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La apuesta por el turismo sostenible y la vida de barrio en Cartagena

Aunque frecuentemente se habla de la inseguridad en la ciudad, hay apuestas por proteger a las comunidades y que estas puedan mantenerse en el territorio. Esto le da un valor al turismo y protege los barrios de la capital de Bolívar.

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04 de diciembre de 2021 - 12:53 a. m.
Cartagena es una de las ciudades colombianas que más visitan los extranjeros cada año. Imagen de referencia.
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Foto: Getty Images
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En las últimas semanas Cartagena ha sido noticia por los casos de inseguridad que llevaron incluso a que el pasado 17 de noviembre la Embajada de Estados Unidos alertara a sus ciudadanos sobre la situación en la capital de Bolívar. En un comunicado advertían que la delincuencia estaba al alza en los barrios de Chambacú, el área al este del centro comercial Caribe Plaza y en el sur de Cartagena.

Más allá de los hechos de seguridad, hay proyectos que buscan mitigar esta situación mediante el impulso al turismo sostenible para que sean las comunidades nativas las que se beneficien de las actividades económicas que se realizan en la ciudad. Una de las formas en que incide dicho fenómeno en la seguridad es que la población que habita las zonas turísticas las protege.

Para hablar de turismo sostenible y el caso de éxito que ha sido Getsemaní en cuanto al trabajo de las comunidades y el sector privado, El Espectador habló con Javier Pimienta, gerente general del proyecto San Francisco Investments en Cartagena y que pertenece al grupo Valorem, conglomerado económico al que también pertenece este medio de comunicación.

¿Qué opinión le merece la situación actual de la ciudad y la forma como se concibe el turismo en ella?

Como una compañía que tiene intereses en Cartagena, nos preocupa la situación actual porque hay problemáticas que son síntomas de la forma como los colombianos hemos visto a a Cartagena. Solo la hemos visto como la posibilidad de un rédito económico y no como una un organismo viviente que requiere un manejo adecuado y sostenible.

Los síntomas visibles son la prostitución, la explotación de menores, el expendio de drogas, el ruido en el centro y las actividades económicas que no son compatibles con usos residenciales o de menos impacto. Es una muestra de que Cartagena no es un destino sostenible y que está en manos de todos definir cuál es la visión que tenemos para la ciudad del futuro. Hay que llegar a acuerdos para que la comunidad, el sector público y privado definan cómo usar los suelos y que las actividades económicas sean compatibles con la sostenibilidad.

En ese sentido, ¿qué se puede rescatar como positivo y cuál es el papel de la comunidad allí?

Desde nuestro punto de vista, también hay cosas positivas. Trabajamos mucho en Getsemaní, los vecinos ya desde hace varias décadas, y particularmente en los últimos años, han tenido iniciativas que buscan la preservación de esa comunidad en el tiempo. A ellos les ha tocado vivir los efectos negativos del turismo, es decir, todo lo relacionado con el cambio en el uso del suelo, el ruido, la llegada masiva de turistas sin ningún control, la llegada de actividades ilegales como el expendio de drogas y todo lo demás. Pero no se ven beneficiadas de las dinámicas económicas que resultan de ese turismo y hay una iniciativa muy bonita que busca la declaratoria de la vida de barrio de Getsemaní como patrimonio cultural de la nación y la construcción de un plan especial que lo salvaguarde. La vida de barrio es una manifestación que debemos proteger se busca que la gente se sensibilice con ella. Si se sigue explotando este patrimonio, esto no va a permitir que estas comunidades se mantengan y se perderá el valor de esas unidades portadores del patrimonio cultural que tanto gusta a nivel mundial. No solamente hay que mostrar lo negativos, el tema de la inseguridad, del sicariato sino mostrar cómo se pueden hacer cosas desde el sector privado y desde la misma comunidad.

Cuéntenos un poco más sobre el caso de éxito que es Getsemaní en Cartagena.

Getsemaní fue una un barrio muy densamente poblado y hasta los 70 el motor de la economía era el mercado. Estaba ubicado en donde hoy queda el Centro de Convenciones. Después empezó un proceso de desplazamiento y de deterioro en el entorno del centro histórico, esos espacios que se quedaron vacíos fueron ocupados por otros actores que se dedicaban a las actividades ilícitas.

En los 80, luego de que la UNESCO declarara a Cartagena como patrimonio, un grupo de vecinos tomó conciencia de la importancia de proteger ese patrimonio. De allí nacen algunas organizaciones y liderazgos significativos. A partir de ahí el barrio se ha ido organizando un poco más y desde hace dos o tres años se busca que se le declare a la vida de barrio de Getsemaní como patrimonio inmaterial.

