Con 140.000 personas damnificadas por las lluvias, otras 8.750 afectadas tras el temblor del 24 de mayo y restricciones en 17 vías nacionales, el país atraviesa en este momento por una emergencia que ha comenzado a superar a las de años anteriores por efectos de la época invernal. Un lugar común que en Colombia se reedita anualmente en las regiones Andina, Caribe, Orinoquia y Amazonia, y Pacífica, cuando los aguaceros pasan su factura.
Ya se volvió algo normal en el país observar a miles de familias buscando cómo salvar sus vidas y enseres a lo largo y ancho de los 1.500 kilómetros de riberas del río Magdalena o en las mismas zonas críticas de los ríos Cauca, Catatumbo, Arauca, Meta, Cesar, Otún y Atrato, donde los techos de las casas en las áreas urbanas y rurales terminan convertidos en salvavidas de sus habitantes.
Aún así, parece que este año el invierno ha provocado más estragos que antes. Según el Ministerio de Agricultura, hasta el momento se han afectado 30.000 hectáreas de cultivos y los comités de cafeteros estiman que la cosecha de este año se verá reducida entre un 10 y 12%.
El inventario del Invías tampoco es alentador: por estos días se están atendiendo 11.900 kilómetros de la red nacional vial y 2.000 kilómetros de corredores carreteables en los departamentos de Antioquia, Caldas, Boyacá, Cauca, Santander, Putumayo, Casanare y Nariño.
Por su parte, la Dirección de Prevención y Atención de Desastres sostiene que esta temporada no ha sido la más grave, a pesar de que las cotas de los ríos hayan superado los niveles de años atrás. Los datos oficiales, contabilizados entre el 15 de marzo y 29 de mayo de este año, hablan de 217 municipios afectados, 16 muertos, 352 viviendas destruidas y 29.288 familias damnificadas, cifra inferior a la de 2007, pues el número de víctimas superó las 30.000 personas (ver mapa y cuadro estadístico).
Sin embargo, la Universidad Nacional, con base en información de la Cruz Roja, sostiene que este invierno sí ha sido el de mayor impacto en seis años, pues en los primeros cuatro meses de 2008 causó perjuicios a 78.843 familias representadas en 367.835 personas. Las dos entidades resaltan que al terminar la primera ola invernal de 2006, sólo la Cruz Roja atendió a 10.633 familias y se presentaron 142 muertes.
¿Por qué se inunda el país?
De acuerdo con las explicaciones del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), son varios los factores que están influyendo para que la ola invernal termine inundando al país: uno porque estamos en la primera temporada invernal y otro por el fenómeno de La Niña, que provoca el incremento de las lluvias en los departamentos andinos, la Región del Caribe y el oriente del país. También influye una onda tropical, fenómeno que viaja anualmente desde África a través del mundo y que por esta época del año provoca lluvias durante 2 o 3 días, pero en esta oportunidad se demoró más de lo normal en Colombia.
Otro factor es la posición geográfica y orográfica de las tres grandes cordilleras, con sus altiplanos y grandes planicies aluviales. Es por eso que Colombia presenta gran variedad de sistemas de ríos de régimen torrencial y de planicie. Dependiendo del río, las precipitaciones extremas pueden generar crecientes súbitas o inundaciones lentas.
Según el Ideam, aunque las inundaciones son una característica natural de las corrientes, los cambios en la capacidad de regulación de las cuencas y la sedimentación de los cauces generados por la actividad humana incrementa el riesgo de crecientes súbitas y de inundaciones lentas.
Existen otras causas como son la erosión de las cuencas de los ríos, donde las capas superficiales del suelo terminan destrozadas o arrancadas, desplazando sus fragmentos hacia las aguas, sobre todo en aquellas de caudales inferiores. En el país las cuencas que presentan mayor degradación por erosión hídrica, con pérdidas de suelo mayores a 25 hectáreas por año, son: Alta Guajira, baja Guajira, Río Cesar, norte de la Sierra Nevada, río Catatumbo, alto Patía, bajo Patía, río Micay, medio Cauca, río Sogamoso, alto Meta, alto Magdalena y medio Magdalena.
