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Eran las 4 a.m. en el municipio de Bojayá, Chocó, cuando Juana Moreno y Genoveva Palacios, mujeres plataneras de la región, emprendieron un viaje en bote con más de 20 toneladas de plátano hacia Quibdó, en un recorrido de cerca de 24 horas en medio de la humedad y la lluvia del río Atrato. Las imágenes de su llegada a la capital chocoana parecían irreales: el verde de los racimos cubría cada centímetro del bote, que medía por lo menos 25 metros de largo.
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“Somos 12 mujeres que nos unimos para recolectar el platanito de la finca. Sabemos que en medio de la pandemia hay personas sin trabajo y que necesitan alimento. Por eso quisimos vender los racimos a un precio mucho menor y poder aportar a la economía de nuestra región”, dice Genoveva. En menos de ocho horas vendieron todos los racimos que cultivaron en 24 hectáreas de tierra en Bojayá y que tardaron casi 11 meses en estar listos para recoger.
Fotos: Made In Chocó
“Uno manda a rociar el monte para hacer el hoyo y sembrar la matica. Cuando va creciendo hay que hacer el deshoje. Además, en la tierra se acumula el agua y por eso se debe drenar”, explica Genoveva sobre el proceso detrás de su trabajo. Después de siete meses la planta empieza a dar sus racimos. “Hay que estar pendiente para taparlos con bolsas y esperar por lo menos tres meses más hasta que estén listos para recoger”. De esta planta madre, como lo dice Genoveva, salen dos hijos más que empiezan a crecer. Poco a poco el terreno empieza a estar lleno de estos árboles y “ya la finca queda dando su platanito todo el tiempo”.
Para poder sacar el producto, las mujeres plataneras deben alquilar un bote para llevar el plátano hasta Quibdó. Esto puede llegar a costar hasta un millón y medio de pesos. “La ración en el río la venden a $50.000, mientras que en el barrio cobran $70.000. Nosotras decidimos venderla a $30.000 para ayudar en medio de esta contingencia que está acabando con nosotros. Queremos demostrarle al mundo que se reciben más bendiciones si uno está unido con la comunidad. No sacamos nada si cobramos más de la cuenta, injustamente, sabiendo que todos estamos mal”, dice Juana Moreno.
Sembrar plátano en Bojayá se convirtió en una estrategia, no solo para resignificar la historia de estas mujeres víctimas del conflicto armado, también para impulsar su autonomía en el territorio.
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“Había mucha violencia de género intrafamiliar y ellas lo relacionaron con el empoderamiento económico del hombre, quien era el que tomaba las decisiones. Sin embargo, las mujeres vieron que tenían la fuerza y la vocación para producir y salir adelante”, dijo Niza Uribe, directora regional en Chocó del programa Alianzas para la Reconciliación de Usaid y ACDI/VOCA, entidad que desde 2017 incentiva en la región los procesos sociales en medio del conflicto.
Fotos: Made In Chocó
Además de intentar paliar la crisis sanitaria a escala departamental, el Chocó enfrenta otras emergencias: cerca de 33 mil personas desplazadas y confinadas por cuenta de la presencia de grupos al margen de la ley, así como emergencias invernales.
“Esta iniciativa es parte del proyecto “Bojayá, río de vida”. Los afluentes donde viven Juana, Genoveva y las comunidades afros e indígenas de la región eran corredores estratégicos para los grupos armados. El río se había convertido en un río de muerte, y ellos encontraron la vida a través de la tierra, del territorio y de la producción agrícola”, dice Uribe.
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Agrega que la meta es promover la perspectiva de género en la producción de plátano a través de la Asociación de Plataneros del Medio Atrato (Aplameda), a la que pertenecen estas 12 mujeres: “La gran mayoría de los chocoanos son como Juana y Genoveva: mujeres trabajadoras y luchadoras. La generosidad y la solidaridad son partes de nuestro gen, por lo que ellas representan a la mujer del Pacífico colombiano”.
Sin embargo, aún quedan retos por asumir, y más aún en tiempos de crisis: “Queremos seguir ayudando a la comunidad, pero hasta el momento no tenemos las herramientas suficientes para que el traslado nos salga a bajo costo”.
El objetivo es poder vincular a más mujeres de la zona al proyecto y promover los productos de la región. “Dios me dio esta oportunidad y me siento feliz, porque gracias a mis esfuerzos mi hijo salió adelante, el próximo año se graduará de psicología”, dice Juana.
Video: Made In Chocó
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