26 Nov 2011 - 9:00 p. m.

'El logro es haber sobrevivido'

La informalidad laboral y la presión armada, que ha dejado más de 2.800 muertos, han sido las grandes amenazas para el sindicalismo.

Redacción Política

Hace 25 años, en los comienzos del gobierno de Virgilio Barco, tomó forma una idea que en ese momento era determinante para encarar los nuevos retos laborales en Colombia: la creación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Hoy, con unos 600 mil afiliados, casi una tercera parte menos de los que tuvo en el momento de su fundación, y un entorno difícil para el sindicalismo o la acción política afín a sus ideales, sus líderes actuales consideran que haber sobrevivido ya constituye un gran logro.

En los tiempos de su creación y bajo el liderazgo de Jorge Carrillo Rojas, la CUT anunció una movilización de trabajadores para presionar una reforma laboral en marcha. Entre otros, acompañaron la idea sindicatos que ya tenían un terreno ganado en sus sectores. Los educadores con Fecode, los asalariados de la estatal Ecopetrol en la USO o los trabajadores del Estado agremiados en Fenaltrase. Más de 600 sindicatos se sumaron al objetivo. Pero los hechos determinaron que se impusiera otra historia.

Vino la época de la guerra sucia contra el sindicalismo y el partido Unión Patriótica, el desarrollo de políticas laborales en el marco de la apertura económica, la Constitución de 1991, nuevos momentos de confrontación por el auge de la guerrilla y el paramilitarismo y la central obrera, así como otras organizaciones similares sufrieron las consecuencias. En más de dos décadas, más de 2.800 sindicalistas asesinados representan una muestra significativa del duro transito por un país que se llenó de víctimas.

No obstante, de esa generación de quienes creyeron en el surgimiento de la CUT o mantuvieron las banderas de la Confederación General del Trabajo (CGT) surgió también un grupo de destacados líderes que migraron hacia la política activa y demostraron su vocación parlamentaria y de gobierno. Luis Eduardo Garzón, Angelino Garzón, Jaime Dussán, Wilson Borja, Gloria Inés Ramírez, Luis Carlos Avellaneda, Tarsicio Mora, Boris Montes, Carlos Bulla, son algunos ejemplos de ese protagonismo político.

En la actualidad, la CUT está presidida por Tarsicio Mora, quien tiene claro que su vigencia surge de mantener un diálogo permanente con corporaciones legislativas, gobiernos y entidades públicas y privadas, para que se supere definitivamente la equivocada idea de que los sindicatos son perjudiciales y se entienda que en la cultura empresarial del mundo en desarrollo, la organización de los trabajadores es clave para el buen éxito de la economía y la búsqueda del bienestar social.

Sin embargo, más allá de los principios rectores del sindicalismo contemporáneo, en opinión del presidente de la CUT, sus retos de hoy son claros: procurar que el nuevo Ministerio de Trabajo desarrolle normas que protejan a los trabajadores, acabar con la tercerización que está golpeando la estabilidad del empleo, rescatar las convenciones colectivas como un instrumento democrático, crear sindicatos por rama de industria y, lo más importante, erradicar la violencia contra el movimiento sindical.

En criterio del presidente de la CGT, Julio Roberto Gómez, aunque se debe admitir que los niveles de sindicalización han bajado en Colombia de forma vertiginosa, hay señales que pueden generar optimismo. “Se está avanzando con el desmonte del trabajo asociado, en empresas como Carrefour, Éxito o Fabricato, se consolida el contrato directo, hay una actitud de respeto del nuevo gobierno por el sindicalismo”. Gómez considera que ya pasó la época más crítica y lo que viene puede ser favorable.

Para el senador Luis Carlos Avellaneda, quien fue líder sindical en los años 70 y también tomó el rumbo de la política, el panorama no es muy halagüeño. Un país en el que 4% de las personas están sindicalizadas es un país en el que el sindicalismo prácticamente no existe. “Eso se debe a políticas de Estado que han estimulado la informalidad en el mercado laboral, y las cifras lo dicen: en Colombia el 60% de los trabajadores no cuentan con garantías laborales y están con contratos temporales, de prestación de servicios, cooperativas y una serie de simulacros contractuales”.

En un tono menos optimista, el actual fiscal de la CUT, Fabio Arias, estima que la historia de su organización hay que resumirla en 25 años de resistencia, fortalecida además por los sindicatos de mayor tradición de lucha, como la USO, Sintrainagro o los agremiados de la salud y la educación. Pero que hoy el desafío es luchar contra la informalidad laboral, crecer en afiliación sindical, lograr la reparación colectiva de las organizaciones eliminadas y garantizar que no triunfe la impunidad en tantos casos de sindicalistas asesinados.

Angelino Garzón, quien fue uno de los principales gestores de la CUT, hace 25 años, hoy es vicepresidente de la República y aspira a presidir la Organización Internacional del Trabajo. Aunque sus palabras suenan a discurso, contienen un mensaje claro para los sindicatos: “El propósito del Gobierno es la defensa y el fortalecimiento del sindicalismo como institución de la democracia, y apoyo a la lucha por el logro de empleos decentes, salarios justos, incremento de la productividad y diálogo social”.

A su vez, el ministro de Trabajo, Rafael Pardo, quien hace 25 años era parte del gobierno Barco en el área social y después ejerció como consejero de paz, fue explícito en manifestar que su disposición es trabajar de manera unida con la CUT y demás centrales obreras, de la misma manera que con los empresarios. En un mensaje a propósito de que la organización sindical invocó la búsqueda de un sindicalismo constructivo que contribuya a la dignificación del trabajo en Colombia. Y el primer reto está a la vista: la definición del salario mínimo.

Hace un cuarto de siglo, cuando nació la CUT, su reclamo mayor era soberanía frente a las multinacionales, subsidio al desempleo, estabilidad laboral, derecho a la huelga, eliminación del trabajo infantil o abolición de las agencias de empleo temporal. Hoy los problemas no son muy distintos y según los líderes del sindicalismo hay una deuda pendiente: la Constitución de 1991 ordenó la creación de un Estatuto del Trabajo para desarrollar normas reglas claras de juego en materia laboral. Otro empeño que pasa por la política, pero que el sindicalismo debe realizar.

Así nació la CUT

La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) nació el 14 de febrero de 1986, cuando sindicatos y federaciones nacionales de trabajadores no afiliados a ninguna central, la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC), un sector de la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y algunos sindicatos procedentes de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) crearon una Coordinadora Nacional de Unidad Sindical.

El 15 de noviembre del mismo año, en el Club de Empleados Oficiales, 1.800 delegados en representación de 45 federaciones y cerca de 600 sindicatos, después de tres días de trabajo y de un amplio debate, aprobaron la declaración de principios, la plataforma de lucha y los estatutos, así como eligieron el Comité Ejecutivo, dando así nacimiento a la CUT que celebra sus ‘Bodas de Plata’.

Comparte: