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En busca de qualea

Federico Pardo, Biólogo y documentalista, viajó a las profundidades de la selva amazónica y con su cámara registró el hallazgo de una especie de árbol nunca antes vista. Las imágenes le valieron un premio de la prestigiosa Smithsonian Institution.

Mariana Escobar Roldán

19 de julio de 2013 - 06:25 p. m.
Fotos/ Federico Pardo
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Tres semanas en la Amazonia le bastaron a Federico Pardo para darse cuenta de que el gran pulmón del mundo no es un tapete homogéneo de bosque.

Entre tantos tonos de verde aún se esconden secretos que expedicionarios de vieja data y modernos han pasado por alto. Exóticas aves, anfibios, plantas, reptiles y bacterias esperan por años a que algún hombre con agallas, curiosidad y vocación de aventura se atreva a sacarlos del anonimato al que obliga la selva.

Con tal propósito, Pardo, biólogo y documentalista, llegó en noviembre de 2012 a la frontera entre Perú y Colombia, justo donde el río Putumayo rompe los lazos de ambos países y se abren y desembocan los ríos Ere, Campuya y Algodón.

Un equipo de botánicos, antropólogos y expertos en especies del trópico lo acompañaba. ¿La misión? Adentrarse en las profundidades de la Amazonia, descubrir la riqueza natural y cultural que albergan 900.000 hectáreas de bosque, hacer un inventario de los hallazgos y registrarlos con una cámara.

El punto de partida fue Iquitos, Perú. Luego, 35 minutos en helicóptero por un inmenso manto verde.

Desde el aire, unas manchas amarillas en las copas de algunos árboles llamaron la atención de los biólogos. Durante otros recorridos por la selva ecuatoriana o brasileña no habían encontrado pigmentos similares. ¿Sería el primer hallazgo?, se preguntaban. Sin embargo, faltaban días enteros de caminata y observación para confirmarlo.

Por lo pronto, el aterrizaje ya dejaba ver las inclemencias que vivirían por casi un mes. A falta de un helipuerto, indígenas cofanes le abrieron camino al aparato con machetes. Un viento de locos levantó tanta madera y aserrín hasta dejarlos como ciegos por un buen rato.

“Desconectarse del transporte, del ruido, dormir en una carpa en la mitad de la nada, creer que hay algo observándote, estar más vulnerable, saborear la paz del bosque, escuchar la música de los insectos y los monos, experimentar absoluta soledad, eso es reconfortante”, explica Pardo cuando relata la sensación de aquellos días en la Amazonia.

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También recuerda que, pese a estar en un lugar remoto, difícil de colonizar por industrias y extranjeros, a los indígenas huitoto del lado peruano del río Putumayo les robaron sus tradiciones. Hombres de iglesia, hombres que decían tener la verdad absoluta los evangelizaron. En la zona ya no hay malokas (casas comunitarias utilizadas por los indígenas de la Amazonia para celebrar sus ritos) y las nuevas generaciones desconocen su lengua y los usos de la medicina tradicional.

En cambio, y aunque en esta región las fronteras políticas son muy difusas, el lado colombiano está conservado. Según Pardo y los antropólogos que lo acompañaron, el conflicto armado atemoriza a los clérigos e impide su entrada.

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Unos 2.233 habitantes de la selva amazónica fueron observados por este grupo de investigadores. Hasta entonces no había vestigios de aquellos árboles con copa amarilla que habían visto desde el helicóptero.

Sin embargo, faltando pocos días para el fin de la expedición, y luego de caminar 4 kilómetros por selva virgen y con equipos al hombro, dos botánicos, un indígena y Federico Pardo hallaron decenas de estos misteriosos árboles nunca antes reconocidos por la ciencia.

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Los qualea, una nueva especie que quedó registrada por este documentalista, mide 30 metros, tiene flores color amarillo y frutos de un tono marrón. De tronco delgado y ramas altas, es difícil de escalar. Quienes lo examinaron tuvieron que conformarse con observarlo desde abajo y recoger algunas pruebas que evidencian su gran revelación, la muestra de la riqueza desconocida que alberga la Amazonia.

“Es un sentimiento de sorpresa, de expectativa de qué te van a decir afuera cuando sepan lo que viste. Te sientes con un privilegio enorme, es como si hubieras alcanzado alguna cima, porque llegar hasta los qualea demandó mucho de nuestros cuerpos, sudor y ansiedad”, narra Pardo, y agrega que lo mejor del hallazgo es poder mostrárselo al mundo en imágenes.

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Fue por eso que recopiló cinco minutos de video de la experiencia que lo hicieron ganador de la categoría “Naturaleza”, en el concurso internacional de realización de videos Smithsonian In Montion, realizado por la prestigiosa Smithsonian Institution en Washington D. C., donde este colombiano compitió junto con 24 finalistas de diferentes nacionalidades.

Su video, titulado Discovering New Species in the Amazon, fue valorado por los jueces como “una pieza original, de relevancia histórica y con altísima calidad de la imagen, el sonido y la ejecución”. Además, se destacó por cumplir con los objetivos propios del concurso, que incluyen desentrañar los misterios del universo, comprender el sostenimiento del planeta y respetar la biodiversidad y la valoración de las culturas.

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Así se van cumpliendo los sueños de Federico Pardo, un colombiano que ha pasado por National Gegraphic, que ha capturado en imágenes a los monos araña de la selva ecuatoriana y que siguió de cerca la vida de aves, mamíferos y parásitos en Mozambique.

Sobre su experiencia en la Amazonia resalta: “Esta región es nuestro patio trasero, no sabemos lo que está escondido allí y tampoco lo protegemos. Si no hay iniciativas como al nuestra, si no hay investigación, es posible que perdamos lo que no conocemos”.

Por Mariana Escobar Roldán

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