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El pasado 20 de octubre, cuando Eduardo Moreno, habitante de la vereda Churuguaco Alto, del municipio de Tenjo (Cundinamarca), escuchó las guadañas, podadoras y machetes no dudó en acercarse. Con su celular en mano, para tener evidencia, grabó el momento en el que al menos 10 hombres talaban frailejones y árboles nativos, en plena zona de Reserva de la Cuenca Alta del Río Bogotá (RFPP) y del Distrito de Manejo Integrado (DMI), del Cerro de Juaica. Esa misma tarde, acudió a la Secretaría de Desarrollo Económico y Medio Ambiente, para solicitar una inspección, pero ignoraron su petición.
A la mañana siguiente, las máquinas volvieron a sonar. Esta vez, Moreno, junto a sus vecinos y funcionarios de la Secretaría, subieron a la montaña, donde continuaba la tala indiscriminada. Aunque la comunidad logró detener las actividades y advertir a la Inspección de Policía, “tardaron casi una hora en llegar y los trabajadores ya se habían ido”, relató Eduardo. En menos de 24 horas, el área afectada fue de 7.200 m2, el equivalente a una cancha de fútbol profesional, de acuerdo con la inspección que realizó la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR).
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Según el equipo técnico y jurídico, la deforestación afectó especies nativas propias de los ecosistemas de páramo y altoandino como el frailejón, tuno, aliso, romero, helecho, marranero, encenillo, entre otros. Mauricio Garzón, director regional de Sabana Centro de la CAR, advirtió sobre la gravedad de este calificado ecocidio, pues muchas de las especies taladas pueden tardar hasta décadas en crecer.
¿Quién autorizó?
La presencia de forasteros en el cerro se remonta al 7 de octubre. Adriana Munar, vecina del sector, confrontó junto a otros líderes a unos hombres con pasamontaña y machetes. Con su celular, grabó el diálogo que sostuvo con un hombre, quien se identificó como Anderson Calderón, representante de la Fundación Ecored y contratista de la Alcaldía. “Nos envían a hacer un reconocimiento de la zona. Estamos limpiando el cerco. Ya le envío la verificación de los contratos”, se escucha en el video.
Ese mismo día, a las 11:26 a. m., Ecored solicitó a la Secretaría de Desarrollo la autorización para ingresar a los predios de reserva, prometiendo una jornada de reforestación con la siembra de 100 árboles nativos y el reconocimiento de la flora y fauna. “Nos comprometemos a realizar todas las actividades cumpliendo con las normas ambientales. Quedamos atentos a cualquier requisito adicional”, se lee en el mensaje.

Tan solo 24 horas después, el 8 de octubre a las 11:11 a. m., Juan Carlos Vera Camargo, secretario de Desarrollo, autorizó el ingreso. En la comunicación, no se solicitó documento que acreditara la experiencia de Ecored. Posteriormente, Vera se excusó ante Mariana Garzón, presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Churuguaco Alto, quien le dijo que la “Fundación Ecored había abusado de su confianza y fueron los responsables de la tala”.
Aunque este diario escribió al número de Ecored que aparece en el correo e intentó comunicarse con Anderson Calderón, al momento de esta publicación no hubo respuesta. Por su parte, el secretario de Desarrollo y Medio Ambiente, Juan Carlos Vera, tampoco respondió luego de llamadas y un mensaje.
Un jugoso contrato
Según habitantes y líderes locales, la tala se habría dado en el marco de un contrato interadministrativo por COP 1.100 millones, suscrito entre el municipio de Tenjo y la Empresa de Servicios Públicos EmserTenjo, cuya misión es prestar servicios de acueducto, alcantarillado y aseo. El contrato, adjudicado por contratación directa y en el que aparece el alcalde de Tenjo, Iván Nemocón, como ordenador del gasto, y al secretario de Desarrollo, Juan Carlos Vera, como supervisor, tiene por objeto reforestar 20 hectáreas; sembrar 20.000 árboles nativos de mínimo 30 centímetros de altura, así como el sostenimiento de plantación de reforestación de 20 hectáreas, aislar 17 kilómetros lineales y suministrar e instalar cerca.
