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Las plazas de mercado son los principales centros de abastecimiento en las ciudades del país. Pero, dada su característica como sitios de aglomeración de personas, también son foco de contagio del nuevo coronavirus y los gobiernos locales han tenido que limitar sus operaciones e incluso con declarar intermitencia en sus servicios.
En Cartagena, la plaza de mercado más importante es Bazurto, un lugar que ofrece más de 35 mil empleos de manera directa e indirecta en la misma ciudad que ocupa el noveno lugar en cuanto a incidencia de contagios por cada 100 mil habitantes. Hoy, Bazurto solo está abierta para los vendedores mayoristas.
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“No es un capricho. Las decisiones se han tomado pensando en la vida y salud de las personas. Se les colocó el horario, pero ellos llegan al mercado a las 4:00 a.m. Se les dijo que trataran de hacer entregas a domicilio para evitar la aglomeración de personas, pero algunos no lo han hecho”, asegura Alejandro Madero, asesor de despacho de la Alcaldía de Cartagena.
Bazurto reune a vendedores de frutas, verduras, abarrotes, pescados, plásticos, entre otros insumos de la canasta familiar. Está en la avenida Pedro Heredia, entre los barrios Martínez Martelo y Barrio Chino, centro de la ciudad. No sufren por la falta de abastecimiento, pero sí por la disminución de las ventas. “Antes de la pandemia llegaban un promedio de 30 mil personas al día. Ahora, las ventas disminuyeron en un 80 %”, afirma Shirly Beleño, directora de la Asociación de Comerciantes y Empresarios Mayoristas en Víveres Abarrotes y sectores afines de Bolívar (Acoviva).
La dinámica de Bazurto era de 24 horas diarias. Ahora solo están permitidas las ventas en horarios nocturnos. Desde las 12:00 de la medianoche hasta las 8:00 a.m.
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De hecho, el mismo ministro de Salud, Fernando Ruíz, reconoció que era importante tomar medidas de ese tipo en Bazurto: “Acompañamos al alcalde en la continuación de las actividades mayoristas y la limitación de las minoristas. Es un tema muy complejo que tiene efectos sociales, pero que también implica la posibilidad de reducir el contagio en la ciudad”, dijo.
“En Bazurto no tenemos casos registrados directamente del mercado. Hace más de 20 días se reportaron dos, los cuales fueron contacto directo de un profesional de salud y con un dueño de un establecimiento en el mercado. Pero que tengamos casos que se han reportado directamente desde allá, no. Eso se debe a que en la ficha de notificación epidemiológica se notifica la dirección de residencia del paciente”, asegura Johana Bueno, directora del Departamento Distrital de Salud de Cartagena (Dadis).
El flujo de trabajadores en el mercado de Bazurto es variado. Están los adjudicatarios, ubicados en la infraestructura dentro del edificio y quienes pagan un arriendo al Distrito (actualmente suspendido). También los vendedores informales de las vías aledañas al mercado, los mayoristas, en áreas cercanas de propiedades privadas, y la población flotante de vendedores ambulantes, carretilleros, tinteros, entre otros. Los minoristas, inconformes con la medida que les prohibió reabrir, harán una prueba piloto de regreso al trabajo el 16 de junio, según informó Gabriel Palacio, vicepresidente de la Asociación de Vendedores Estacionarios del mercado de Bazurto.
Para el Distrito las inconformidades de los comerciantes se aceptan, pero por encima de ello prima la salud de un colectivo. Pero no es fácil cuando de por medio está también la actividad de la que derivan su subsistencia miles de familias. Además, hay un problema que tiene que ver con la información que recibe la gente. “En Cartagena, las personas interpretan la reactivación de algunos sectores como una apertura a todo. Eso empezó a generar problemas con la aglomeración de personas”, concluye el asesor de despacho de la Alcaldía.
