17 May 2021 - 11:27 p. m.

Cartagena, ciudad de encierros

La ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en la capital de Bolívar es de 92%. Por esto, la ciudad tendrá toque de queda continuo el próximo fin de semana, del 21 al 24 de mayo. Las restricciones afectan tremendamente la economía de Cartagena, cuya primera actividad es el turismo.

Pedro Mendoza

El puente festivo que termina en Cartagena dejó como resultado una ocupación en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) del 92%, según las cifras del Departamento Administrativo Distrital de Salud, (Dadis). Sólo hay 30 camas disponibles para atender tanto a pacientes COVID-19 como de otras enfermedades. Lo anterior deja como resultado nuevas medidas de toque de queda, horarios extendidos y el próximo fin de semana la heroica estará literalmente sin gente en las calles.

El viernes 21 de mayo el toque de queda comenzará a las nueve de la noche y terminará a las cinco de la mañana del 24 de mayo. Cartagena afronta una de sus situaciones más difíciles por la pandemia y las medidas de restricción que se podían catalogar antes de “flexibles” se han vuelto rigurosas, lo que afecta al turismo, entre otros sectores.

Tiempos antiguos sin salir

La cólera en la ciudad dejó no solo la huella literaria: “diezmó a la ciudad en 1849, llevando a la muerte a la tercera parte de la población. En algo más de cinco semanas, Cartagena, que estaba conformada por tres barrios: Catedral, Santo Toribio y Trinidad, donde se alojaban 12.000 habitantes, vio morir a 4.000”, sostiene el médico Álvaro Monterrosa en su blog. También se dice que la ciudad se quedó sola en sus calles luego de una protesta. Un documento histórico de María Bernarda Lorduy habla de una huelga de panaderos en 1903, “suscitada por la negativa a la disminución del jornal y la exigencia del descanso dominical”.

En 1910, durante dos días del mes de diciembre, el centro de la ciudad heroica con sus murallas y balcones también estuvo solo. Los habitantes estaban con miedo y alegría por el levantamiento popular contra el arzobispo Pedro Adán Brioschi quien pretendía vender algunas propiedades de la iglesia a una organización norteamericana. El arzobispo terminó saliendo de la ciudad.

Otra vez fue el 9 de abril, cuando la revuelta por la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán llevó a una serie de hechos en la heroica que fueron controlados por la fuerza pública. Los cartageneros recordaban al político por una manifestación en el parque Apolo de la ciudad, relata la sección Facetas del periódico El Universal.

Tiempos modernos sin salir

El pasado 9 de mayo, la ocupación UCI se encontraba en 79%. El Distrito declaró entonces la alerta roja hospitalaria en la ciudad. La Alcaldía de Cartagena por medio del decreto 0533 de 2021, entregó los nuevos horarios de toque de queda

Adaptarse no ha sido fácil para el sector turístico. Coinciden en que estas medidas debilitan sus procesos económicos. Martha Lucia Noguera, presidenta de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia, Cotelco, Capítulo Cartagena, le dice a El Espectador que los empresarios están muy inquietos con las nuevas medidas.

“Vemos con gran preocupación el decreto que entendemos, ¡aquí no hay nadie que se quiera morir! Los hoteles formales hemos hechos inversiones millonarias para mantener protocolos de bioseguridad ,limpiar habitaciones y superficies con la frecuencia que se debe hacer y no puede ser que los que somos normales, que pagamos impuestos, que pagamos mano de obra, somos los que salimos muy perjudicados”, sostuvo la ejecutiva que afirmó que sector se estaba fortaleciendo cuando había más flexibilidad. Añadió que “los resultados estuvieron ahí. Tuvimos una semana santa 2021 que solo estuvo cuatro puntos porcentuales por debajo de la ocupación de antes del COVID. En el año 2019 Cartagena hizo 84 % de ocupación y este año hizo 80%”.

Laura Rodriguez es la gerente de Nácar Hotel Cartagena, Curio Collection by Hilton, ubicado en el centro de la ciudad: 49 habitaciones de entre 30 y 120 metros cuadrados, acompañadas de dos restaurantes especializados en gastronomía internacional. Pocos huéspedes disfrutan de estos servicios. Está preocupada por lo que sucede: “nosotros hemos visto bastante afectada la ocupación, la gente no quiere venir a una ciudad en la que no pueda caminar, tener experiencias gastronómicas, entre otras cosas”. Además, explica lo difícil que es cerrar un restaurante a las dos de la tarde un fin de semana en un mercado que primariamente en estos momentos es local.

