14 Mar 2017 - 4:28 a. m.

Datos médicos, la última pelea de las tabacaleras

Diversos estudios señalan que la implementación de las leyes de control del tabaco reducen el número de infartos en la población entre un 12 y 40 %. La estrategia de lobistas y empresas de cigarrillos apunta a desvirtuar la evidencia.

redacción Nacional

El pequeño poblado de Helena, en Montana (Estados Unidos), con menos de 30.000 habitantes, implementó en 2002 una ley de control de tabaco. Stanton Glantz, profesor de medicina de la Universidad de California en San Francisco, y otros de sus colegas viajaron hasta allí meses más tarde para intentar evaluar el impacto de la medida en la salud de sus habitantes. Al encontrar que la tasa de infartos cayó un 40 % después de las restricciones, el trabajo de Glantz se convirtió en uno de los principales argumentos en cualquier debate sobre control del tabaco.

Glantz, sin embargo, no tardó en ser blanco de los ataques de la industria tabacalera. Desde entonces hasta hoy los resultados de su trabajo han sido insidiosamente atacados. El último de ellos, un artículo titulado “Usamos mala ciencia para justificar la prohibición del tabaco”, escrito por Jacob Grier, un extrabajador del Instituto Cato, centro respaldado por la industria tabacalera, asegura que posteriores y mejores estudios que los de Glantz no han demostrado que las leyes para el control del tabaco se traduzcan en una reducción de mortalidad por infartos y otras enfermedades cardiovasculares.

Glantz repele como puede los cuestionamientos: “Hay pruebas sólidas y coherentes de que la exposición al humo ambiental de tabaco causa infartos de miocardio, y de que las leyes que prohíben fumar en centros de trabajo y lugares públicos reducen los infartos (y otras enfermedades)”.

La prueba más reciente en este debate, divulgada a finales de 2016, la aportó Brasil. En 2009 se implementó en la ciudad de São Paulo una ley para el control del tabaco. Investigadores brasileños decidieron monitorear los ingresos hospitalarios por infarto, así como las muertes a lo largo de los 17 meses siguientes. Concluyeron que durante esa franja de tiempo se redujo en un 12 % la tasa de ataques cardíacos. Respaldando, aunque en una cifra más baja pero considerable, el viejo trabajo de Montana y decenas más publicados en los últimos años.

No es la única evidencia médica que ha intentado probar los beneficios de las leyes de control del tabaco en la salud pública. Una década más tarde, la Dirección General de Servicios de Salud de Estados Unidos recopiló las lecciones de la lucha antitabaco en un gran informe titulado “Las consecuencias del tabaquismo en la salud: 50 años de progreso”. Gracias a los distintos esfuerzos por controlar el tabaco, desde las restricciones a la publicidad como los impuestos al consumo, la prevalencia del tabaquismo en adultos en Estados Unidos se redujo del 42 % en 1965 al 18 % en 2012. Y en cuanto al debate de los infartos, en ese informe de 2014 se analizaron 35 estudios sobre efectos de leyes de control del tabaco, así como 14 casos más donde se implementaron leyes más laxas para llegar a la conclusión que las hospitalizaciones por infarto se reducen en un 15 %.

 

Cada vez más acorraladas por las leyes de control del tabaco, las tabacaleras y sus aliados parecen haber puesto en marcha una última estrategia para evitar la caída de sus ventas: cuestionar los datos médicos. Por cada artículo en revistas médicas, la industria parece tener listas unas cuantas publicaciones en blogs, revistas y periódicos para desvirtuarlos. Y el plan incluye jugosos fondos dirigidos a universidades. Hasta 2008 se habían documentado unos 470 proyectos de investigación financiados por la compañía tabacalera Philip Morris en centros educativos tan prestigiosas como la U. de Harvard, Instituto Tecnológico de Massachusetts y la U. de Boston, que concluyeron en más de 1.000 artículos que no eran explícitos en sus conflictos de interés. Confunde y reinarás, parece ser el lema desde entonces.

De acuerdo con Glantz, existen otras pruebas que relacionan en un corto período los beneficios de las leyes antitabaco. Cita el caso de Colorado, Estados Unidos, en donde se constató una disminución del 20 % de las llamadas a ambulancias cuando se aprobó una ley antitabaco excepto en los casinos del estado donde no entró en vigencia. Dos años más tarde, cuando también los casinos se sumaron a la norma, se constató una reducción similar en los llamados de emergencia para solicitar ambulancias.

“El humo ambiental tiene efectos inmediatos sobre la sangre y los vasos sanguíneos, e influye de tal manera que aumenta el riesgo de que se desencadene un infarto de miocardio. Y ya se ha demostrado que los cigarrillos electrónicos tienen los mismos efectos negativos sobre los vasos sanguíneos, el ritmo cardíaco, etc.”, explicó Glantz en el portal The Conversation.

Colombia, que estableció en 2009 una ley antitabaco, aún está evaluando el impacto de esa medida. En la última reforma tributaria se impuso un aumento gradual al precio del cigarrillo. Según el Ministerio de Salud, con esta medida serán recaudados $500.000 millones adicionales para la salud a partir de 2018, que se sumarán a los $ 1,3 billones provenientes del IVA y, de paso, se espera evitar unas 2.300 muertes por año relacionadas con el consumo de tabaco.

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