A lo anterior le sumamos la ausencia de limpieza y mantenimiento de los alcantarillados por parte de las empresas prestadoras del servicio público de acueducto y alcantarillado, que ocasionan taponamientos e inundaciones de calles y
barrios. Otro factor que también influye es la baja cobertura de redes de alcantarillado en algunos barrios o fallas técnicas de dicha infraestructura. Y un último lo representa la sobreutilización de tierras, las deforestaciones en laderas y cauces de los ríos y la desecación y alteración de ciénagas.
Pero lejos de la comparación de cifras, la forma como el Gobierno ha enfrentado esta emergencia y las causas por las cuales se provocan las inundaciones, hay un hecho que supera cualquier consideración: las causas están en la falta de políticas ambientales y de previsión que han tenido los gobiernos en todos los niveles.
Después de la avalancha de Armero que sepultó a más de 22.000 personas el 13 de noviembre de 1985, son contadas las regiones que han reubicado a las familias residentes en las riberas de los ríos vulnerables a las inundaciones. Es por eso, que mientras no se piense a futuro, Colombia estará condenada a vivir como damnificada, en estado de alerta e invocando la solidaridad nacional en cada temporada invernal.
Alerta por altos niveles de inundaciones
El Ideam extendió el jueves la alerta en el río Magdalena desde Girardot (Cundinamarca), La Dorada (Caldas), Puerto Salgar (Cundinamarca), Puerto Boyacá (Boyacá), Puerto Nare y Puerto Berrío (Antioquia), Barrancabermeja (Santander), Yondó (Antioquia), Puerto Wilches (Santander), San Pablo (Bolívar), La Gloria, Tamalameque y Gamarra (Cesar), El Banco (Magdalena), Hatillo de Loba (Bolívar), Guamal (Magdalena), San Fernando (Bolívar), San Sebastián de Buenavista (Magdalena), Mompox y Talaiga Nueva (Bolívar), hasta el corregimiento de Pinto en el municipio de Santa Ana (Magdalena).
Igual medida se dio en el río Cauca, desde La Virginia (Risaralda), pasando por Bolombolo en Venecia y Caucasia (Antioquia), Guaranda (Sucre), Barranco de Loba, Guazo y Magangué (Bolívar), a la confluencia en el río Magdalena en el Brazo de Loba. En el río Arauca por el sector entre Arauquita y Arauca.
Asimismo en el río Otún, donde se recomendó a las familias de los habitantes ribereños de Pereira y Dosquebradas tomar las medidas necesarias. En los departamentos de Meta y Casanare, por deslizamientos de tierra en el piedemonte llanero se aplicarán las mismas determinaciones. Si desea más información, consulte en www.ideam. gov.co o la línea telefónica 342
1586.
El caso del río Magdalena
Por efectos del fenómeno de las lluvias cíclicas, los problemas ambientales y la falta de una política estatal que busque la recuperación del río más importante del país, hoy sus aguas son las responsables de una calamidad pública.
Es el caudal que recorre 13 departamentos, 127 municipios y tiene una longitud de 1.500 kilómetros con una cuenca de 257.400 kilómetros de extensión, que equivale al 0,26% de la superficie del país. Su principal afluente es el río Cauca, pero recibe además aguas de los ríos Bogotá, Saldaña, Páez, Cesar, Lebrija, Cimitarra, Sogamoso, Opón, Carare, Negro y San Jorge.
Según el DANE, una población equivalente al 36% de los habitantes del territorio nacional guarda directa relación con el río. La cuenca del Magdalena está dividida en tres zonas: Magdalena Alto, con un 27% de la población, va desde su nacimiento en el Macizo Colombiano hasta el salto de Honda, con una pendiente media de 2%, por lo que no es posible su navegación.
Magdalena Medio, con un 9% de la población, desde el salto de Honda, es muy favorable para la navegación y la ganadería. Finalmente, la zona del Bajo Magdalena, con el 64% de la población, que va desde río Viejo hasta Barranquilla y Cartagena, siguiendo el cauce del Canal del Dique; se caracteriza por llevar un gran caudal con una pendiente de drenaje de 0,05%, lo que facilita la creación de ciénagas.