12 May 2021 - 2:00 a. m.

“Si a Cali no se le da una inyección de Estado, no va pasar nada”: experto en seguridad

La situación de alerta en la que se encuentra la ciudad ha llevado a hacer un examen más profundo sobre los problemas estructurales que derivaron en la crisis social que salió a flote en medio de las protestas del paro nacional y que exigen una mirada más completa del fenómeno.

A pesar de que en los últimos días las marchas convocadas en el marco del paro nacional han sido menos masivas, los sectores que lideran las manifestaciones han insistido en que la protesta se mantiene. Prueba de ello es el escenario que se vive en Cali, que cumple ya 15 días en una movilización social que ha puesto a las autoridades locales y nacionales a priorizar las necesidades de la ciudad y la región.

Alberto Sánchez, investigador y asesor en temas de seguridad ciudadana de Cali, habla con El Espectador sobre las dinámicas de violencia que han marcado la agenda de las movilizaciones en la capital vallecaucana, y de las urgencias de la ciudad para poder superar la crisis que vive.

Lea también: Pelando la cebolla: las raíces detrás del estallido social en Cali

¿Por qué estalló la crisis en Cali y no en otras ciudades del país, qué características tiene?

Es una mezcla afortunada y desafortunada al tiempo. Afortunada porque es como una movida transversal amplia de gente que no se movilizaba hace muchos años. Sin embargo, el estallido social no es solo de orden público y por eso se ha agravado la situación, porque la gente lo lee como un tema de seguridad y orden, cuando tiene un origen netamente social y político. Por otro lado está la misma dinámica de la ciudad, que por su ubicación geográfica y estratégica recoge las tensiones de la región relacionadas con economías cocaleras, informales, ilegales, como por ejemplo el contrabando, la minería ilegal y el narcotráfico. Esos fenómenos tienen una base de afectación muy fuerte sobre las dinámicas rurales de Cali, ellos ven el paro como una oportunidad para poner sobre la mesa sus necesidades.

¿Cuál es la situación actual?

Además de las movilizaciones pacíficas con choques con la Fuerza Pública, ha habido intentos claros de vandalismo ciudadano y afectaciones a la infraestructura pública, bancaria y comercial. A eso se suma una especie de pesca en río revuelto de actores organizados, otros no tanto, para llevar a cabo peajes ilegales y controlar el tema en las estaciones de gasolina. Eso no es fortuito, son personas organizadas que están saqueando esas estructuras. Como incidentes menores, pero igual de preocupantes, está la destrucción evidente muy organizada en torno a la operación del MIO, y que también incluye intimidación y agresión a los operadores. Ha habido un vacío de liderazgo grande que no está sólo sobre el Gobierno Nacional, sino en la falta de prioridades de la administración local para intervenir. La respuesta de Jorge Iván Ospina no es elocuente, como si no fuera su responsabilidad proteger el orden público de la ciudad.

Y si antes no había confianza en las autoridades ahora el deterioro es mayor…

Sí. La crisis de confianza en la que estaba Cali antes del paro no es una cosa que uno se pueda dar el lujo de ignorar. Porque la ciudad vio a su administración gastarse una cantidad infame de plata, en cosas que no eran prioritarias y eso también molesta, sobre todo por la desfachatez con la que la administración manejó las restricciones durante la pandemia: toque de queda, ley seca, toque de queda, ley seca… Y eso dañó una cantidad de negocios que le daban trabajo a mucha gente y eso es supremamente grave porque dejan sin base el motor de reactivación que es la informalidad en unas dimensiones absolutamente desproporcionadas. Ahora, hay otro punto para tener en cuenta y que nadie ha dimensionado y es el impacto de las afectaciones al transporte público porque se está destruyendo lo que le soluciona la movilidad a miles de caleños todos los días, y cuando uno habla de movilidad son dos cosas: tiempos de desplazamiento y cosas. Destruyeron el sistema de transporte y eso va repercutir fuertemente en la calidad de vida de gente que se va demorar más para desplazarse y a la que le va a tocar pagar más. Y eso ya mete una presión directa sobre lo que va a ser la ciudad después de la contingencia.

