30 Aug 2012 - 10:00 p. m.

Gachancipá: 400 años

Los 13.000 habitantes de este municipio se preparan para festejar cuatro siglos de existencia. Crónica de un pueblo que vive entre el anhelo del progreso industrial y el rescate de la memoria indígena en su territorio.

Santiago Valenzuela

Cinco campesinas pedalean esquivando árboles por caminos de cemento maltrechos, entre la neblina agitada que absorbe las veredas de Gachancipá. Antes de las 8:00 de la mañana bajan por una pendiente que comunica a la capilla de Santa Bárbara con la plaza central del municipio. Mientras avanzan van dejando atrás unas casas blancas que desde lejos parecen adornos de un pesebre.

Al llegar al pueblo se dispersan por esquinas diferentes. Las bicicletas andan sin problema y las calles planas de cemento les permiten pedalear con más velocidad. Bajo el camino de la vereda, por el que pasaron, aún están las huellas de la comunidad muisca que habitó el lugar; textiles, momias y fragmentos de cerámica chibcha se conservan al abrigo de la tierra.

Hoy, la herencia indígena y la capilla de Santa Bárbara son temas importantes para este municipio de Cundinamarca. En la Alcaldía Municipal hablan de las meditaciones filosóficas del zipa y de la gruta de Nuestra Señora de Lourdes. La razón de las disertaciones: Gachancipá cumple 400 años el 5 de septiembre y los preparativos remiten a la tradición.

Para el próximo miércoles se tiene planeada una jornada de festejo que va desde las 5:00 de la mañana y hasta el atardecer. Organizar la eucaristía, el desfile, el concierto sinfónico, la torta gigante y la muestra cultural y deportiva es el reto que tiene que enfrentar por estos días el alcalde municipal, José Nicolás Gómez.

Aunque a la entrada de Gachancipá abundan las casas de ladrillo y las urbanizaciones nuevas, los lugares tradicionales persisten detrás de los edificios. Un trecho fangoso en el costado nororiental del pueblo lleva a los caminantes hasta la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes. La entrada a este lugar sagrado está decorada con un camino de piedra y unos pinos que filtran la luz del sol.

En frente de una virgen protegida con rosas y pequeñas lápidas, John Alexánder Sánchez, director de cultura de la Alcaldía Municipal, explica que la historia del monumento comenzó en los años cuarenta. “Descubrieron una imagen pintada en una piedra y el párroco de ese entonces, Andrés Avelino Cote, consagró el hallazgo con la gruta”.

De la herencia indígena los habitantes de Gachancipá conservan el calendario muisca de las 20 lunas, una piedra gris de no más de 10 cm en donde están representados un sapo, una culebra, una rana sin patas y otros dibujos indelebles. Réplicas del tiempo de Bochica permanecen en las oficinas de la Alcaldía. Se habla de réplicas porque los textiles, una momia y vasijas de cerámica de los muiscas están en el Museo Británico de Londres.

Y en medio de este paisaje, como otro elemento cultural, se consagra al poeta antioqueño Gonzalo Arango, fundador del Nadaísmo. Una casa colonial de fachada amarillenta tiene su nombre marcado en la pared: Casa Cultural Gonzalo Arango. La razón de este homenaje se debe a las reflexiones que inspiraron varios poemas de Arango en las veredas de Gachancipá.

Probablemente los esposos de algunas de las mujeres que venían bajando temprano en la mañana en bicicleta trabajan en la zona franca del pueblo. Cruzando la autopista que comunica a Gachancipá con Bogotá y otros municipios aledaños se asientan tres multinacionales: Protisa, empresa chilena de papel, Weatherford, y Petrowork, dos petroleras extranjeras.

“Vamos a buscar un compromiso con los gobiernos departamental y nacional para fortalecer la industria. El miércoles haremos anuncios importantes de empleo, pero necesitamos el apoyo de Cundinamarca en la educación. El proceso industrial se tiene que dar de la mano con el educativo”, dice José Nicolás Gómez, el alcalde.

Antes de que las multinacionales se extiendan por la región, comenta Gómez, es necesario solucionar problemas de fondo como el de la salud. “Sólo tenemos un puesto de salud y los médicos no están atendiendo por las noches. Para ir a un hospital toca ir hasta Sesquilé, pero hay que pagar peaje. Luego de 400 años queremos un hospital propio”.

Las calles de Gachancipá están rotas y se escucha el ruido de las retroexcavadoras. Mientras los ingenieros arreglan las vías, las mujeres adornan sus bicicletas con bolas de tenis o cd para el concurso de las “bicicletas engalladas” programado para la fiesta.

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