“Empezamos con un 50 % de ocupación y después de las restricciones estamos más o menos en un 26%”. Dice que con el trabajo de su equipo espera tener una reactivación para el segundo semestre. “Expectativas de un fin de año muy movido con mucho mercado internacional esperando también un aumento de pasajeros y huéspedes del mercado nacional”.

Coincide con Laura Rodríguez el empresario José Llamas del grupo Gela con varios restaurantes reconocidos en la ciudad. “Nos habían dejado trabajar, hicieron todo lo posible hasta que las UCI llegaron a un 80 %”.

LLamas sostiene que las medidas afectan mucho al turismo en general. “No afecta solo a los restaurantes que debemos cerrar temprano, la mayor facturación es en la noche, nadie quiere planear venir a una ciudad que a las ocho de la noche está completamente muerta”.

Por su parte Fenalco Bolívar ha venido solicitando con insistencia a la administración de la ciudad que revise los términos de las restricciones vigentes en los decretos sucesivos. “Nos preocupa que ante tal solicitud la respuesta sea ahora un confinamiento generalizado de fin de semana, lo cual no es equitativo frente a los ciudadanos y empresarios que cumplen”, dijo a El Espectador la directora ejecutiva de Fenalco Bolívar, Mónica Fadul. Afirmó que hay un incipiente proceso en la reactivación económica de la ciudad: “hoy más pobre que antes del inicio de la pandemia, y que necesita tener unas condiciones mínimas para que las actividades formales e incluso las informales, puedan fluir”.

De varios colores que pintan el hielo, Efraín Imitola lleva 39 años vendiendo raspado en Cartagena. Con la ciudad como esta ahora le recuerda a los mundiales de fútbol. “Se dificulta la venta porque las calles quedan solas”, dice Imitola quien ya está vacunado.

“En el 2020 las empresas del sector turismo sumaron 4.659, es decir el 16% del total del tejido empresarial, esta cifra fue inferior en 21% a la reportada en 2019, cuando el conjunto de empresas turísticas fue de 5.879″, dijo el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cartagena Juan Pablo Vélez.

Con relación al empleo afirmó que los sectores de alojamiento y servicios de comida, actividades artísticas, entretenimiento recreación y otras actividades de servicios, empleaban en conjunto en el último trimestre de 2019 un total de 102.621 personas en Cartagena, es decir, el 24% del total de personas ocupadas. “A corte del cuarto trimestre de 2020, el número total de personas empleadas en estos sectores cayó en 23% comparado con igual periodo de 2019, ubicándose en 40.038 personas; lo que representó una pérdida de 12.013 puestos de trabajo”.

Las calles y avenidas de la ciudad dejan ver de vez en cuando un taxi, un carro con permiso y los domiciliarios. En el aeropuerto la actividad es normal y los vehículos autorizados transitan.

El director del Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte de la ciudad Janer Galván afirma a El Espectador que se ha participado en diferentes controles operativos desde el año pasado. “Durante las medidas de confinamiento total y durante todas las diferentes variaciones que han tenido éstas”. Dice que los resultados son positivos y la ciudad al tener menos fuentes emisoras de gases contaminantes reduce la polución asociada. “También se percibe una disminución en los niveles de ruido, sobre todo en aquellos sectores urbanos que se encuentran aledaños a vías de alto tráfico y en el centro histórico”. Sostiene que las actividades de control que se realizan con los diferentes organismos de seguridad y secretarias involucradas. “Juega un papel fundamental la disciplina social, que ha propiciado un ambiente generalizado en las calles con hábitos ya asumidos como el uso del tapaboca y cumplimiento de los horarios del toque de queda”, dice Galván.

Las medidas tomadas han llevado a plantones, corrillos, comentarios y charlas con tapabocas. Una protesta pacífica y esperanzadora para unos y otros. “El Arsenal: The Rum Box” es un sitio especializado en ron y chocolate, su propietario ha ido a los plantones sin importar ser el hijo del Alcalde. “La gente no quiere viajar a lugares que tengan toques de queda, eso se ha visto, los viajeros dejan de venir, ese turismo ya se perdió” sostiene Abraham Dau, quien está en la defensa de su trabajo, de sus empleados y protesta contra las medidas de la administración del alcalde William Dau, su padre.

En estas horas con toques de queda o sin ellos, es extraño caminar por calles vacías que producen el ruido del silencio, una Cartagena cada vez más parecida a El amor en los tiempos del cólera de García Márquez: “en una ciudad como ésta era imposible ocultar una enfermedad mientras el coche del médico estuviera en la puerta. A veces el propio médico tomaba la iniciativa de ir a pie, si la distancia lo permitía, o iba en un coche de alquiler, para evitar suposiciones malignas o prematuras. Sin embargo, semejantes engaños no servían de mucho…”

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