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Don Memo, el habitante de calle que protege a los perros callejeros de Medellín

El hombre invierte sus monedas en sus seis mascotas y en otros 40 animales que viven en las orillas del río Medellín. Las historias de los caninos son tan duras como las de los humanos cuyo hogar es el asfalto.

Laura Valentina Vargas Cataño y Vanessa Osorio Sánchez*

28 de abril de 2016 - 09:45 p. m.
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A eso de la una de la tarde, don Memo se encuentra en la carrera 70 cerca del Aeroparque Juan Pablo II en Medellín, en una calle que puede habitar por un par de horas antes de que un patrullero de la Policía o un funcionario de Espacio Público llegue a desalojarlos a él, a su esposa y a sus seis perros.

Guillermo Salazar o don Memo, como es llamado por quienes lo conocen, vive en las calles de Medellín desde hace 14 años. Él hace parte del 3% de la población de la ciudad –estimada en dos millones 200 mil personas- que vive en situación de calle. En Colombia, según cifras del informe “Medellín Cómo Vamos del año 2013-2014”, el 9,1 % de la población vive en estas condiciones.

Luego de graduarse como bachiller de la Armada Nacional emprendió un viaje a Venezuela en busca de nuevos rumbos y posibles oportunidades. Allí trabajó en una siderúrgica e hizo una vida próspera. No contaba con mucho dinero pero no le hacía falta nada. Después de varios años regresó a Medellín, su ciudad natal, para hacerse cargo de su madre que sufría de alzhéimer y estaba en sus últimos días.

A la edad de 45 años no encontraba trabajo, no contaba con el apoyo de su familia -su madre ya había fallecido-, había perdido su vivienda y todas sus posesiones. “En esa época sentí que Dios me abandonaba, pero que era con el fin de hacerme más fuerte. Él me puso una misión, hizo que tomara la decisión más grande pero no la más difícil. Estaba entre seguir buscando trabajo o una casa donde me aceptaran a mis perros y a mí, que era muy difícil, o irme a las calles, donde podía hacer lo que quisiera, tener los perros que quisiera y ayudar a todos los animales que por mi camino me encontrara”, dice mientras toma alcohol etílico y acaricia a sus mascotas.

Hasta la vida por ellos

Ha tenido animales desde que tiene memoria. Siempre los ha puesto en primer lugar. Antes de irse a la calle se dio cuenta de que todos los animales lo entendían y él a ellos, a la perfección, debido a que en sus viajes o estadías en lugares exóticos (porque conoce mucho el mundo) nunca lo picaban o agredían. Por eso, no dudó ni un segundo en escogerlos a ellos por encima de todo.

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Conoció a su esposa, Astrid Natalia, hace casi 10 años a la orilla del río Medellín. Ambos son drogadictos y alcohólicos. Estos les ayuda, dicen ellos, a soportar las enfermedades y los dolores. Él sufre de displasia de cadera, un resfriado permanente y tiene una platina en un pie por salvar a sus perritos del inminente atropello de un bus.

En este punto, agradece las atenciones recibidas en la Unidad Intermedia de Salud de Belén. Además de la intervención en el pie, allí fue atendido de una puñalada que recibió mientras se refugiaba de la lluvia.

Las noches las pasan bajo un plástico. Pese a la ‘vigilancia’ de los perros, los han robado varias veces. Ellos, en cambio, ayudan a proteger la zona donde habitan frecuentemente.

Clara María Rivera, dueña de un restaurante cercano y quien conoce a don Memo desde hace varios años, dice que él es una persona íntegra y con un corazón de oro. Cuenta que es una ayuda para ella y todos los demás locales. Acude a cualquier llamado y siempre tiene muy buena disposición.

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Y ella trata de ayudarlo al máximo para que puedan comerse unos bocados de vez en cuando. Aunque no es muy digno, dice ella, le guarda “las sobras” para que no se acuesten con el estómago vacío. Por lo general comen las sobras que les guardan o “chute”, como llaman a la comida sacada de la basura.

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La prioridad de don Memo es la comida y la medicina de sus cachorros. Algunos veterinarios le hacen descuentos o solo le cobran las medicinas. Además, tiene un convenio con un señor que distribuye concentrado para mascotas en la planza de mercado Minorista: se trata de un crédito para garantizarles la comida a sus seis peludos, incluso la de otros 40 animales que alimenta a la orilla del río.

Historias de dolor

Los seis perros tienen diferentes nombres, inspirados en la situación en que fueron encontrados: Gata porque un carro la descaderó y caminaba como un gato; Carro, debido a que fue amarrado a un carro en movimiento y quedó hecho “una bolita de carne viva”, sufre de asma, recibió una puñalada por meterse en una pelea y don Memo casi pierde la mano por tratar de defenderlo.

