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Cristal Arboleda falleció, pero su testimonio vive

“¿Quién nos va a contar?”, reclamó Cristal, mujer trans víctima del conflicto armado en Tumaco, pidiendo que la Comisión de la Verdad reconociera que en la guerra los actores les hicieron trizas la vida a las personas LGBT, solo por el hecho de serlo.

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Pilar Cuartas Rodríguez
11 de noviembre de 2020 - 11:02 p. m.
Cristal Arboleda fue una mujer trans activista en Nariño.
Cristal Arboleda fue una mujer trans activista en Nariño.
Foto: / Ilustración: Brenda Ramírez y Mateo Gamboa
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Adonde fuera, Cristal reclamaba siempre los patacones en su plato. No importaba si había pescado o pollo asado, los patacones eran lo esencial. Había crecido con ellos. Quizá le recordaban al colegio, a las tardes tumaqueñas de su adolescencia y a las escapadas con su primo por la Ramada para comer un patacón y un salchichón. A ese plan también le seguían los reinados clandestinos en los que las trans se reunían para poder ser, en medio de una sociedad azotada por el conflicto armado, que impuso un orden que no permitía ser lesbiana, gay, bisexual o trans. Cristal fue víctima de esa violencia prejuiciosa y su testimonio quedó consignado en el más reciente informe entregado a la Comisión de la Verdad, cuyo título es, además, su propio reclamo: “¿Quién nos va a contar?”. (“Cuando nos niegan el amor”: un conversatorio sobre el amor entre personas LGBTI)

Cristal se reconocía a sí misma como una mujer trans víctima del conflicto en Tumaco, pero solo 15 años después de lo que padeció pudo contarlo con su voz. Tampoco reducía su vida a ese sufrimiento y, antes que víctima, se reconocía como una mujer que amó, que lideró y que resistió. Quienes la recuerdan hablan de su constante sonrisa. Hacia 2018, cuando se reunió en un hotel de Tumaco con las investigadoras de Colombia Diversa, que consignaron su relato, habló con suavidad, pero de forma precisa sobre cómo su cuerpo se desgarró en medio de la guerra. Una frase a la vez y luego una pausa, para llorar entre todas la crudeza de sus palabras. (Trans-feminicidios, del odio y la sevicia)

Los ilegales instrumentalizaron a Cristal y la obligaron, junto a otras siete personas LGBT, a “ambientar” la celebración de su grupo armado. La llevaron en un vehículo privado desde el centro de la cabecera municipal de Tumaco hasta una discoteca en las inmediaciones de la carretera que conecta Bucheli y Chilví. El informe “¿Quién nos va a contar?” narra que allí, después de haber sido el centro de la fiesta, todas las personas LGBT que habían sido convocadas al evento fueron sometidas a crueles vejámenes sexuales. A Cristal la violaron ocho miembros del grupo armado, la golpearon y le echaron hormigas. La burla y las amenazas siempre estuvieron presentes. (“Si incluye a las personas LGBT, la Comisión de la Verdad cambiará la historia”)

Después llegaron los panfletos amenazantes que apuntaban a las personas LGBT y, entonces, Cristal huyó a Ecuador donde sobrevivió tres años gracias a la peluquería. Esa lógica de la guerra evidencia, según la investigación de Colombia Diversa, que a las personas LGBT se les consideraba inferiores o seres con cuerpos disponibles y desechables, y se les perseguía con el ánimo de excluirlas por completo de la sociedad. En medio de su relato, Cristal elevó este reclamo: “¿Quién nos va a contar?” y este, a su vez, se convirtió en el título del documento entregado a la Comisión de la Verdad. “Ella nos hizo esta pregunta y nos contó su historia porque no quería que esto le pasara a alguien más. Dijo: ‘soy la dueña de mi propia historia, no quiero que se quede en silencio, sino que se conozca para que no se repita’”, recuerda María Daniela D. Villamil, investigadora de Colombia Diversa en este informe. Comunidad LGBT de El Carmen de Bolívar: reconocida como sujeto de reparación colectiva

