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Tienen el mismo origen. Incierto en cuanto a fechas y cargado de variadas influencias que les confieren un cariz más enigmático, más universal. La Iglesia de San Nicolás de Tolentino y la ciudad de Barranquilla no podrían estar separadas. Quizá por ello la historia se encargó de enfatizar su hermandad desde la evolución misma del nombre de la gran urbe caribeña, que una vez fue San Nicolás de la Barranquilla, otra Barrancas de San Nicolás y años después Barranquilla de San Nicolás.
En madera empezaron ambas y el desarrollo de una y otra resultó tan tortuoso como prolongado en el tiempo. Cuando Barranquilla estuvo en su máximo apogeo, después de mediados del siglo XIX, se convirtió en lo que el ex presidente Marco Fidel Suárez llamaría luego la Puerta de Oro de Colombia, ese inevitable punto de encuentro para el comercio a través de la ribera del Magdalena. Cuando la iglesia era referente obligado para la feligresía de la ciudad, años antes del gobierno de Suárez, el Vaticano la hizo incluir en el listado de pro-catedrales. Pero así como la navegación en vapor fue sustituida por medios más modernos para el comercio y nuevos enclaves portuarios le robaron relevancia a la ciudad, San Nicolás terminó no siendo catedral, pues ese honor católico le fue entregado al templo María Reina, de la plaza de La Paz, en 1982.
Entre uno y otro acontecimiento, San Nicolás fue objeto de sacrilegio por parte de la turba liberal que protestaba tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. No faltan quienes piensan que las noticias sobre el saqueo al centro religioso —con oprobios a símbolos como las hostias— fueron una de las causas por las cuales el Vaticano buscó nueva catedral en la ciudad.
Vinieron luego el proceso de deterioro de la ciudad, la invasión de la Plaza de San Nicolás por parte de vendedores ambulantes y la pérdida del espacio público.
“Yo nací en 1947 y desde que tengo memoria la Plaza de San Nicolás siempre había sido horrible”, dice Rafael Iglesias, arquitecto urbanista y antiguo coordinador del Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito, acerca del recién renovado lugar, que desde ayer está limpio y libre de callejones de ventas informales que a duras penas permitían divisar los edificios. El desorden, los olores, la exagerada magnitud de un problema de años —que igual aqueja a otros sectores de la ciudad— se fueron de San Nicolás, cuya plaza ha pasado por cinco procesos urbanísticos desde 1900: fue una fuente de soda, Parque San Nicolás, Parque Bolívar, Parque Colón y ahora un recuperado viaje al pasado de la ciudad.
A la ciudad de Ramón Vinyes, el hombre del Grupo de Barranquilla que ayudó a modelar al “Sabio Catalán” de Cien años de soledad. A la de la influyente familia política Salazar Mesura. A la del italiano Bartolomé Molinari, quien hospedó dos veces en lo que hoy es San Nicolás, al libertador Simón Bolívar.
Con la renovación de hoy, Barranquilla recupera puntos en su índice de espacio público por habitante, que en 2010 fue de 0,84 metros cuadrados, muy por debajo de los 12,5 metros de los que hablan los estándares internacionales. He ahí otro de los retos de la administración local.
“En el Edificio de la Aduana es donde realmente nace el proyecto de creer en el centro histórico y de restaurarlo”, cuenta Adriano Guerra, director del archivo histórico del Atlántico. En la Aduana funcionan la Biblioteca Piloto del Caribe, una galería y, en general, gran actividad cultural. Le siguió la construcción del Parque Cultural del Caribe, residente del barrio Barlovento, una zona de difícil situación social y económica. Allí están hoy el Museo Interactivo del Caribe y una biblioteca infantil, al igual que una sala de eventos.
“Aún siguen algunos edificios antiguos de Barranquilla, de suma importancia, amenazados, como el teatro Rex, que es hoy un parqueadero; el Banco Comercial de Barranquilla y el Banco Dugan, que son ahora almacenes de telas…”, cuenta Guerra. Y como Barranquilla no tiene historia escrita, ni en el papel ni en la memoria, la pregunta es si se logrará crear un vínculo identitario que permita la conservación de este nuevo espacio. Ya antes, con todo y comercio, los habitantes respondían positivamente a mociones artísticas como la del grupo de teatro de Carlos Gómez, por ejemplo, que presentó varias obras en un ciclo dedicado a Gabriel García Márquez ideado por el poeta Miguel Iriarte, hace dos años, en esa misma plaza (al que, por cierto, se acercaban incluso indigentes como espectadores).
No deja de ser un problema la reubicación de los vendedores estacionarios, que siguen en los alrededores ocupando calles completas, aunque la Alcaldía explica que lo que se hizo ahora fue una reubicación temporal. Los carteles de las edificaciones develan también la poca rigidez en los cuidados con las obras arquitectónicas patrimoniales. El Edificio Volpe, por ejemplo, lleva en la fachada el aviso “Almacén La Perla”, en un acrílico discordante y agresivo con la arquitectura. Aún con esto, esta inauguración no deja de marcar un hito en la historia de Barranquilla, una ciudad que mantiene su progreso dormido y en bruto en su río y en su centro.
Se reinauguró la Plaza donde nació Barranquilla
La reinauguración de la Plaza San Nicolás se celebró ayer con la participación de la Orquesta Sinfónica Metropolitana, la Banda Folclórica Distrital, los grupos de danza La Matuna y Estefanía Caicedo y la intervención del historiador chileno, pero hijo adoptivo de la original Barranquilla de San Nicolás, Jorge Villalón, quien hizo una narración sobre la importancia histórica del lugar.
Ahora se espera que continúe la recuperación de la Plaza de la Iglesia San José, el entorno de la Iglesia San Roque, del Hospital de Barranquilla y del Paseo de las Palmas.
El próximo 26 de marzo en la Plaza San Nicolás tendrá lugar el Primer Festival Internacional de Poesía “Grito de Mujer”, organizado en Barranquilla por la Fundación Cultural La Sombra del Matarratón, que se realizará simultáneamente en 15 países. Este festival pretende hacer un llamado frente al papel de las mujeres dentro de la sociedad.