31 Aug 2013 - 9:00 p. m.

'Apertura, tasa de cambio y TLC han sido devastadores'

El exministro y catedrático José Antonio Ocampo cree que la protesta agropecuaria está sacando a flote viejos y nuevos problemas del campo. Entre ellos, la propiedad rural.

Héctor Sandoval Duarte

El fenómeno de protesta social del sector agropecuario que durante los últimos días salió a flote mostrando los inconformismos acumulados en el campo con el paso de las décadas, no sólo es un tema de repartir más subsidios a este renglón de la economía. Factores como el comportamiento de la tasa de cambio, apertura económica y firma de tratados de libre comercio son sólo algunas razones que han llevado al agro a su evidente postración.

El doctor en Economía, exministro y catedrático de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) José Antonio Ocampo, cree que en la actual coyuntura hay viejos y nuevos problemas del agro que aún no encuentran salida. Dijo a El Espectador que la política del Estado no ha sido la más adecuada para manejar la apertura económica —que data desde el gobierno de César Gaviria— y asegura que el país está en deuda con la tecnificación del campo colombiano.

Ahora que está dedicado a dar clases en la Universidad de Columbia, ¿cómo le explicaría a un alumno suyo lo que está pasando en Colombia en materia de paros del sector agrario?

Yo creo que lo que está ocurriendo es que aunque ha habido avances en materia rural —en reducción de pobreza y mayor acceso a servicios públicos—, la brecha entre lo rural y lo urbano no sólo es excesiva en el país, sino que se ha ampliado. Hay viejos problemas que no han encontrado una solución adecuada y también hay nuevos problemas.

De los viejos problemas, el más importante es la estructura de la propiedad rural. De los nuevos, diría que los acuerdos de libre comercio y la tasa de cambio sobrevaluada de Colombia son un perjuicio para el campo.

Le trasladamos la posición de Alfredo Cruz, líder de Dignidad Panelera en el Valle del Cauca: “Las protestas se justifican porque en Colombia no ha habido política agraria seria desde cuando el gobierno de César Gaviria adoptó la apertura económica sin ningún tipo de protección para el cultivador nacional”. ¿Qué opina?

Creo que se hicieron intentos de diferente naturaleza para hacer una política agropecuaria. Cuando a mí me tocó ocupar el cargo de ministro de Agricultura en la administración Gaviria, pusimos en marcha la Ley Agraria y algunos nuevos mecanismos de apoyo al sector. Creamos varios fondos de investigación y después vinieron los subsidios de la administración Uribe, que han sido objeto de suficiente debate.

Yo creo que en efecto ha faltado una política de Estado de cómo manejar el sector frente a la apertura, incluso cuándo moderar la apertura. Eso lo hicimos como un mecanismo que de pronto fue insuficiente, el de las franjas de precio, que todavía operan.

Reitero, con los TLC y con la sobrevaluación del peso uno de los grandes perjudicados es el campo colombiano.

Hay otro elemento en el cual en retrospectiva creo que nos equivocamos y fue en el montaje de un sistema de ciencia y tecnología más apropiado. Hay un problema importante de productividad para poder competir y en esta materia, para ser sincero, la reforma que se adoptó de transformar al viejo ICA en Corpoica no ha logrado crear una entidad con la misma capacidad que tuvo el antiguo ICA.

Y la transferencia de tecnología agropecuaria a través de las llamadas Unidades Municipales de Asistencia Técnica (Umata) ha funcionado en algunas regiones, pero no en todo el país.

Hay un problema de repensar el sistema de transferencia de tecnología; esto me parece esencial.

En línea con lo que usted asegura, este dirigente panelero dice que el agro se hizo inviable debido a los altos costos de producción, mientras que productos importados llegan baratos y subsidiados. ¿Esas afirmaciones son reales?

Hay productos agropecuarios subsidiados. Los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea no tienen suficiente protección contra los subsidios agropecuarios. Esto es inherente a ese tipo de tratados.

Por otra parte, el representante por los paperos de Boyacá, César Pachón, señala que los tratados de libre comercio han traído efectos desastrosos a este sector y a otros del agro...

