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2 Dec 2013 - 9:56 p. m.

En las entrañas del capo

Mordaz y directo, el actor que interpretó al capo en la serie “Escobar, el patrón del mal”, lo define como antisocial, agresivo y sádico.

Élber Gutiérrez Roa

Andrés Parra personificó a Pablo Escobar en la serie de Canal Caracol ‘Escobar, el  patrón del mal’. / Canal Caracol
Andrés Parra personificó a Pablo Escobar en la serie de Canal Caracol ‘Escobar, el patrón del mal’. / Canal Caracol

En los años 80, cuando el terrorismo de Pablo Escobar se enseñoreaba sobre Colombia, a los niños de muchos colegios del país poco se les permitía hablar sobre el tema. En algunos casos las clases de historia llegaban hasta los años 70 y de ahí en adelante había un vacío, un limbo en el cual era mejor no meterse. Casi que como les ocurrió a algunas de las generaciones alemanas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, el país ni siquiera sabía —o no quería saber— qué era lo que estaba ocurriendo y por ello muchos optaban por alejar a los niños de las razones de aquella violencia.

Eran las épocas en las que la radio y la televisión reportaban bombazos por doquier. Magnicidios de candidatos presidenciales, ministros, periodistas, rocketazos, muertes de árbitros ocasionadas por mafias vinculadas al fútbol y otras tragedias que se supone que los niños de la época no conocían.

Pero Andrés Parra las recuerda todas. Y no se olvida de cuando los profesores les pedían a él y a sus compañeritos no comentar, no hablar con nadie. Para alguien nacido en 1977, muchas de las cosas que ocurrían en el epílogo de los 80 son aún borrosas, difíciles de entender y por ello resulta paradójico que haya sido precisamente a él a quien le correspondería interpretar a Pablo Escobar Gaviria en 2012, en la serie Escobar, el patrón del mal. Una experiencia enriquecedora como artista, pero que le dejó muchas reflexiones sobre el país en el que nació, en el que vivió su infancia y en el que se reproducen aún males que él no comprendía cuando estaba en el colegio. A partir de la construcción de su personaje, Parra construyó un perfil de ese capo sobre el que la gente cree saberlo todo.

¿Cómo fue el trabajo psicológico de meterse en la vida del capo que azotó a la Colombia de su infancia?
Tocó pedir ayuda, porque no logré comprender su complejidad. Con un gran amigo que es psicólogo, y con su maestro, le hicimos un estudio bien profundo.

Con terapia de choque incluida…
Claro, acuérdese de que Pablo Escobar es uno de los personajes más estudiados en la psicología en el mundo, al lado de Charles Manson. Son mentes que generan curiosidad en referencia a la maldad humana. De eso me aproveché para hacer su perfil.

¿Y cómo se puede describir ese perfil en términos de la psicología?
Me basé en una conclusión de ellos que lo definía como antisocial, agresivo, sádico y con ausencia total de asco, miedo y vergüenza. Escobar era un hombre que dormía tranquilo, que no cargaba con culpa o cargo de conciencia, un convencido de que lo que hacía estaba bien.

¿Usted también concluyó que él dormía tranquilo mientras hacía lo que hacía?
Tenía la capacidad de pasar de amigo a enemigo fácilmente y en ambas caras se movía con total intensidad. Por eso el país está tan dividido frente al fenómeno de Escobar. Está el que hace peregrinación el 2 de diciembre conmemorando su muerte y el que ese día se llena de veneno y odio.

¿Se parecía esa idea a la que tenía de Escobar antes de estudiarlo?
Tenía la idea que tenemos la mayoría de colombianos. Creemos conocerlo y estamos equivocados. Yo no lo conocía. Escobar era un tema tabú en el colegio que nos trataban de tapar. Era peligroso. Vergonzoso.

¿Hasta qué punto sufrió al personaje y hasta dónde se lo gozó?
Actoralmente hablando (y es algo que algunos de mala leche han malinterpretado, pero me da igual) ha sido un goce. Fue fascinante llegar a un personaje tan lleno de colores y contradicciones. Un banquete. Ahora, como persona, fue una experiencia terrible ver al país doblegado al poder de ese señor. Ver esa impunidad, ver que pasan los años y esa semilla del mal sigue latente.

¿Y no le pasó como a esos escritores o actores que se obsesionan tanto con el personaje que terminan influenciados por él?
Hay personajes que piden que uno se obsesione con ellos. Con Escobar tocaba obsesionarse. Tener a Escobar presente hace que de alguna manera uno alcance a entender en qué país está. Escobar marcó a una generación, a una sociedad. Sí, nos puede dar mucha vergüenza, pero sólo en la medida en que uno reconozca el problema evita que se repita.

Después de ese proceso, ¿qué tanto heredó del personaje?
Me sollé durante el proceso, haciéndolo. La gente dice, y yo no me daba cuenta, que estuve irascible, más amargado. Tuve problemas en mis relaciones personales, aunque no porque me haya vuelto violento. Pero ya estoy normal. No me quedo con nada. Me quedó un montón de información importante que espero transmitir a mi familia para que tenga al país en la cabeza.

Y para que el país no repita errores.

Errores graves, que nos hicieron conocidos en el mundo. Porque gústenos o no, Escobar fue el colombiano más famoso del mundo. Sí, uno quisiera que fuera García Márquez, Falcao o Nairo Quintana, pero no. Usted va a Eslovenia, al jopo del mundo, y a lo mejor no saben quién es Gabo, pero le garantizo que saben quién es Escobar. Triste, terrible, démonos golpes en la espalda, tirémonos por una ventana, pero es la verdad. No es culpa de la serie de televisión sobre Escobar, sino de nosotros. Parimos al criminal estrella de la historia.