“En la Secretaría, a Mariana y a mí, un funcionario nos mostró en la pantalla el número del contrato y nos dijo que sí, que era el mismo Anderson Calderón, pero no era a nombre de Ecored”, dijo Adriana Munar. “No entendemos cómo estaban talando árboles nativos de más de 2, 5 o 6 metros, para sembrar árboles nativos de 30 cm. ¿Por qué no socializaron antes ese contrato con la comunidad?”, cuestionó por su parte Mariana Garzón.
Lo que enreda el caso, es que en efecto sí existió un contrato para reforestar 20 hectáreas y la Empresa de Servicios Públicos abrió un proceso para subcontratar labores, pero por ningún lado aparece la Fundación Ecored. En la invitación pública que abrió EmserTenjo, solo resultó habilitada una empresa que si bien cumplió los requisitos habilitantes (capacidad jurídica, financiera, y organizacional), pero en la evaluación decía que no cumplía la curiosa experiencia específica de acreditar “máximo un (1) contrato de reforestación”. Para completar, su objeto social menciona servicios de silvicultura, pero también comercio al por mayor de productos químicos básicos, cauchos y plásticos; materiales de construcción, y comercio de prendas de vestir. Aunque intentamos comunicarnos con el gerente de EmserTenjo, al cierre de esta edición no hubo respuesta.
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Ahora, ¿se necesitaba el permiso de la CAR? De acuerdo con Mauricio Garzón, este requisito es necesario en predios donde existen especies nativas o de aprovechamiento y el municipio quiere reforestar bajo una identificación técnica de mejora. “Tendríamos que haber dado una validación técnica del sitio al realizar este tipo de actividad para la autorización y el consentimiento correspondiente, pero no recibimos solicitud”.
Lo que viene
En diálogo con El Espectador, el alcalde de Tenjo, Iván Nemocón, se defendió señalando que la autorización emitida desde la Secretaría de Desarrollo no está relacionada con el mencionado contrato de reforestación que “estaba a puertas de adjudicarse”. No obstante, llama la atención que el incidente ocurrió en predios que forman parte del Distrito de Manejo Integrado (DMI), una zona clave para la conservación de las fuentes hídricas que abastecen el Acueducto de Tenjo. Esta ubicación la confirmó Mauricio Garzón, de la CAR, quien afirmó que la afectación ocurrió en “predios de alta importancia ambiental”. Respecto a la cuestionada autorización, Nemocón reconoció un error por “no haber acompañado la actividad”. El alcalde admitió que, de no haber sido por la comunidad, “el daño sería aún más amplio”, convirtiéndose esto en una “linda oportunidad de tener un compromiso con el medioambiente”. Como reacción a la denuncia, aseguró que el mismo día “denunciamos a la CAR, solicitando visita urgente y prioritaria”.
Al preguntarle si iba a pedir la renuncia de su secretario, Juan Carlos Vera, respondió que no y defendió su gestión durante los últimos dos años. “Lo que hice fue enviar un comunicado para que el control interno verifique si el proceso que él autorizó tiene un mal procedimiento, pero no puedo olvidar que gracias a esa Secretaría, en los cerros hoy tenemos guardabosques, cero incendios y hemos hecho unas reforestaciones increíbles”.
Desde el Concejo de Tenjo, el cabildante Daniel Cárdenas anunció un debate de control político el 10 y 18 de noviembre a EmserTenjo y la Secretaría de Desarrollo, respectivamente, para cuestionar sobre el millonario contrato y sí había la necesidad de tal reforestación. “Esos cercados los habían hecho apenas hace tres años”, comentó. Por su parte, la CAR ya formalizó la medida preventiva inmediata de suspensión de actividades, con el fin de que no se realice ninguna otra afectación al Cerro de Juaica. En paralelo, ya adelantan la investigación en el marco del procedimiento sancionatorio ambiental y se articulan con Fiscalía y la Policía para identificar y judicializar a los presuntos responsables.
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En síntesis, la ejecución de un contrato de reforestación por COP 1.100 millones en Tenjo deja más preguntas que respuestas, marcado por la tala indiscriminada en zona de alta importancia ambiental y que tardará décadas en recuperarse. Las autoridades tienen entonces la investigación en sus manos para responder, ¿quién cometió el ecocidio?
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