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Cartagena 200 años de libertad

El pueblo que hace dos siglos se convirtió en inspiración nacional al alcanzar su independencia absoluta de España, hoy vive entre la magia del Caribe, sus locos y sus tamboreros modernos y una preocupante desigualdad.

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El Espectador
13 de noviembre de 2011 - 09:04 p. m.
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La resolución que trajo la libertad

La segunda ciudad del Virreinato

En 1810, Cartagena tenía 16.361 habitantes, más del 60% de ellos mestizos, mulatos, pardos, negros libres y zambos. Era la segunda ciudad del Virreinato del Nuevo Reino de Granada y el principal puerto en el mar Caribe. Ese se convertiría en un año decisivo una vez que, el 22 de mayo, el Cabildo transformó la forma de gobierno al reemplazar la dictadura única del gobernador por un triunvirato que garantizara un mandato justo.

La revancha de los hermanos Piñeres

La primera década del siglo XIX finalizaba. Cartagena de Indias vivía entonces una división entre su población producto del enfrentamiento entre dos partidos: los toledistas y los piñeristas. Los primeros eran liderados por José María García de Toledo. Los piñeristas eran dirigidos por los hermanos Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres. Hubo una pugna por la Presidencia de la Junta Suprema de Gobierno, creada para dirigir los destinos de la ciudad. Dicho puesto lo ganó García de Toledo en elecciones. Los hermanos Piñeres, en su frustración, idearon entonces una campaña encaminada a ganarse el apoyo del pueblo: la independencia absoluta de España.

Se reúne la Junta Suprema de Gobierno

En busca de reivindicar el orgullo y los ideales del partido, los Piñeres reunieron al pueblo estimulándolo a presionar la declaratoria de independencia absoluta. El 11 de noviembre de 1811, la Junta Suprema se reuniría en el Palacio de Gobierno para tratar ciertos temas, entre ellos el de la declaratoria de independencia absoluta propuesto por Germán Gutiérrez de Piñeres, quien formaba parte de la Junta.

Una muchedumbre armada

Desde tempranas horas de la mañana, una muchedumbre se dirigió al lugar de sesiones de la Junta de Gobierno de Cartagena, después de asaltar la sala de armas en la Plaza de la Aduana, con el fin de presionar la declaratoria de independencia absoluta. La muchedumbre armada y respaldada por el batallón patriota Lanceros de Getsemaní, al frente del cual estaba el cubano Pedro Romero, terminó, en medio de gritos y amenazas, frente a la Gobernación, a la espera de una decisión.

No más plazos para la libertad

La turba entró al Palacio de Gobierno y, haciendo recriminaciones a los aplazadores, logró que los presentes, toledistas, piñeristas (que regresaban al poder por la fuerza) y otros miembros de la Junta firmaran el Acta de Independencia Absoluta de España. Más tarde, la Junta ordenó la lectura del bando que hacía pública el Acta; en él juraban separarse definitivamente de la Corona española.

El acta es leída en voz alta

“En el nombre de Dios Todopoderoso, Autor de la Naturaleza, nosotros, los representantes del buen pueblo de la Provincia de Cartagena de Indias, concretados en Junta plena, con asistencia de todos los tribunales de esta ciudad, a efecto de entrar en el pleno goce de nuestros justos e imprescriptibles derechos que se nos han devuelto por el orden de los sucesos con que la Divina Providencia quiso marcar la disolución de la monarquía española y la erección de otra nueva dinastía sobre el trono de los Borbones: antes de poner en ejercicio aquellos mismos derechos que el sabio Autor del Universo ha concedido a todo el género humano, vamos a exponer a los ojos del mundo imparcial el cúmulo de motivos poderosos que nos impelen a esta solemne declaración, y justifican la resolución tan necesaria que va a separarnos para siempre de la monarquía española…”.

Por El Espectador

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