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El narcotráfico y su lucro

Aunque para las Farc la incursión en el negocio de la coca representó crecimiento e importantes beneficios económicos, también fue uno de los factores que llevó a que el grupo guerrillero perdiera legitimidad y su discurso político se debilitara.

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Redacción Ipad
23 de mayo de 2014 - 09:43 p. m.
El narcotráfico y su lucro
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El narcotráfico ha sido un factor determinante en la transformación y desarrollo del conflicto armado en Colombia. Los actores armados han encontrado en el tráfico de drogas la fuente de financiamiento perfecta para fortalecer sus estructuras militares y establecer zonas de control en varias regiones del país. En el caso de las Farc, la incursión en el negocio se dio de manera paulatina. A comienzos de la década de los ochenta empezaron a establecerse en zonas marginales y de poca presencia estatal en las que proliferaban los cultivos de coca y los campesinos estaban a merced de los traficantes de pasta de coca. En departamentos como Caquetá, Putumayo, Meta y Cauca las Farc entraron a ofrecer protección a la población a cambio de apoyo social.

En un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, titulado “Guerrilla y población civil. Trayectoria de las Farc 1949-2013”, se explica que los recursos de la hoja de coca ocasionaron una diferenciación entre frentes guerrilleros ricos y pobres, pues los primeros obtenían importantes ingresos del cobro a narcotraficantes por labores de vigilancia a laboratorios y del denominado impuesto de “gramaje”, un pago de alrededor “del 10% y el 15% sobre lo negociado en cada transacción hecha con pasta o base de coca”.

Entre 1991 y 1995, según cifras de la Consejería para la Defensa y Seguridad Nacional, el 41% del total de los ingresos de las Farc procedía del negocio de la droga, números que para 2003 ascendían al 50%. En esta etapa, según reseña el informe de Memoria Histórica, la guerrilla había modificado su participación en el negocio: tenía sus propias siembras y laboratorios. “En los frentes que operan en Vichada y Guaviare la guerrilla parece haber tenido sus propias fincas para producir coca y algunos laboratorios controlados por milicianos (...) Las especulaciones en torno a los ingresos de las Farc señalan que, en los mejores momentos de su control territorial, pudieron alcanzar ganancias entre 500 y 800 millones de dólares anuales”.

La decisión de la guerrilla de ingresar de lleno al negocio de las drogas tuvo graves repercusiones para el grupo subversivo. Por un lado sus nexos con grupos narcotraficantes ayudaron a deslegitimar su discurso político, al tiempo que desdibujaron la imagen del guerrillero urbano de los años 70. Además, el manejo de importantes sumas de dinero provenientes de la actividad ilícita generó cambios al interior de la cultura guerrillera: se presentaron casos de comandantes que escapaban con importantes sumas de dinero o de otros que tuvieron que ser sancionados o fusilados porque, encargados de manejar las finanzas de los frentes, malgastaban la plata, la invertían en modelos y joyas en la selva y ese discurso que reivindicaba una lucha campesina quedaba sin piso alguno.


* Disputas y alianzas

Aunque por algún tiempo las Farc lograron que sus actividades ilícitas se mantuvieran al margen de las de otros actores armados que también se movían en el negocio de la droga y tenían el monopolio de cultivos en varias zonas del país, a medida que iban creciendo en sus aspiraciones se fueron presentando fuertes confrontaciones con grupos paramilitares por el control de los corredores estratégicos utilizados para la salida de la droga.

Este fenómeno se puede explicar, en parte, debido a los desplazamientos de cultivos que se produjeron a raíz de la implementación del Plan Colombia a finales de los años 90. Los esfuerzos de erradicación de cultivos ilícitos por parte del gobierno se concentraron en departamentos como Putumayo y Caquetá (fortines de las Farc), obligando a la guerrilla a trasladarse a otras regiones del país que, por su geografía, ofrecían mayores beneficios para continuar con los cultivos ilícitos, pero en algunas de las cuales ya operaban otras estructuras criminales.

Sin embargo, tras el proceso de desmovilización de las autodefensas, entre 2003 y 2006, la dinámica del conflicto se transformó y las Farc iniciaron un proceso de reacomodamiento de sus estrategias financieras. En otro de sus informes, titulado “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”, los investigadores del Centro de Memoria Histórica señalan que las nuevas condiciones del conflicto llevaron a que la guerrilla, con el propósito de defender sus ingresos, a establecer relaciones comerciales con bandas dedicadas al narcotráfico y con herederos del paramilitarismo. “Esas aproximaciones empiezan a ser más o menos evidentes desde el 2008 en zonas como el bajo Cauca antioqueño, en donde las Farc operan al lado de los Paisas; en el Catatumbo, donde comparten territorios con los Rastrojos y las Águilas Negras; y en los Llanos orientales, con el Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia –Erpac”. Sin embargo, en regiones como Nariño no se lograron acuerdos y se mantuvieron las disputas territoriales.

Según Daniel Mejía, director del CESED, narcotraficantes y Farc trabajaban conjuntamente en labores relacionadas con la exportación de droga. “Existen dos mecanismos: las Farc venden la cocaína en la puerta del laboratorio a un precio fijo que oscila entre cinco y ocho millones de pesos. Entre 2,5 y 4 mil dólares dependiendo de la zona, la pureza, la cantidad vendida, y se la entregan a narcotraficantes en la puerta del laboratorio. Pero existen otras zonas en donde empieza a haber alianzas estratégicas de riesgo compartido entre las Farc y narcotraficantes –alias ‘Chupeta’ o ‘Sebastián’–, que son antiguos paramilitares”.

Mejía explica que la guerrilla es la encargada de sacar el producto hasta una zona determinada del país y los narcotraficantes se encargaba de sacarla del territorio nacional. “Lo entregan en Buenaventura o Tumaco para que ellos lo saquen. Van en equipo, es decir, si cae el cargamento todos pierden a partir de lo que cada uno puso y de los costos de envío. Si el cargamento llega a su destino les entra un dinero mucho más grande a las Farc. Estamos hablando de que por kilo ya no les entran entre 2 y 4 mil dólares, sino 8 o 9 mil dólares”.

En términos generales, asegura el investigador, las Farc dominan el 60% del narcotráfico en Colombia desde hace 14 años. El 40% restante pertenece a exparamilitares y narcotraficantes que dirigen los ‘Baby carteles’. “Ya ha mutado mucho, en los últimos tres años, conforme a los golpes a la estructura del narcotráfico, estos tipos se han adaptado y donde hoy parece que están siendo muy rentable los “Chichipatos” o “Maceros”, la gente que consigue los precursores químicos, el cemento, los ácidos, la gasolina, los insumos para proveer el laboratorio, las máquinas, los microondas, las prensas”.


* El narcotráfico de hoy

El más reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, publicado en 2012, revela que hasta el 31 de diciembre de ese año había un total de 48.000 hectáreas sembradas con coca en 23 de los 32 departamentos del país. Esto significa que hay una reducción del 25% en comparación con 2011 cuando la cifra era de 64.000 hectáreas. La misma fuente señala que tan solo en tres departamentos se registró un incremento del área sembrada: Norte de Santander, Caquetá y Chocó.

El informe también dejó ver que el 80% de los cultivos de coca en el país se encuentra en 8 departamentos. “Cerca de la mitad de todos los cultivos están en tres de ellos. Las reducciones más importantes se presentaron en Nariño, Putumayo, Guaviare y Cauca. Nariño sigue siendo el más afectado por la presencia de cultivos de coca, a pesar de una significativa disminución en el último año. Siete departamentos tienen menos de 100 hectáreas sembradas con coca. En Cundinamarca no se detectaron cultivos, mientras que Cesar ingresa a la lista de afectados”, precisa el documento.

De acuerdo con investigaciones adelantadas por el Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED), actualmente el fortín ‘narco’ de la guerrilla se encuentra en Putumayo, Nariño y algunas zonas de Casanare en donde delinque el Bloque Oriental. Aunque también el bloque dirigido por alias ‘Joaquín Gómez’ que opera en Huila, Caquetá y Putumayo, se beneficia de esta actividad. Otros departamentos, como el Cauca, funcionan como rutas y corredores estratégicos que sirven para sacar la coca hacia la Costa Pacífica.

En esas regiones estarían distribuidas las 60 mil hectáreas de coca cultivadas que, según Mejía, actualmente le sirven a las Farc para lucrarse: “la mayoría de la cocaína que se consume en Estados Unidos, más del 70%, sigue siendo colombiana porque la están comercializando a un precio mucho más alto”.

 

Por Redacción Ipad

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