el transcurso de la historia. A pesar de solicitarles que redoblaran esfuerzos en esa tarea, el terrorismo operó. Afortunadamente el ataque al Esmad no pasó a mayores, no tenemos muertos, los policías han venido recuperándose.
¿Cali está expuesta a sufrir acciones por parte de grupos armados ilegales y crimen organizado, como alerta la Defensoría del Pueblo?
A la alerta temprana de la Defensoría del Pueblo hay que prestarle atención. Tienen las fuentes de información y la evidencia pertinente. Nos han informado que la ciudad está acechada por carteles del narcotráfico transnacionales, el Eln y disidencias de las Farc. En ese sentido, convocamos a la Comisión Interinstitucional a un consejo de seguridad del más alto nivel en Cali, porque es una circunstancia de orden nacional y transnacional que demanda la orientación del poder nacional para intervenirla con suficiencia e incluso requiere la participación de actores internacionales, dado que se habla de carteles del narcotráfico mexicanos.
¿Qué responde a la declaración de Miguel Yusti?
Es una declaración que me tiene sorprendido y perplejo, pero el miedo y la ignorancia hacen su daño y el primer gran error de su declaración es que ubica a todo el protestante en la línea de ser un guerrillero o terrorista y eso no solo es un absurdo, sino que pone en peligro vidas valiosas, entrega en bandeja de plata a jóvenes a los halcones de la guerra de ambos bandos. Uno de los errores más grandes en este momento es colectivizar la protesta como acción insurgente y acción elena. Quienes hacen eso, cometen un gran error, y no va orientado hacia lo que necesitamos como país y como sociedad.
Aun conociendo mi compromiso institucional, quiere vincularme con lo que jamás haría. Si alguno de los jóvenes con los que venimos conversando y construyendo huertas comunitarias y procesos de reconciliación en los barrios muere, deben mirarse las palabras criminales de Miguel Yusti.
¿Qué balance hace de la gestión de los procesos de movilización social que se gestaron en Cali durante 2021 y qué cree que se puede avecinar para este año?
Las protestas son el acumulado de procesos de siempre, y lo que tiene que hacer la Alcaldía es establecer soluciones sociales y políticas a través del diálogo. No debe caer en la idea falsa de la estigmatización del protestante, ni en la idea de que cualquiera que protesta es un terrorista.
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Las medidas de la Alcaldía para contrarrestar el efecto del cuarto pico suscitaron críticas, como la de postergar la presencialidad en los colegios. ¿Qué responde a estos cuestionamientos?
Por fortuna, el cuarto pico de la pandemia nos llega con un 78 % de la población con primera dosis, con un 62 % con las dos dosis y con un 40 % de la población objetivo con la tercera dosis. Si no tuviéramos ese acumulado, la situación del cuarto pico de pandemia sería inmanejable. Aun así, debemos tratar de orientar medidas: consolidar los procesos de vacunación como primera acción y entender que cada ciudadano debe autoaislarse si tiene cualquier tipo de sintomatología. Además, prohibimos el desarrollo de cualquier evento público masivo durante las primeras cuatro semanas de enero.
En esa lógica, nosotros pensábamos que postergar el inicio de clases en el sector privado podía ser una iniciativa. Pero la solicitud no fue aprobada, la importancia de la presencialidad superó nuestra iniciativa y los colegios privados ya empezaron clases.
Descartó cerrar la ciudad porque no es viable, pero la gobernadora del Valle contempla una cuarentena en el departamento. ¿Qué responde a esto?
Creo que es imposible desde los puntos de vista psicológico, económico y social, y por lo que se llama “fatiga de aislamiento”, adelantar una cuarentena estricta no solamente en Cali, sino en todo el país. Creo que no tenemos los ahorros suficientes para aguantar un cierre estricto en cualquiera de nuestros territorios. Adelantar un cierre estricto hablaría mal de nuestra gestión como operadores públicos, porque los procesos de vacunación se han desarrollado, así como la educación a los ciudadanos. Algo tendremos que haber hecho bien para tratar de evitar ese cierre estricto.
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Junto con la Secretaría de Salud, la Alcaldía ha dicho que el cuarto pico en la ciudad se extenderá más o menos hasta finales de enero, ¿cómo llegaron a ese estimado?
Por la velocidad de contagio que tiene ómicron, creo que vamos a tener un pico pandémico de tres semanas largas. Va a ser un pico de alta morbilidad y menor mortalidad, es decir, de gran cantidad de personas enfermas y un menor número de muertes. Lo va a tener el país, con especial dramatismo en los no vacunados. Es una situación que lo presiona a uno como operador, a pesar de no ser necesariamente culpable de la dificultad. Si algo hemos hecho durante 2021, y lo que llevamos de 2022, es incentivar la vacunación. La negación a la vacuna es un imposible con el cual lidiar se hace muy difícil.
¿Cuáles son los mayores retos para la ciudad este 2022?
Consolidar el diálogo como ruta de solución de nuestros problemas, adelantar las acciones pertinentes para consolidar una política de seguridad integral, donde participen todas las agencias del Estado y hacer reflexionar al Gobierno central de que las diferencias políticas o ideológicas con un gobierno local elegido no puede distanciar las posibilidades de colaboración mutua en la solución de nuestros problemas.