¿Usted cree que el estallido social de Cali estaba anunciado?

Esto es muy fácil decirlo el día después. Yo creo que sí hay elementos para pensar que algo así podría ocurrir, pero no algo de esta dimensión a nivel nacional y local. Uno se da cuenta en el encadenamiento de hechos que esto se ha ido agravando día con día, entonces creo que sobre la marcha se pueden ver varias contingencias sobre las que se han aplazado las soluciones. Para referirnos a un solo tema, Cali tiene una situación publica de infraestructura de seguridad muy grave, hay problemas muy serios en estaciones de policía, en los CAI, en el mismo búnker de la Fiscalía que todavía no se construye. Lo que termina pasando es que cuando estallan otras cosas, las debilidades quedan expuestas sobre la mesa. En Cali, la falta de liderazgo de las autoridades conlleva a que no haya planeado nada, no se prevea nada y no se controle nada. El secretario de Seguridad, Carlos Rojas, salió a decir esta semana que el problema de Cali era la falta de una política de seguridad, pero el año pasado en la pandemia, que no había esos problemas y que no se les había salido la ciudad de las manos, nunca expuso ese problema.

¿Por qué que no se ha terminado de desarrollar esa política de seguridad?

Cada cuatro años las administraciones tienen que hacer un Plan Integral de Seguridad y sobre la práctica Cali tiene una política de seguridad, pero no hay esfuerzos articulados para orientar acciones. Lo que está ocurriendo hoy es que saltó a la vista la poca preparación que tenían los encargados de la seguridad para enfrentar crisis en una ciudad como Cali. El problema no son solo las marchas, es que siguen robando, extorsionando, es que la gente está llamando a armarse con personas de sus barrios. Entonces, ¿cuáles han sido las prioridades del secretario de Seguridad de Cali desde que asumió su cargo? Él no lo ha dejado claro. A eso hay que sumarle que hubo una respuesta muy enérgica al comienzo de este año de las intenciones de bajarle el presupuesto a la secretaría de Seguridad, finalmente no le terminaron bajando pero eso manda un mensaje político muy claro y es que de verdad no les importa el tema tanto como debería importarles.

¿Qué lectura hace de los hechos en los que fueron heridos varios indígenas por civiles armados?

Lo primero es que cada cierto tiempo el país vuelve a descubrir que Cali es una ciudad brutalmente armada. Primero fue el 21 de noviembre de 2019, ahora el 9 de mayo de 2021. Lo segundo es que eso muestra el nivel de tensión en el que está la ciudad, porque hay una versión según la cual la chiva de los indígenas iba a dejar un mercado y hay otra que sostiene que se iban a tomar el condominio. La situación de tensión es tan alta que la llevada de un mercado termina en una batalla campal a bala en Ciudad Jardín. Lo que hay que tener en cuenta es que los bloqueos son un problema que no han dimensionado, pero en algunos puntos particulares se está subiendo muy rápido la tensión y mientras el tema de la extorsión no se ponga sobre la mesa, es muy fácil casarse con una versión errada de la realidad. No hay que negar que la Fuerza Pública está lidiando con una situación muy compleja en un centro urbano en el que confluyen todos los conflictos del suroccidente colombiano.

En Cali no se ha dado continuidad a programas sociales, ¿ha incidido esto en el contexto actual?

