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El sonero de Palenque

Está descalzo, sin camisa y sentado en la terraza de su casa en una silla plástica. Presume la medalla que le entregó en 2010 el Congreso por su aporte a la cultura y sonríe sin temor a que noten que perdió tres dientes.

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Jesús Fragozo Caro
29 de noviembre de 2014 - 02:36 a. m.
Rafael Cassiani, padre de 14 hijos, cultiva maíz, yuca, ñame, guandul, batata y fríjol. / Cortesía Sexteto Tabalá
Rafael Cassiani, padre de 14 hijos, cultiva maíz, yuca, ñame, guandul, batata y fríjol. / Cortesía Sexteto Tabalá
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Total, es un ochentón que parece de 50 y pico. Rafael Cassiani Cassiani es el cantante y fundador del Sexteto Tabalá —que en lengua palenquera significa ‘tambor de guerra’—, una agrupación que toca son en Palenque, un corregimiento del municipio de Mahates, Bolívar.

Tuvo 14 hijos, pero ya se le han muerto cinco. Aprendió a los ocho años a tocar la marimba y luego las maracas, la clave y la guacharaca, como buen descendiente de una familia de músicos palenqueros. En su casa, llena de cuadros con fotografías de sus presentaciones en Francia, Estados Unidos y otros países de Europa, vive con su compañera y un sobrino.

San Basilio de Palenque, su tierra natal, fue declarada en 2008 Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Es el primer pueblo libre de América. Aquí nacieron Antonio Cervantes, más conocido como Kid Pambelé, y Evaristo Márquez, actor de cine que actuó con Marlon Brando en la película La Quemada. Y es —al mismo tiempo— la tierra de nadie. Las calles sin pavimento se convierten en lodo cada vez que llueve. La luz se va a cada rato; lo mismo pasa con el acueducto. El alcantarillado apenas se está instalando.

Hay que recorrer unos seis kilómetros de vía sin pavimentar para llegar al pueblo. Aquí todavía se habla lengua palenquera y las negras se hacen peinados con diminutas trenzas como si se tratara de una competencia. Hay también rezanderas y se hacen rituales de lumbalú.

La mayoría de los palenqueros se dedica a la agricultura, algunos son mototaxistas y otros venden dulces de enyucado, cocada y alegría en Turbaco y Cartagena. Alberto Cañate Valdez, de 26 años, es miembro de la Guardia Cimarrona, unos 30 hombres voluntarios que protegen el pueblo. “Nos encargamos de patrullar Palenque porque la policía sólo viene tres veces por semana”. Él también siembra maíz en una parcela y vende tarros llenos de leche cuando no está podando un terreno. Se hace $200.000 al mes, a veces un poco más, a veces un poco menos. Eso es tan incierto como la hora en que se va la energía.

“No estoy bien económicamente. La música no nos da para vivir”, afirma Cassiani. Él, así como Valdez, cultiva maíz y otros productos, como yuca, ñame, guandul, batata y fríjol. “Labrar la tierra no siempre es un buen negocio”.

Cassiani y los demás palenqueros que forman parte del sexteto están en una tarima que se instaló hace varios días en la plaza. Son las 11 de la noche y el sonero de Palenque no para de enseñar con orgullo la medalla. Están probando los instrumentos. Suena una tambora y luego las maracas. Entonces alguien grita: “Con un beso que me des no te van a regañar”, y Rafael empieza a tararear la canción Dámelo, mamita, en la que esa frase se canta.

Por Jesús Fragozo Caro

 

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