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Así salvan a gatos y perros que viven en la calle

Nelcy Murcia, directora de la Fundación Salva un Amigo, explica la labor que realiza la organización y sus proyectos que tienen para seguir ayudando a estos animales.

Juanjosé Gutiérrez Rodríguez

13 de abril de 2016 - 05:47 p. m.
/ AFP
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Nelcy Murcia es la directora de la Fundación Salva un Amigo. A diario, se dedica a buscar hogar para los perros y gatos que son encontrados en la calle. Es lunes, se acerca la hora del almuerzo y ella se encuentra en busca de un Golden Retriever del cual tuvo noticias gracias a la llamada de un colaborador. “Yo creo que a diario recibo de 15 a 20 llamadas sobre animalitos perdidos o abandonados”, confiesa.

Después de recibir la llamada, ¿qué sigue?

Les tomo las fotografías a los perritos tratando de captar el gesto del animal para que la gente me ayude a adoptarlo o tenerlo por un rato. Escribo su historia. Intento que la historia como la fotografía ilustre lo que siente cada mascota para generar empatía y si hay alguna familia interesada comienza el proceso de adopción.

¿Cómo trabaja entonces Salva un Amigo?

Nosotros somos voluntarios de buen corazón, flexibles que llaman. Me colaboran siempre dos personas. La fundación trabaja principalmente a través de Facebook, en esa red difundimos fotografías que las personas comparten y quien se sienta identificado con el animalito nos contacta. Tenemos unas preguntas en un formulario para los adoptantes, conocemos la familia adoptiva, miramos la casa, el lugar en el cual estará el animal y que todos estén de acuerdo en tener una mascota, y antes de entregarlo, nos aseguramos que el animalito esté saludable, que esté esterilizado. Se les pide que las mascotas tengan su placa de identificación, que las saquen siempre con correa, que no las dejen sueltas. Hacemos una educación a la gente sobre lo que es tener una mascota y si por alguna circunstancia el animal no se pudo acoplar a la familia, nosotros lo volvemos a recibir.

¿Cuál es su profesión?

Yo soy diseñadora gráfica, trabajo con una empresa en la parte de diseño y tengo destinado que la mitad de mi tiempo, sobre todo en las mañanas, a las cosas de mis animales, y en las tardes, hago eso de lo que yo vivo, del diseño.

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¿Cómo una diseñadora gráfica llegó a crear una fundación para apoyar la adopción de animales callejeros?

Siempre he tenido esa sensibilidad con los animales de compañía. El caso es que yo no sabía mucho de todo esto, de la protección animal y el problema del animal en la calle, y en el 2008 conocí una pareja que rescataba animalitos de vez en cuando y a mí me pareció chévere. Una vez una amiga que vivía en Estados Unidos me dijo que quería comprar un perrito para el sobrino y yo le dije: no, no vas a comprar, que yo tengo una pareja conocida que nos puede ayudar, y cuando pregunté me dijeron que no había French (Poodle), pero que en el centro de Zoonosis mataban a los animales, entonces yo dije: ¿Cómo así? ¿Cómo la gente puede ser tan cruel?

¿Qué recuerda de esa ida a Zoonosis en el 2008?

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Cuando yo llegué era terrible, era como un campo de concentración en ese entonces. Hay que ser sinceros, las cosas ahora han cambiado, dado que ya tienen otros médicos que con más sensibilidad están pendientes de los animales y ya hay un control ciudadano que los obligó a cambiar. Pero cuando yo conocí Zoonosis, el animal estaba en riesgo permanente de ser sacrificado en cualquier momento, era tan dura la situación que inclusive había personas que hacían el aseo de las jaulas con los perros adentro, y el animalito terminaba mojado y como ellos dormían a la intemperie, el frío era tremendo, y el perro terminaba enfermo y en una situación difícil.

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¿Usted sabe cuántos animales recibía Zoonosis y a cuántos podían sacrificar por semana?

Realmente por número no sé, pero podían recibir unos 150 o 180 animales al día; y los martes y jueves se podían sacrificar unos 400 animales. El problema era que la capacidad de Zoonosis no era suficiente, ni había una responsabilidad para afrontar el problema.

¿Cómo creó entonces Salva un Amigo?

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Nació como un aliado de Zoonosis, como una especie de voluntariado donde se cuidaran a los animales y fuera posible la adopción. El director de Zoonosis en ese momento se dio cuenta que el proyecto podía funcionar porque en ese año pasaron de dar en adopción de 70 animales, a cerca de 1.500.

