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A Yutzeli Alejandra sabía que migrar no iba a ser fácil. Cuando salió de Venezuela, lo hizo con lo que tenía puesto, con cuatro de sus seis hijos pequeños, porque no tenía cómo llevárselos a todos, por lo que su meta era establecerse y comenzar de cero para volver a estar juntos todos.
Llegó primero a Puerto Tejada y después a Cali, porque no conseguía trabajo estable ni tenía una red de apoyo que le permitiera estar tranquila. Comenzó vendiendo café en la calle y ya lleva ocho años haciéndolo. “Mis niños estaban muy pequeños cuando yo migré. Vine buscando una mejoría para ellos, para mi familia, y me tocó empezar desde abajo”.
Los primeros años los vivió en un buclé: salir a diario para conseguir para el arriendo y la comida de sus hijos, resistir a la xenofobia y a las dificultades de para conseguir la regulación en Colombia.
“Gracias a mi trabajo he logrado lo que tengo ahorita. No tengo una casa propia, pero sí puedo decir que me siento muy a gusto donde vivo”, añade Yutzeli.
Empezar de nuevo
A Yutzeli un allegado le habló de una oportunidad que estaban dando para mujeres migrantes en Cali. “Estaban ayudando a mujeres cabeza de hogar. Me inscribí y salí beneficiaria con apoyo de arriendo y mejoramiento. La verdad, me ha servido mucho”
Se trata del proyecto Mujeres Echando Raíces (MERA), un proyecto que también le permitió acceder a formación en emprendimiento y espacios para entender las violencias de género y las rutas para enfrentarlas. “He aprendido muchas cosas, cómo salir adelante, cómo sostener un hogar, cómo mejorar la economía. Todo eso me ha servido”.
Con la iniciativa se busca construir condiciones para que mujeres que han vivido en la incertidumbre puedan tener bases reales para construir una vida en la ciudad.
Una casa para echar raíces
En el oriente de Cali, donde los índices de violencia contra las mujeres son más altos y las oportunidades más escasas, se levanta la sede de Casa Matria Oriente, en el barrio Laureano Gómez, Comuna 15 de Cali.
Durante más de diez años, mujeres de esta zona pidieron un espacio cercano donde pudieran ser atendidas. Hasta ahora, el único lugar estaba en el oeste de la ciudad, lejos de sus realidades. “Siempre nos decían que quedaba muy lejos, que no era para ellas”, explicó la Secretaría de Bienestar Social durante un recorrido por la zona.
La nueva Casa Matria busca cambiar eso. Ser un espacio de atención de las mujeres víctimas de violencia basada en género, pero también de formación, trabajo colaborativo y cuidado. Tendrá consultorios con privacidad, salas de capacitación, espacios para niños y zonas comunitarias. La idea es que no sea un lugar administrativo, sino un espacio vivo de cuidado para las mujeres cuidadoras. Desde allí, se espera impactar a más de 600.000 mujeres de seis comunas del Oriente de Cali.
Una apuesta que va más allá del techo
La historia de Yutzeli se conecta con una estrategia más amplia que, en Cali, ya tiene resultados. El proyecto Mujeres Echando Raíces se articula con el apoyo en vivienda, formación laboral, cuidado y acompañamiento psicosocial como una ruta integral para que las mujeres reconstruyan su vida.
En la ciudad, más de 600 mujeres han participado en el programa, al menos 235 han accedido a soluciones de vivienda, entre subsidios de arriendo, mejoramiento locativos y kits de habitacionales. A esto se suman 361 mujeres formadas para el empleo, de las cuales 66 ya lograron vincularse laboralmente, además de procesos de atención en violencias basadas en género y estrategias de cuidado para sus hijos.
El modelo se sostiene en una alianza entre la Alcaldía de Cali, la cooperación internacional y organizaciones sociales en el territorio. La iniciativa es financiada por la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), implementada por Expertise France, y desarrollada junto a entidades como FUDAP, ProPacífico, Fundación Carvajal y SIDOC.
Para el alcalde de Cali, Alejandro Eder, este tipo de articulaciones permiten que la política pública deje de ser solo una promesa. “Estos recursos no solo se traducen en vivienda o formación. Se traducen en oportunidades reales para que las mujeres puedan estabilizarse, tener ingresos, cuidar a sus familias y proyectarse. Vamos a seguir gestionando cooperación internacional para llevar soluciones concretas a los territorios donde más se necesitan”.
El plan se aplica para mujeres migrantes, pero también para las cabezas de familia en la ciudad, como parte de una estrategia para ampliar el acceso de las mujeres a vivienda, empleo y a servicios de atención en zonas con mayores brechas sociales.
El reto será su continuidad y sostenibilidad. Se firmó un acuerdo por 3,5 millones de euros hasta 2028. Identificar y atender los retos de las mujeres migrantes que buscan la estabilización en la región será clave para atender sus necesidades y mejorar sus vidas.