17 Aug 2011 - 11:30 p. m.

El terror acosa en Cartagena

Mientras las autoridades intentan minimizar el riesgo por una falla geológica, los políticos en campaña quieren hacer proselitismo en el lugar.

Carlos Ardila González. Cartagena/Especial para El Espectador

El drama para los habitantes de San Francisco, un humilde barrio de Cartagena separado de la pista del aeropuerto Rafael Núñez apenas por un pequeño canal, aumenta a medida que pasan las horas.


Ayer, luego de la visita de la ministra de Vivienda, Beatriz Uribe, quien anunció que su despacho se comprometía a reubicar a las 1.645 familias pobres cuyas casas se vinieron al suelo como consecuencia de una falla geológica, tuvieron unas horas de calma.


Ya la Alcaldía, con el respaldo de voluntarios de la Cruz Roja y la Policía Nacional, había evacuado a las personas que habitaban los sitios de mayor riesgo, y temporalmente las había instalado en el Centro de Vida y en los colegios cercanos al lugar de la tragedia.


Pero hoy las noticias volvían a ser desesperanzadoras: de acuerdo con el concepto de varios expertos, los vecinos de los sectores aledaños a San Francisco, como 20 de Julio y San Bernardo, también sobre las faldas de La Popa, están corriendo un riesgo similar.


Hasta el momento, gracias a la oportuna acción de las autoridades, no se había presentado ninguna víctima. Una simple lluvia, sin embargo, podía causar una tragedia de proporciones similares –por ejemplo- a las de Gramalote, en Norte de Santander. De acuerdo con fuentes de la Alcaldía, hasta la pista del aeropuerto podía verse afectada con la falla geológica sino se realizan de manera inmediata los trabajos requeridos.


Para la reubicación de los damnificados, la Alcaldía de Cartagena y el Gobierno Nacional dispusieron de $100 mil millones. $10 mil millones más serán tomados de los recursos con los que el Distrito aspiraba a impulsar el sistema acuático de transporte. La corrección de las causas del problema, sin embargo, todavía está por verse, ya que su cuantía aún no ha sido establecida.


Mientras las autoridades adelantan lo pertinente, los vecinos tienen que soportar otros embates. Inmisericordemente, algunos políticos en trance de elección los acosan ofreciéndoles ayudas de todo tipo y, en ocasiones, incitándolos a protestar contra los funcionarios del Distrito por su supuesta negligencia en la atención al problema que padecen, lo que ha causado el rechazo de varios de los líderes cívicos del sector.


De acuerdo con Emerson de Arco Aguilar, habitante de San Francisco y uno de los líderes de La Lomas, el sector más afectado por la tragedia, “aquí han llegado algunos políticos a decirle a la gente que hay que hacer tomas en los estadios, que hay que hacer tomas de vías, pero nosotros tenemos claro que cuando hay un proceso de diálogo abierto como el que hemos tenido con la Alcaldía no es necesario recurrir a este tipo de eventos”.


Por su parte, David Gamarra, vecino de la Manzana 26 de San Francisco y miembro del comité pro-vivienda, invitó a quienes perdieron sus casas a no dejarse envolver por falsas promesas; “no se dejen engañar con promesas políticas, aquí no queremos carros con afiches políticos, no queremos que vengan a hacer política en medio del dolor que estamos padeciendo ahora”.


El centro de salud, también afectado
Como consecuencia de la falla geológica, las instalaciones del centro de salud de San Francisco también resultaron averiadas, por lo que todo el personal de médicos y enfermeras tuvo que ser trasladado a un puesto de salud localizado a poca distancia.


Allí, con el apoyo de una ambulancia medicalizada del Centro Regulador de Urgencias, Emergencias y Desastres de la ESE Cartagena de Indias, que está presente las 24 horas del día en los alrededores del sector, se presta atención en salud a los vecinos de San Francisco, principalmente en materia psicosocial.


El colegio del barrio, a media marcha
A pesar de que varias casas vecinas se vinieron abajo, las instalaciones donde funciona la institución educativa Corazón de María no sufrieron ningún tipo de afectación, por lo que la Secretaría de Educación del Distrito no suspendió en ningún momento las clases.


Sin embargo, numerosos padres de familia se han abstenido de enviar a sus hijos al colegio por el temor de que “en cualquier momento llueva y algo pueda pasar”, como manifestó Hermógenes Periñán.
 

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