Por eso se seguirá escribiendo y haciendo cine sobre él.
Es que a la gente eso le llama la atención. Escobar le patrocinó el vicio a la nación más poderosa del mundo. Eso lo vuelve un rockstar. Calmó la ansiedad de las estrellas de Hollywood, de los empresarios norteamericanos, de los grandes políticos de allá. Por eso es que el consumo de coca no es necesariamente colombiano. Al colombiano le gusta la pola. Por ahí se echa un porro, pero no es cocainómano porque el pueblo no tiene plata para pagar esa cosa tan cara.

Bueno, eso ha cambiado un poco…
Pero el problema sigue siendo económico, no moral ni de salud. ¿Si EE.UU. produjera la cocaína habría esta guerra tan absurda? No. Pero como es un país del tercer mundo. ¡Imagínese en los 80! ¿Qué éramos para el mundo? Una palmera con tres micos. Ahora, con internet, por lo menos saben que acá también hay calles y gente. Pero igual, si son del tercer mundo y producen coca volvamos ese negocio una vaina moralmente tenaz. Así arrancó la lucha contra las drogas, que como usted sabe está totalmente perdida.

¿Su pasión por el tema se la dio el personaje o ya se sacudió de él?
Es lo que pienso yo. Salí tan cansado, tan agotado, que tan pronto terminé de grabar la serie escondí todos los libros sobre Escobar, me hice un baño con velitas, me fui del país un tiempo, me volví a encontrar con mis amigos y mi familia, y entré cuanto antes en un proyecto que no tiene que ver con el tema.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de Pablo Escobar?
Yo oigo hablar de Escobar en mi casa a raíz del asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla. Y hasta hace muy pocos años me vine a dar cuenta de cómo fue el atentado. Lo tenía en mi memoria en la carretera, él iba por una carretera y lo mataron. Jamás me imaginé que hubiera sido ahí en la calle 127, en el puente. Es que la violencia estaba en las narices de nosotros y no la veíamos. O no la queríamos ver.

¿Y qué sintió cuando recreó esa muerte en televisión?
Cuando la vi (porque yo grabé sólo la orden de asesinarlo, pero no estuve en la escena) me impactó mucho porque no sabía que prácticamente el hijo era el que había encontrado el carro lleno de tiros. Que los escoltas se habían ido a buscarlo a la casa. Había muchas cosas que yo, habiéndome leído muchos libros y habiendo visto todos los videos sobre Escobar, no había retenido. Fue terrible.

¿Qué otra escena le llegó al alma en la serie?
La muerte de Guillermo Cano. Primero, por un cariño especial que le tengo a Germán Quintero. Creo que hizo un personaje maravilloso (interpretó al asesinado exdirector de El Espectador). Pienso que el de don Guillermo fue un personaje con el que el público en verdad realmente se encariñó, porque de alguna manera demostraba, que eso es muy bonito, la vulnerabilidad absoluta en esa guerra. Era un viejito, sin ningún tipo de protección, enfrentándose a semejante monstruo. Y esa secuencia, cómo la manejaron, cuando él se echa esa siesta, que ella lo tapa con la cobija. Esa escena dramatúrgicamente hablando estuvo muy bien armada. Y claro, esto de que lo maten sin ninguna protección, a traición, con los regalos de Navidad atrás. Fue la muerte que más me conmovió. Y el texto que dice Escobar en la serie: lo dejaron solo, se les muere solo. Eso es muy dicente.

“Escobar fue mi grado haciendo de narco”

Andrés Parra ya había interpretado dos veces a narcotraficantes cuando le ofrecieron ser Pablo Escobar Gaviria. Por eso dudó antes de aceptar el reto. No quería ser otro “Anestesia”, como el que encarnó en “El cartel de los Sapos”, ni parecerse al Jaime Cruz de “La Bruja”.

Cuando se le midió al reto, hizo un proceso de investigación de dos meses, miró todos los videos sobre el personaje, leyó los libros y encontró al Escobar que tanto había buscado y que resultó ser bien diferente a lo que se había imaginado. Sabía de su accionar criminal y de su relación con muchos de los males que agobian a Colombia, pero no tenía claro, hasta entonces, que Escobar era directamente responsable de la mayoría de acciones trágicas de las que había tenido noticia desde su infancia. Ese fue su primer choque con el personaje, al que interpretó con éxito, pero que también le granjeó críticas de quienes se oponen a llevar estas temáticas a la televisión.

Buscar al capo y hallarlo fue doloroso

Y qué fue lo que más le asombró cuando pudo conocer al verdadero Escobar?
El 95%. No sabía nada de esa relación con el deporte, con las constructoras, con el derecho, con los políticos. Desconocía el poder que tuvo, que fuera el responsable de tantos atentados. ¡Escobar era el que mandaba! Donde uno cree que estaban los carteles de las drogas peleando tampoco era tan así, lo que había era una ofensiva contra la población civil. No sabía de su relación con la izquierda, ni con la derecha, ni con el paramilitarismo, ni con la guerrilla, ni con la toma del Palacio de Justicia, ni con la muerte de Guillermo Cano, ni con la del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, etc. Es que a uno no le decían nada, no lo dejaban saber. Lo del asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento lo sabía, porque de alguna manera es lo que uno más ha visto en documentales y en la televisión, pero no sabíamos quiénes más estaban detrás de ese crimen. ¡Mire que sale salpicado hasta el DAS! Uno no sabe hasta dónde Escobar corrompió todo a su paso.

egutierrez@elespectador.com

@elbergutierrezr

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