Este cada vez cobra mayor relevancia frente al patrimonio material. El proyecto ya fue presentado ante el Consejo Nacional de Patrimonio y pasó la primera fase que fue recibir el aval como una manifestación que tiene potencial, que viable para ser considerada como patrimonio cultural de la nación. El paso que sigue es un plan especial de salvaguarda que consiste en una serie de iniciativas, proyectos y acuerdos que permitan la sostenibilidad de esa manifestación que se trata de proteger. Cuando se apruebe, será considerado patrimonio. Ya con esa protección hay que trabajar en darle oportunidades a las comunidades para que se mantengan en esos entornos que son costosos. No es que no se quiera el turismo, sino que se quiere que beneficie a la comunidad. Esta postulación es liderada por ocho organizaciones del barrio y representantes del sector privado como lo es San Francisco Invetsments, la compañía que yo represento.

¿Cuál es el papel de la comunidad en ese proceso?

Nosotros reconocemos el valor que tenía este patrimonio inmaterial y se nos ocurrió que lo primero que había que hacer era divulgarlo. Entonces lo hicimos a través de una revista, que publicamos hace más de 3 años, y se llama El Getsemanicense. Está desde 2018 y a través de ella contamos la historia del barrio. La revista ha generado un interés mucho más grande y ha permitido unir a la comunidad en torno a esa riqueza que se tiene.

Desde el sector privado impulsamos a la comunidad para que realicen iniciativas como esta y hemos tenido un rol activo en la construcción de todos los documentos e investigaciones que se requiere para sacar esto adelante. Al final lo importante es que hay un entendimiento mutuo que lo que es bueno para la comunidad, es bueno para nuestra inversión y viceversa. Porque se trata del valor compartido, lograr la preservación de ellos en su territorio también nos genera valor.

¿Cómo funciona ese turismo sostenible del que habla y cómo beneficia a la comunidad?

Debe haber unos acuerdos y unas intenciones de las autoridades, el sector privado y las comunidades en cuanto a tomar medidas y buscar que las normas que tienen que ver con el uso del suelo incentiven la habitabilidad de estos territorios. Hay que tomar conciencia de que hay usos del turismo que pueden ser compatibles con los residentes. Me ve muy fácilmente la diferencia entre un barrio habitado por personas que permanecen allí, es la mejor forma de proteger la zona y tomar medidas en pro de ello.

El turismo sostenible es el de esas actividades que son compatibles con los habitantes. Hay otras de alto impacto como discotecas y espacios de actividades en nocturnas. No se trata de prohibir sino de definir los sectores para cada uno de los usos. Aunque el reto más grande es que la comunidad pueda vincularse con el potencial turístico del centro histórico. Una idea muy ambiciosa es que se cree una política de turismo comunitario donde los turistas pueden ser atendidos por los mismos nativos, en la parte gastronómica y también en alojamiento. Es un proyecto ambicioso y de largo plazo que es bueno para todos.

¿Cómo se involucra y cómo debería involucrarse el sector privado justo en eso que menciona el turismo sostenible?

Es mucho más común el concepto de pago por servicios ambientales donde se debe compensar a las comunidades que prestan estos servicios al medio ambiente. Yo digo que lo mismo se puede hacer en cuanto al patrimonio cultural, que haya mecanismos de financiación para esos servicios de protección al patrimonio y que se le compense a los nativos por prestar estos servicios. Además, hay posibilidades en cuanto a encadenamientos productivos, donde, por ejemplo, podamos generar huertas urbanas que puedan proveer algunos de los negocios que requieran esos productos.

En el tema de las manifestaciones culturales hay un impulso relacionado con lo festivo y lúdico. Todo ello se trata de generar contenido de alta calidad para el barrio más allá de la razón por la que reconoce a Cartagena, que suele ser por los sitios nocturnos, las fiestas, etcétera. Son relevantes esas otras iniciativas como en Getsemaní que se juega un torneo de bola de trapo, en otras palabras, un béisbol callejero con obstáculos. Es un evento muy colorido, muy asistido y que obviamente impulsarlo es muy positivo para cualquier emprendimiento que estén en el barrio y que se enfoquen en el turismo.

¿Cómo estos esfuerzos protegen el patrimonio? Teniendo en cuenta que hay unas recomendaciones de la UNESCO y, de no ser atendidas, la ciudad podría dejar de ser considerada como patrimonio.

Hay una posible pérdida de la declaratoria de patrimonio de la UNESCO a Cartagena. Creo que eso es algo que a veces se siente un poco lejano y la gente no entiende lo que eso representa, pero yo creo que es un activo muy valioso para todos los colombianos tener una ciudad como Cartagena en esa lista.

La UNESCO y otros organismos de protección del patrimonio cultural cada vez le dan más importancia a lo inmaterial que a lo material y al final son las personas las portadoras de la cultura. Cuando digo lo Inmaterial quiero que entiendas que estoy hablando precisamente lo inmaterial.

Todo está relacionado, al final el patrimonio cultural es el activo más valioso que tenemos los colombianos y una de las pocas esperanzas que tenemos del mejoramiento de las condiciones de vida de todos. Lo primero que hay que hacer para poder monetizar ese patrimonio es sensibilizar a las personas para que todos seamos protectores del patrimonio

Más allá de la amenaza de la pérdida de la declaratoria por parte de UNESCO, creo que es un problema de todos los colombianos y para poder entenderlo hay que educar y aprender que esto es de todos.

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