¿Cuál fue el trabajo de organización del voluntariado?

Yo como diseñadora generé el logo, hice las camisetas; me gustaba que fuera de color naranja, porque tiene que ver con el calor de hogar, y puse una carita feliz en forma de corazón porque el voluntariado tiene que tener un corazón grande. El voluntariado estuvo activo desde el 2010 hasta el 2012, año en que Zoonosis tomó el voluntariado.

¿Qué sucedió después de que Zoonosis hiciera propio el voluntariado?

Muchos voluntarios montaron sus fundaciones, otros siguieron independientes ayudando -porque siempre hay animales que necesitan ayuda- por ejemplo, en mi caso yo seguí ayudando animales que ya tenía, que estaba ayudando y llegué a tener casi 60 animales a mi cargo, y por supuesto, seguí trabajando con Salva un Amigo.

A partir de 2013, Zoonosis dejó su nombre para convertirse en La Casa de Acogida. Tienen que ver con esterilización y trabajan con la red pública de hospitales, parece que ahora están mejor organizados, ¿usted lo ve así?

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El cambio es favorable, como digo ahora, hay nuevos profesionales que se preocupan por la salud de los animales y ese centro no se maneja como una empresa.

En este centro de acogida de Bogotá se reciben animales 3 veces por semana, cada día ingresan en promedio 17. ¿Por qué el tema del animal en la calle sigue siendo un tema central en la ciudad?

Yo creo que es llegar a educar sobre la tenencia responsable, hacer campañas masivas permanentes y constantes a nivel de esterilización. Yo creo que la esterilización es lo primero que se debe hacer, en un número de 80 mil o 100 mil cada mes, pero es que no llegan sino a 50 o 20 mil, entonces no hay una voluntad política todavía para gestionar recursos con el fin de hacer una esterilización masiva y permanente; una perrita criolla puede dar 12 criollos y la mayoría de esos cachorros son hembras, entonces el crecimiento es exponencial. Y la gente tiene que entender que el animal no es una cosa que se puede cambiar, se puede botar, se puede reemplazar. Y aunque hay leyes en contra del maltrato animal, no hay un apoyo de la policía, no hay abogados preparados específicamente en el tema de la ley.

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En Medellín tienen una casa, una especie de hogar adecuado para las especies animales, ¿podría ser este un buen ejemplo a seguir?

Sí, se llama La Perla. Tiene unidades móviles que salen a los barrios y ayudan a los animalitos mientras que acá la cosa es diferente. Hay médicos que contrata la Secretaría de Salud pero no tienen sino de a 40 a 50 cupos para atender a los animales y cuando se acaban los recursos pues se acaba el programa.

Gracias a la página de Salva un Amigo, se pueden rastrear algunos casos de éxito, ¿de qué se trata?

Logramos que algunos de nuestros perros se fueran para Canadá y tuvieran un hogar allá.

¿Cómo fue posible eso?

Los milagros de la red: Una persona residente en Canadá vio las fotografías que yo publicaba en Facebook, entonces comenzó a buscar familias adoptantes y encontramos una empresa allá que traslada animales. Ya he mandado 57 animales, mando de uno o dos cada vez que una familia quiere una mascota. Normalmente la familia le paga a la empresa lo que es el envío, el pasaje, la plata del guacal y las vacunas, y yo dono mi tiempo para los traslados de las mascotas.

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¿Cuándo fue el primero y cuándo fue el último?

El primero fue en el 2009, se llamaba Brush, era como un Schnauzzer cruzado y en la fotografía quedó como con los ojos llorosos, porque estaba a punto de ser sacrificado, y entonces apareció Claudia Bohórquez, quien se lo llevó. También recuerdo a Mono, un criollito que rescaté en la estación Los Héroes y una French Poodle, de los cuales Claudia se enamoró y también se los llevó. Los últimos se fueron el pasado miércoles Santo, se fue Moca, que era como una Pincher. También Pinina, que era una Chihuahua chiquita.

¿Cómo pueden las personas ayudar a la Fundación?

Yo creo que se puede colaborar uniéndonos más, porque uno cree que somos muchos, pero somos muy pocos porque el censo está en 1,5 millones de animales callejeros, nosotros ayudamos a 4 o 5 pero es muy poquito. Nos pueden ayudar con donaciones de comida, de medicamentos o nada más ir a la guardería a darle una vuelta al perro, saludarlo para que tenga ese contacto humano.

Por Juanjosé Gutiérrez Rodríguez

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