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Coca por pimienta

Rodrigo Trujillo es el precursor de la siembra de este cultivo en el Putumayo y la creación de la asociación “Empresarios Agrícolas para la Paz”, con la que cientos de campesinos han encontrado un sustento y han logrado sobrevivir a la violencia.

Carlos Barragán, Caracol

03 de noviembre de 2014 - 09:00 p. m.
Rodrigo Trujillo es uno de los nominados en la categoría Gestos de paz./ Carlos Barragán
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Antes de las drogas, aquí en Putumayo se vivía de la ganadería, se sembraba plátano, yuca, arroz y maíz, y lo digo porque lo viví. Pero a mediados de los 90 todo se volvió coca y con ese cultivo también llegó la violencia civil, una tremenda injusticia social y el campesino se volvió egoísta y lleno de un odio que aterraba al más bravo", recuerda con dolor Rodrigo Trujillo.

Dice con vergüenza que la ambición rompió el saco, la vida perdió todo valor y quien tuviera más de cinco hectáreas con hoja de coca quedaba en la lista de los grupos armados. Al comienzo los narcotraficantes pagaban pero con el tiempo el cultivo dejó de ser rentable porque cuando el campesino salía a buscar compradores estos desaparecían o sólo decían que no había plata para comprar; entonces tuvieron que entregar sus cosechas fiadas o al crédito, que en muchas oportunidades no cobraban porque al que reclamaba lo mataban.

"En el 98 le propusimos al Gobierno sustituir cultivos, pero sólo hasta el 2002 con el Plan Colombia se dieron cuatro proyectos agrícolas e industriales de los cuales sólo el nuestro, el de la pimienta, sobrevivió. Empezamos con 240 familias y aunque la coca se llevó a varias, nosotros le apostamos a cambiar de vida porque estábamos cansados de la persecución de la justicia, de las fumigaciones y de la vacuna que había que pagarle a todos", relata Rodrigo.

Cada vez que Trujillo consigue un nuevo sembrador de pimienta le explica que la plántula crece durante dos años y a partir de ese momento viene la recompensa pues cada 15 días recoge una cosecha. Además en Villagarzón, Putumayo, está la planta, donde un grupo de empleados procesa y empaca la pimienta que hoy consumen los mejores restaurantes de Bogotá.

“Antes yo vivía en Camboya y tuve la fortuna de estar en “Kep”, un pueblo muy famoso porque exporta pimienta a Francia. Cuando proveí la pimienta de Rodrigo no tuve ninguna duda que es de calidad mundial. Por eso estamos trabajando la próxima carta con la base en esta maravilla de pimienta”, afirma la chef internacional del Wok, Tansy Evans.

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“Este titán es como un padre que brega para que los hijos echen para adelante, él nos consigue ayuda técnica para mejorar”, dice Éver de Jesús Correa, un campesino que tiene 300 plántulas listas para sembrar. “Es un campesino como nosotros, él es el gerente de la empresa, no la dejó quebrar. Confiamos porque nos ha demostrado que esto es rentable y se encarga de vender lo que sembramos”, agrega Agustín Díaz mientras que otro pimentero de Villagarzon dice que cada día le pide a Dios que su cultivo crezca para no volver a la ilegalidad de la coca.

Cansados también de ser tratados como víctimas, estos campesinos del Putumayo decidieron unirse y crearon “Empresarios Agrícolas para la Paz”, una agremiación de unos 60 pimenteros que recolectan 2 toneladas de producto al mes y que les garantiza en promedio un millón de pesos de salario por familia. “Hay otro grupo como de 100 campesinos que ya tiene acondicionados los terrenos para sembrar las plantas. “Aquí la pimienta le puso la pata a la coca”, asegura Mario González.

Trujillo dice que su meta es sacar el departamento adelante y enseñarles a los niños que se están formando que el Putumayo es una tierra grata donde pueden soñar, crecer y tener oportunidades.

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Por Carlos Barragán, Caracol

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