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A otro perro, de 9 años, lo puso Toti Alberto Manuel Bola de Barro porque venía en una caja por el río con sus cuatro hermanitos muertos. Cuando Memo vio la caja y escuchó unos chillidos se tiró a cogerlos, pero las piedras estaban muy lisas y por poco se va al río. Su amigo de carreta, Manuel Alberto, le tiró una soga y logró salvarlo.

A otro lo llama Hueso (8 años) porque recién nacido estaba en una basura con huesos de pollo. Un quinto animal se llama Aurelio Ventanilla; este fue tirado por la ventana de un carro, se dio un golpe en la cabeza con un andén y sufrió una fractura de cráneo, que lo dejó un poco loco.
Un sexto perro, de dos años, lleva el nombre de Max Power: fue rescatado de un solar cuando lo iban a matar. Memo intenta amansarlo porque es muy agresivo, lo ha mordido más de una vez, pero don Memo no desiste.

Sus sueños

Don Memo tiene sueños que aspira cumplir. Quiere alguna vez participar en un Desfile de Silleteros. Ha ido dos veces a hasta Santa Elena con una silleta hecha por él, pero lo han devuelto con la excusa que es un evento solo para familias. Su esposa tiene familia allá, pero ni así lo han dejado participar.

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Él sabe que es por su problema de drogadicción y alcoholismo, y por su condición de habitante de calle. Ha pensado en poner una acción de tutela porque cree que se le están violentando sus derechos.

Desea tener una casa para albergar muchísimos animales. Quiere ser aún más feliz y eso solo sería posible ayudando a más animales. Incluso ha pensado en llevar una propuesta al Concejo de Medellín para crear una fundación para animales con una cobertura más amplia.

No está arrepentido de los vicios que tiene, aunque sabe que son un error. Dice que fue un costo que tuvo que pagar por haber elegido a los animales como única prioridad.

“Si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo no tomaría esos caminos –afirma–. Lo hubiese hecho todo de otra forma, para buscar el mismo bienestar de los animales, pues acepto que en mi condición le estorbo al mundo, a la que creía mi familia, a la sociedad y hasta a mí mismo”.

Sus consejos para la vida

Memo les envía un mensaje a todos los adolescentes: “Aprendan a decir no, no a las drogas, no a la violencia, no al engaño; sepan qué es bueno y qué es malo, pero para saber que algo es malo no hay que probarlo. Adopten un animal que están consiguiendo un amigo, un compañero fiel; ayuden lo más que puedan a las personas sin esperar nada. Yo que estoy en las calles a diario, que jamás sé dónde estaré a la hora siguiente, qué comeremos, en qué andén dormiremos, puedo decirles lo difícil que es y pedirles que cuiden a sus familias y a sus hogares; no renieguen, no se quejen de la vida que uno no sabe quién está peor”.

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Para Paola Andrea Cadavid, amiga incondicional de don Memo desde hace unos cinco años, él es un ejemplo de vida, un guerrero incansable. “Me ha enseñado que cuando uno quiere ayudar y salvar realmente a un animalito no existen límites ni barreras para hacerlo”. Ella se siente parte de su familia y quiere algún día llegar a tener ese mismo sentimiento y visión por el futuro de los animales.
José Darío Ángel, aunque no conocía muy bien su historia, reconoce que él es un hombre con un corazón enorme, más generoso que cualquier persona.

“Él da la vida por sus perritos y por otros perritos de la calle. Un día fuimos mi esposa y yo y le llevamos algunas cosas y con lágrimas en los ojos nos agradeció, nos dijo que no necesitaba nada para los animalitos, ya que trabaja por ellos. Le regalamos un cuido, el cual asignó para los perritos del río. Le preguntamos por qué no lo dejaba para los suyos que tanto lo necesitaban y nos respondió que ellos eran privilegiados, que había otros que lo necesitaban más, lo que nos llenó de nostalgia y conmoción”.

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Don Memo sigue a la espera de una casa que le prometió una señora que decía venir de la Gobernación. Ella le dio $40.000 y le dijo que próximamente (hace ya varios meses) iría un candidato a visitarlo y le cumpliría tan anhelado sueño. Pero no ha pasado nada, por lo que supone fue burlado e ilusionado de nuevo.

*Estudiantes de Comunicación Social Universidad Eafit (Medellín)

Por Laura Valentina Vargas Cataño y Vanessa Osorio Sánchez*

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