Meses después de atreverse a contar en voz alta lo que había vivido, Cristal llegó a Bogotá en marzo de 2019 para entregar a la Jurisdicción Especial para la Paz otro informe en el que se retrató la violencia que vivió la población LGBT en Tumaco (Nariño) y Antioquia, zonas priorizadas en los casos 002 y 004. Pidió que le tomaran una foto en la terraza y que se viera la camiseta blanca con un signo de interrogación estampado que vestía, exigiendo tal vez que el sistema transicional de paz fuera capaz de contar su verdad. Tania Garibello, la única trans en Ortega (Tolima)

Después se convirtió en candidata al Concejo de Tumaco. Era activa políticamente y soñaba con luchar para que las personas LGBT pudieran ser sin “peros”. Su primo David aún recuerda cuando ambos, ella trans y él gay, se escapaban de la casa a ratos para poder ser. En su ingenuidad se iban a la playa El Morro y de regreso, en vez de subirse al bus, caminaban tres horas mientras la gente les chiflaba en el camino y les lanzaban piedras gritando “maricones”. David y Cristal no eran conscientes de la carga discriminatoria de esa agresión y, solo años después, gracias a su activismo, la identificaron.

La muerte le llegó a Cristal hace más de un mes por problemas de salud, pero su testimonio vive en ese documento que elaboró Colombia Diversa y que hoy se suma a otras dos investigaciones que intentan narrar lo que fue la guerra para las personas LGBT y que fueron entregadas a la Comisión de la Verdad. Por primera vez en el mundo una Comisión de esta naturaleza tiene el mandato explícito de esclarecer el impacto del conflicto sobre las personas LGBT, una oportunidad para que el Estado colombiano incluya en su historia oficial a estas personas y nos cuente qué les pasó, de qué manera, a manos de quién y con qué propósito.

“¿Quién nos va a contar?” concluye que la discriminación estuvo en el corazón del conflicto armado colombiano y que las personas LGBT, especialmente en Nariño, Putumayo y el sur de Tolima, fueron objeto de persecución, hostigamiento y anulación sistemática. La violencia que sufrieron tuvo sus propias particularidades, porque fue por prejuicio. Se les atacó, se les asesinó y se les desplazó solo por el hecho de amar a quienes amaban o de verse como se veían. Y Cristal sufrió ese régimen cuando apenas alcanzaba la mayoría de edad. “A la memoria de Cristal, una luz que reía y resistía a pesar de la guerra que le marcó el cuerpo. Gracias por enseñarnos a resistir amando”, se lee en la dedicatoria del informe entregado por Colombia Diversa a la Comisión de la Verdad.

Cristal soñaba con abrir su propia peluquería, “Casa de reinas”. Hija de María Colombia y Ramón. Ahora su historia quedó narrada con su propia voz. Ella y las casi 30 víctimas que también compartieron sus testimonios esperan que la Comisión de la Verdad dedique un capítulo específico sobre la situación de personas LGBT en el marco del conflicto armado, esclarezca el impacto diferenciado sobre esta población y que las reconozca no solo como víctimas, sino también como constructoras de paz.

Pilar Cuartas Rodríguez

Por Pilar Cuartas Rodríguez

Periodista y abogada. Coordina la primera sección de “género y diversidad” de El Espectador, que produce Las Igualadas y La Disidencia. También ha sido redactora de Investigación. @pilar4aspcuartas@elespectador.com

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María(60274)11 de noviembre de 2020 - 11:28 p. m.
Que triste un País donde se mata a la gente por ser ella misma sin hacerle daño a nadie y se ensalza y se lleva a presidentes a genocidas y ladrones como al que tenemos de presidente en este momento, porque Duque no es el presidente, es matarife, violador, genocida y ladrón.
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