Yo creo que una de las cosas que hay que hacer a raíz de esta movilización es analizar qué ha pasado en cada sector. La mezcla de apertura económica, TLC y tasa de cambio sobrevaluada es explosiva para quienes compiten con los productos importados y creo que en algunos casos es devastadora o va a ser devastadora.

Desde el comienzo de la apertura, y ese problema me tocó afrontarlo cuando fui ministro, los cereales y oleaginosas tenían una falta de competitividad que hubo que manejar y que terminó afectando seriamente algunos subsectores de la agricultura colombiana, pero hay otros que le deben sus dificultades recientes a la tasa de cambio.

Por ejemplo, bajo una tasa de cambio razonable, el café no necesita ningún subsidio en Colombia. El tipo de cambio no se puede manejar apropiadamente sin un Fondo Nacional del Café como el que existía al comienzo de los años noventa.

Los paperos señalan en este momento que producir una carga les cuesta $75.000 y reciben una remuneración de $25.000. ¿Cómo ve esta situación?

Creo que en el caso de algunos agroinsumos y de otros elementos, hay que ver cómo se reducen los costos. El Gobierno ya respondió diciendo que va a eliminar los aranceles para esos insumos. Esa medida me parece correcta.

Puede ocurrir como sucede en el caso de los medicamentos. El problema no es el costo de importación, sino el valor interno de la intermediación. Habrá que ver si lo mismo acontece en el caso de los insumos; este es un tema para el diálogo y para ver qué hace la política económica.

¿Usted cree que es posible que un campesino pueda vivir como en los tiempos de antaño? ¿O tendrá que integrarse a los proyectos agroindustriales? ¿Podrán convivir?

Yo creo que hay mucha agricultura pequeña que puede competir e incluso tener un gran éxito. Puedo decir que el proceso de paz en Colombia requiere que haya una agricultura de pequeña escala que pueda competir. Y si eso requiere un poco de protección, bienvenida la protección.

Regresando al gobierno Gaviria, ¿qué errores y qué aciertos reconoce durante su papel como ministro y director de Planeación Nacional?

A mí me corresponde el mérito de haber pasado dos leyes en el sector agropecuario que son muy importantes: la Ley 101 de 1993, que es la ley general agraria y que estableció un nuevo marco para el manejo del sector agropecuario en medio del proceso de apertura.

Esta ley, a mi juicio, debería ser el marco para ver qué se puede hacer para apoyar al sector. Segundo, la Ley 160 de 1994, que es la de reforma agraria. Eso es todavía el marco apropiado para manejar el tema en Colombia, incluyendo algunas de las figuras que han sido motivo de debate reciente.

 Por ejemplo, las zonas de reserva campesina fueron mi idea y deben ser objeto de un desarrollo más amplio en Colombia como parte del proceso de paz. Ahora, yo creo que nuevamente hay problemas que no se vieron en ese momento y que hay que solucionar. Reitero que hay que repensar a fondo el sistema de tecnología agropecuaria y creo sobre todo que hay que pensar a fondo el tema de la competencia; de la importación de productos agropecuarios e industriales.

Aunque la tasa de cambio se está corrigiendo parcialmente, la mezcla de apertura, TLC y tasa de cambio ha sido devastadora.

Retomando el tema de los subsidios al café, usted menciona que este cultivo no debería tener esas ayudas. Sin embargo, líderes cafeteros sostienen que los auxilios estatales no sirven si no se baja el precio de los insumos...

En principio el café es un producto que en condiciones normales de la economía no requiere subsidio y siempre fue competitivo. Primero, hay problemas serios con la tasa de cambio y este es uno de los grandes líos para el cultivo. Hay problemas que no se pueden manejar, como el alto precio del petróleo, lo cual incide en los fertilizantes.

¿Cómo reactivar el campo sin sacrificar la industria?

Hemos venido atravesando una enfermedad holandesa severa que ha afectado tanto a la agricultura como a la industria. Encima de eso, está la ‘indigestión de TLC’. Esto acabó de confundir el panorama.

Las medidas en favor de la agricultura no tienen por qué ir en contra de la industria; ambas se pueden favorecer con una política económica que busque una tasa de cambio más competitiva. Hay que moderar los elementos de la apertura que el país no pueda mejorar porque no está preparado.

