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Así se (sobre)vivió al terremoto en un quirófano en Cali

Una anestesióloga relata cómo arriesgó su vida para proteger a una paciente –indefensa bajo anestesia– durante el terremoto.

José David Escobar Franco

16 de agosto de 2026 - 12:30 p. m.
Foto: Captura de pantalla + Ernesto Guzmán
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Las enormes lámparas cielíticas amenazaban con caer sobre los cirujanos y la paciente sedada. La mujer en la cama despertó, mientras el quirófano se sacudía, y gritó. Dos residentes la tomaban de las manos. Claudia Komaromy, la anestesióloga que minutos antes le aplicaba una infusión continua de dexmedetomidina -un sedante y analgésico potente- ahora la abrazaba, protegiéndole el tórax y la cabeza. Se fue la luz brevemente, y el pánico aumentó.

“Estamos aquí con usted. No la vamos a dejar sola. Esto ya va a pasar… ¡pero no pasaba!”. Solo después, la doctora Komaromy entendería de dónde habían salido esas palabras.

La escena quedó registrada en un video que luego se haría viral. Ocurrió en el Hospital Universitario del Valle del Cauca, en Cali, por cuenta del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia el 10 de agosto y devastó esa ciudad.

A las 7:34 a.m., el equipo médico preparaba a la paciente para la extracción de un tumor en su cerebro cuando comenzó el movimiento telúrico.

“Fue una reacción instintiva. No hubo coacción ni obligatoriedad”, recuerda la anestesióloga. En efecto, no hay ley que obligue al personal médico a permanecer en el quirófano si hay un riesgo inminente para sus vidas. Por el contrario, bajo el principio jurídico de que nadie está obligado a lo imposible (ad impossibilia nemo tenetur), si el colapso de un edificio es inminente, los médicos hubieran podido decidir irse y dejar la paciente atrás, pero se quedaron.

Bajo anestesia, la paciente estaba completamente indefensa. Por eso, explica Komaromy, “el anestesiólogo es el guardián de la vida del paciente”. La prioridad fue asegurar la vía aérea y disminuir la sedación para que recuperara la consciencia y pudiera ser evacuada. “¡Y era un ejemplo que había que dar a los residentes!”.

Mientras tanto, el terremoto amenazaba con destruir el edificio.

“Lo que pasaba por mi cabeza era pánico”, dice Komaromy. “Una sensación inminente de muerte. Veía cómo todos los equipos se movían”.

“Pensé en mi familia. Pensé que los extrañaba mucho”. En medio del pánico, apareció un recuerdo que llevaba décadas guardado: ese no era su primer terremoto.

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Komaromy nació en Tumaco. Tenía ocho años cuando un terremoto y maremoto de magnitud 8,1 devastó amplias zonas de la costa pacífica colombiana. Quedó atrapada con su madre en una habitación. “Tuvimos que soportar todo el terremoto abrazaditas dentro del cuarto hasta que alguien pudo venir, derribar la puerta y sacarnos”.

“En el quirófano, yo escuchaba de fondo la voz de mi mamá abrazándome y diciéndome: ‘Quédate quieta, que esto ya va a pasar’”.

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“Creo que allá, en el subconsciente, me resonó esa voz”, dice. “Y eso fue lo que hizo que pudiera quedarme un rato tratando de tranquilizar a la paciente y tranquilizarme yo misma”.

Aunque las imágenes de la sala de cirugía han sumado aplausos en las redes sociales, Komaromy insiste en que no llamen ‘héroes’ a los médicos. El video que grabó una instrumentadora quirúrgica mientras se protegía bajo el dintel de la puerta no muestra una hazaña, sino “lo que hicieron cientos de los anestesiólogos en hospitales de Cali, Pereira y Manizales, que a esa hora están empezando labores”: seguir protocolos.

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En países como Chile o Japón, la frecuencia de terremotos es alta. Allí, las autoridades médicas han publicado manuales basados en su experiencia con recomendaciones para estos mismos casos. Inclusive, la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación hizo lo propio después del 10 de agosto.

“Somos seres humanos valiosos que también sienten miedo, pero que cumplen su deber hasta el último instante”, insiste la médica.

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Hacia el final de los eternos dos minutos que duró el terremoto, se escuchó un estrépito mayor. Luego sabrían que el bloque 2 del Hospital, a unos 150 metros, había colapsado. Cuando volvió la quietud, la paciente seguía viva. También quienes la habían protegido.

Por José David Escobar Franco

Periodista e internacionalista. Becario del International Center for Journalists (ICFJ) en 2024 y del programa Puentes de Comunicación de la DW Akademie, Efecto Cocuyo y El Faro en 2022.@JoseD_Escobarjdescobar@elespectador.com

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