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Bajo Baudó lucha por el agua potable

El Gobierno entregó tres plantas potabilizadoras para mitigar una de las problemáticas más latentes del Pacífico.

Tatiana Molina Vargas

24 de julio de 2014 - 03:04 p. m.
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Bajo Baudó está ubicado al sur de Chocó, a 198 kilómetros de Quibdó. Según el lenguaje del pueblo indígena Noanamá, que habita en Colombia y Panamá, la palabra Baudó significa “río de ir y venir”, debido probablemente a las mareas del Océano Pacífico que rodean el municipio, envuelto también entre el espesor de la selva y el Río Baudó.

Pese a estar cercado por varias fuentes hídricas, esa localidad ha carecido del suministro del líquido potable. Neila Luz Murillo Quiñones, quien nació en Pizarro, la cabecera municipal, recordó que “ha sido deficiente, antes se tomaba de los pozos para lavar la ropa o de la lluvia para preparar los alimentos”.

Precisamente por el agua, en abril de este año, una emergencia sanitaria puso en alerta al poblado. El centro de salud de Pizarro no dio abasto para atender a 430 habitantes que presentaban náuseas, vómito, diarrea y malestar en el abdomen; síntomas que suelen adquirirse tras consumir alimentos contaminados y que ocasionan la gastroenteritis –una inflamación del intestino causada por diferentes virus-.

Luego de un examen de laboratorio practicado por el Instituto Nacional de Salud (INS) en la zona, se determinó que el agua que proveía el acueducto del municipio, construido hace 40 años, no era apta para el consumo humano. La presencia de bacterias fecales como coliformes, entercoco y escolio pusieron en grave riesgo la salud de las más de 20.000 personas que viven allí.

Para superar el hecho fue necesario hacer un llamado nacional, pues el tema de servicios públicos ha sido complejo durante la historia de uno de tantos sitios olvidados del Chocó. Así lo manifestó Rafael Antonio Posso, alcalde del municipio: “pasamos por una crisis de salud, consumimos agua contaminada y al mismo tiempo hubo una epidemia de dengue. Fue preocupante, por eso hicimos una alerta al Gobierno y a los medios de comunicación, porque no conseguíamos respuesta rápida por parte de la administración departamental”.

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Visitar Bajo Baudó requiere de trayectos por vía fluvial o aérea, puesto que no existe una carretera que comunique directamente con Quibdó. Paradójicamente, es más rápido llegar en helicóptero desde Buenaventura, en el Valle del Cauca, que por la capital chocoana. Esa situación también dificultó la pronta solución de la emergencia de salud, porque “para trasladar a un enfermo a Quibdó se debe cruzar el Río Baudó e Itsmina, y ese es un camino muy largo. Hay salida por el mar, pero sería más peligroso para los enfermos por el movimiento en el agua. Lo ideal sería hacerlo vía aérea pero resulta muy costoso”, agregó el burgomaestre en entrevista con El Espectador.

Después de tomar las muestras, la advertencia del INS fue clara: mientras se reparaba o construía otro, era necesario cerrar temporalmente el acueducto del municipio. En consecuencia, limpiaron la tubería, realizaron una campaña pedagógica para que la gente tomara el agua hervida y pidieron la construcción de un nuevo acueducto.

La estrategia educativa fue un proceso, teniendo en cuenta que durante años ha sido costumbre de los bajo baudoseños recolectar el agua de lluvia, tomarla del río o simplemente comprarla. Nelly Rivas Mosquera, propietaria de un restaurante en Pizarro, sostuvo que los servicios públicos han sido deficientes, en especial el del líquido vital. “Carecemos de muchas cosas, pero más de agua. No es tratada y muchas veces se va. En el restaurante usamos el agua de la lluvia y la hervimos para el consumo humano, pero somos conscientes de que a veces eso no es suficiente”.

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Casi dos meses después de ese episodio, el Gobierno entregó tres plantas potabilizadoras portátiles financiadas con recursos del Plan Departamental de Aguas del Chocó y como solución parcial frente a la crisis, pues actualmente el acueducto está adelantado en un 60 por ciento. Los dispositivos fueron transportados desde Buenaventura por vía marítima, por lo cual tardaron alrededor de tres días en llegar.

Según explicó Luis Felipe Henao, ministro de Vivienda, “en un plazo máximo de cuatro meses se entregará la obra que tuvo una inversión de $2.500 millones y que beneficiará a más de 5.000 personas. Luego, se destinarán otros $10.000 millones para el alcantarillado y la planta de tratamiento de aguas residuales que ayudarán a saldar la deuda histórica del agua con el Chocó”.

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Las plantas portátiles dieron un parte de tranquilidad en Bajo Baudó. Ahora sus habitantes pueden acercarse a retirar el agua que necesiten cualquier de la semana, entre 7:00 a.m. y 10:00 a.m. y entre 4:00 p.m. y 6:00 p.m. El requisito indispensable: llevar envases totalmente limpios, puesto que el agua está reservada sólo para el consumo humano.

Por ahora los bajo baudoseños esperan contar con agua potable las 24 horas del día para responder por ese derecho, que según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “deben garantizar los Estados a todas las personas para el uso personal y doméstico, que comprende el consumo, el saneamiento, el lavado de ropa, la preparación de alimentos y la higiene personal y doméstica”.

No obstante, habitantes como Hugo Rentería reconocieron que aunque cuentan con una gran cantidad de agua no la pueden usar adecuadamente. “Estamos indignados porque Chocó es una tierra con mucha agua pero no contamos con lo suficiente para utilizarla bien. El Gobierno debería mirar para acá más y llegar con más fuerza, porque aunque lo hacen falta más ayuda y atención”.

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¡Ayuda para el colegio!

Las necesidades de Bajo Baudó trascienden la problemática del agua. En la visita a ese municipio, este diario conoció que el Centro Educativo Francisco Pizarro, ubicado en la zona urbana presenta deficiencias estructurales, pues igual que en el viejo acueducto, las instalaciones de ese colegio fueron edificadas hace más de 40 años y se han venido agrietando.

Frente a esto, el alcalde Posso se mostró temeroso al decir que en ese sitio se podría presentar una catástrofe que arriesgaría a 587 niños y jóvenes que estudian allí. “Se construyeron ocho aulas nuevas pero no son suficientes, hay que tener más porque se debe tener en cuenta que hace 40 años no se elaboraban con las reglamentaciones que se exigen ahora”.

En este sentido, Lucrecia Bonilla Rivas, rectora del colegio pidió que se reconstruya la institución y se tengan en cuenta otros escenarios. “Los espacios no son suficientes, no tenemos dónde reunir a los padres de familia y tampoco hay biblioteca”.

En pro de recuperar el colegio y en vista de la falta de recursos de la administración municipal, el burgomaestre local envío un oficio tanto al Ministerio de Educación como a la Gobernación para solicitar la pronta intervención en el plantel educativo. Sin embargo, Posso dijo que aún no ha recibido ninguna respuesta, y agregó que “en el Chocó está todo por hacer. Pedimos una mejor calidad de vida, con servicios públicos y necesidades básicas satisfechas”.

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Por Tatiana Molina Vargas

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