Cuando la tasa de cambio estaba más competitiva, como a comienzos de la década pasada, a la industria y a la agricultura les fue mejor. De hecho, en el período de expansión 2003-2007 la industria aumentó su participación en el Producto Interno Bruto (PIB). Esto es totalmente diferente a lo que pasó entre 2008 y 2012, momento en el que perdió 2 puntos de participación en el PIB.

Es un conflicto entre estos sectores y otros que sí se han beneficiado. Un ejemplo, el minero-energético y el de los servicios.

La Andi habla de reindustrialización, pero usted asegura que sucede lo contrario...

Si la Andi habla de reindustrialización, bienvenida sea, porque pensé que habían olvidado la palabra industrialización.

¿El Mincomercio se volvió un despacho de comercio y no de industria? ¿Cómo esta cartera debe promover la recuperación?

En algún artículo que publiqué mencioné que deberían volver a crear el Ministerio de Desarrollo Económico. La agroindustria debe ser una preocupación del Ministerio de Agricultura. Uno de los problemas coyunturales más graves es la falta de confianza en este último.

También se le echa la culpa al sector minero-energético y a su expansión durante el gobierno de Álvaro Uribe de los malos resultados del agro...

Tenemos que explotar nuestros recursos mineros. Lo anterior es más de los últimos años que de la administración Uribe. Independientemente de mis afinidades con ciertos gobiernos, este problema es más de la administración actual que de la pasada.

¿Son necesarios más impuestos a las exportaciones mineras o unas normas más estrictas en materia de control de capitales?

Llevo cuatro años diciendo eso. Son necesarios más tributos más altos a la exportación de productos mineros y segundo, se requiere regular más la entrada de capitales incluyendo normas que definan qué es inversión extranjera directa, porque en Colombia hay mucha cosa que no es inversión y que entra como tal. Dentro de estos recursos hay plata de colombianos.

Al hablar de la enfermedad holandesa, ¿esta ya hizo metástasis en la economía?

Creo que hay esperanza. La enfermedad es de 40 grados, pero el paciente no está al borde de la muerte. Acá se debe corregir la política cambiaria, que ha sido el gran error de la política macroeconómica de los últimos años.

Alternativas para sacar adelante el agro colombiano

El economista José Antonio Ocampo cree que antes de pensar en industrias alternativas al café, hay que considerar que la producción del grano en Colombia continúa siendo muy baja, teniendo presente que el país puede dar mejores resultados en ese sentido.

“Colombia puede ser un gran exportador de productos agrícolas y esa es una de las grandes tareas de una política agropecuaria hacia adelante.

Así como la palma africana resultó ser uno de los sectores beneficiados con la apertura económica, estoy seguro de que muchos sectores pueden competir internacionalmente. No hemos tenido éxito con frutales, que ha sido una aspiración de largo plazo, lo cual necesita recursos para ser viable. Este país puede producir más de productos tradicionales”.

En cuanto a la defensa y uso de las zonas de reserva campesina para ayudar al campo a salir de su crisis, Ocampo manifestó que este tema merece ser estudiado por regiones de modo cuidadoso. “Esta figura de las zonas es buena y evita la concentración de la propiedad. Nunca fue concebida con ninguna autonomía administrativa ni política. Es para apoyar el desarrollo rural, pero ha habido una distorsión en ello en el debate reciente”.

‘Es viable una reforma ambiciosa’

José Antonio Ocampo, cuando fue ministro de Agricultura durante el gobierno de César Gaviria, impulsó la Ley Agraria y ahora, en medio de un complejo debate por la democratización de la propiedad y el uso de la tierra en el país, cree que “es viable hacer una reforma agraria más ambiciosa, obviamente respetando la producción empresarial altamente competitiva y la tierra bien utilizada por parte de los empresarios. Hay muchas grandes extensiones de propiedad inutilizadas”.

Explica que “nuestra ley de reforma agraria permite un uso más activo de la extinción del dominio cuando las tierras no están explotadas. Quizás es parte de lo que debería hacerse en la actualidad”.

 

Agrega que hay regiones como el Huila donde se ha hecho redistribución de la tierra, lo que ha llevado a que la pequeña propiedad se desarrolle de manera exitosa. “Ese departamento se convirtió en el eje de la producción cafetera y ha sido uno de los más beneficiados con la reforma agraria”.

hsandoval@elespectador.com

 

@hector_sandoval

Comparte: