La violencia regresó a las estribaciones de la Sierra Nevada. Durante varios días, zonas rurales del norte del Magdalena se han convertido en escenario de combates abiertos entre estructuras armadas ilegales, reactivando una disputa territorial que hoy deja muertos, desplazamientos forzados y un profundo temor entre las comunidades campesinas e indígenas.
Disparos ininterrumpidos, explosiones, uso de artefactos artesanales y presencia permanente de hombres armados transformaron veredas como La Fuente y sectores cercanos a Fuente Alta en campos de guerra. Habitantes aseguran que el sonido de los fusiles se escucha a cualquier hora y que, desde hace días, no pueden dormir tranquilos.
Aunque hasta el momento no existe un balance oficial consolidado por parte de las autoridades, organizaciones sociales advierten que el saldo preliminar sería de al menos seis personas muertas y siete heridas, la mayoría pertenecientes al Clan del Golfo, en medio de choques con las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada. Las cifras podrían aumentar debido a las dificultades para acceder a los puntos más afectados.
Campesinos en medio del fuego
Los enfrentamientos se desarrollan prácticamente frente a las viviendas campesinas. Familias enteras han tenido que refugiarse en cuartos sin ventanas, esconderse en potreros o salir de madrugada para evitar quedar atrapadas en medio de los combates.
El defensor de derechos humanos Lerber Dimas confirmó que por lo menos 50 familias han resultado afectadas, lo que equivale a cerca de 160 personas desplazadas o en condición de confinamiento. “Las comunidades están completamente expuestas. No hay garantías, no hay acompañamiento permanente y el riesgo sigue creciendo. Necesitamos una intervención urgente del Estado antes de que esto se salga aún más de control”, advirtió.
Líderes comunitarios aseguran que muchos desplazamientos se están dando en silencio, sin registros oficiales, por miedo a represalias. Varias familias han salido únicamente con ropa y documentos, buscando refugio en casas de familiares o en cascos urbanos.
Uno de los mayores problemas que enfrentan las comunidades es la ausencia de información clara. Hasta ahora, ninguna autoridad ha entregado un balance oficial sobre víctimas, heridos o desplazados, lo que aumenta la sensación de abandono.
En terreno, los habitantes coinciden en que la presencia estatal es mínima. “Aquí la única autoridad que se ve son los hombres armados”, señalan pobladores, quienes afirman que en cuestión de horas el territorio quedó bajo control ilegal.
La disputa se centra en corredores estratégicos que comunican la montaña con zonas bajas del departamento, especialmente hacia el corregimiento de Palmor, considerado un punto clave para el dominio territorial y las economías ilegales.
Guerra, propaganda y exhibición de poder
En medio de los combates, el Clan del Golfo difundió recientemente videos y comunicados mostrando un supuesto asalto a un campamento rival, exhibiendo armas, equipos y cuerpos sin vida. Las imágenes circularon ampliamente en redes sociales, generando mayor zozobra entre la población.
En respuesta, voceros armados de las ACSN reaparecieron públicamente negando algunas versiones, admitiendo bajas y anunciando que la confrontación continuará.
Esta disputa no solo se libra con fusiles, sino también con propaganda, mensajes intimidantes y exhibición de poder, en una lucha por controlar tanto el territorio como la narrativa del conflicto.
Alerta humanitaria y llamado internacional
Ante la situación, organizaciones sociales y plataformas de derechos humanos solicitaron la intervención de instancias como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA.
El llamado advierte sobre el riesgo inminente de una emergencia humanitaria mayor, con desplazamientos masivos, confinamientos prolongados y posibles víctimas civiles si no se adoptan medidas urgentes.
La principal preocupación es que el conflicto siga escalando y termine afectando directamente a niños, adultos mayores y comunidades indígenas que habitan en estas zonas.
Operativos militares, pero sin control sostenido
En paralelo, el Ejército Nacional ha adelantado operaciones en distintos sectores rurales del Magdalena, que han dejado bajas y capturas de presuntos integrantes de grupos armados.
Sin embargo, en las veredas afectadas, los habitantes aseguran que estos operativos son esporádicos y no garantizan una presencia permanente que evite el regreso de los actores ilegales.
Para las comunidades de la Sierra Nevada, el actual panorama revive los peores años del conflicto. Muchos pensaron que la etapa más dura había quedado atrás, pero los recientes enfrentamientos demuestran que la disputa por el territorio sigue resolviéndose con sangre.
Sin cifras oficiales, con desplazamientos en aumento y con grupos armados fortaleciendo su presencia, la violencia vuelve a descontrolarse en la montaña.
Hoy, en estas veredas, la incertidumbre es total. Nadie sabe cuándo será el próximo combate ni quién será la próxima víctima. Mientras tanto, campesinos e indígenas sobreviven entre el miedo, el silencio obligado y el abandono institucional, en medio de una guerra que, lejos de apagarse, parece estar entrando en una fase aún más peligrosa.