Cali tiene una situación de inversión pública y de recaudo tremendamente grave, que también tiene muy limitados algunos programas para que continúen o no. Y la pandemia terminó afectando gravemente la informalidad caleña, que depende de todo tipo de iniciativas comerciales. Preguntas importantes son ¿por qué algunos de los proyectos sociales a los que le apostó Jorge Iván Ospina no le “pegaron” a ninguna de las necesidades actuales?, ¿por qué se gastaron más de $13.000 millones en una feria virtual que no respondía a lo que la ciudad necesitaba? Había unas inversiones especificas en las que la alcaldía no priorizó lo que la ciudad requería y eso hay que empezar a decirlo. A nadie se le puede olvidar que el paro nacional del 28 de abril llegó a Cali en medio de una crisis y una desconfianza en medio de un informe de la Contraloría sobre la feria virtual, eso quiere decir que la ciudad lleva muchos años en unas dinámicas de alcaldías que lo tumban todo para volver a empezar.

Hay unos programas de la alcaldía con miras a desarmar pandillas en las calles, ¿qué ha pasado con esto en medio de la crisis?

Lo que puedo decir en ese caso es que el mismo alcalde ha reconocido que muchos de los jóvenes que están en los bloqueos extorsivos y de más, son pelados que ya habían pertenecido a esa clase de iniciativas. La pregunta hoy es, ¿qué se va hacer con ellos cuando esto pase? Porque si se va impulsar una política de castigos severos a ellos, eso no va tener resultados. Si no los tuvo a corto plazo, no los va tener a largo. Entonces ¿a dónde va la ciudad en materia de integración de esa masa de muchachos?

¿Qué opinión le merecen las actuaciones desproporcionadas de la Fuerza Pública?

Yo tengo una frase que digo mucho y es que no se soluciona con policías, lo que se daña con malos policías. Y lo que pasa en Cali es el efecto continuado de una realidad absurda de falta de inversión pública que cuando se pone sobre la mesa, no es más que un montón de gente enojada, frustrada y sin oportunidades que sale a reclamar sus derechos. Y la respuesta local ha sido dejar a la policía sola. Entonces, creo que ha habido muy malos procedimientos, abusos policiales, malos elementos de servicio policial y mal relacionamiento con la gente.

¿En Cali había antecedentes de esta lucha de clases que se está viendo en las calles?

No de esa dimensión, pero en Cali cotidianamente ha habido una lucha de clases supremamente dura y hostil que nunca se resuelve. Cali es una ciudad con unas dinámicas de segregación urbana visibles. De hecho, el sesgo que existe hacia el Oriente y el distrito de Aguablanca es un muy buen ejemplo de cómo la ciudad tiene unas tensiones irresueltas que se han convertido en un aplazamiento constante. Tampoco se nos puede olvidar que el Valle del Cauca venía con unas dinámicas criminales muy duras antes de esto, como masacres, secuestros, y eso no está desconectado de Cali.

¿Cómo cerrar esas brechas sociales ahora?

Lo primero es que esto necesita una salida política porque es un asunto grave de fondo. En el caso puntual de Cali no va pasar nada si las autoridades locales no dan un salto de fortaleza y eso va pasar factura si no se comienza a resolver rápido. Si a Cali no se le da una inyección de Estado, no va pasar nada. Porque los problemas de fondo de la ciudad no se resuelven con una sentada a hablar, los problemas son mucho más graves, y uno de los más grandes es el alcalde, porque en el momento de mayor crisis de su ciudad decidió pelear con sus opositores y gastarse en una feria, un dinero que podría haber usado para mitigar la pandemia

¿Qué panorama le ve usted a Cali?

Yo creo que si no desescala el nivel de tensión y no definen las prioridades de diálogo político, todo va seguir agravándose porque esto no tiene una salida en materia de seguridad, esto es netamente político, no hay que buscar la solución en otro sector. Si no le bajan a la tensión y no hay una ruta política para desescalar la violencia, la cosa no va salir bien. Claramente hay unas cosas tácticas de seguridad, pero en realidad ellos no pueden seguir tratando de resolver con un martillo algo que necesita un destornillador, y mientras eso no se tenga en cuenta va ser imposible salir de esto.

Comparte:
X