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En medio del Magdalena Medio

Alfredo Molano Bravo reconstruye la historia de esta región.

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Especial para El Espectador *
15 de mayo de 2010 - 09:00 p. m.
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De momento el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (Pdpmm) fortalece los derechos humanos, los divulga, convierte a los pobladores en ciudadanos, es decir, en sujetos de derecho; desafía a los actores armados, alcanza acuerdos humanitarios locales y coyunturales y ha logrado que la guerrilla salga de los centros poblados. El Pdpmm denuncia y propone alternativas a la guerra. Pero esa dimensión del Pdpmm puede ser subsumida por una política con un gran énfasis en los resultados meramente económicos. Es una opción posible, la más sencilla y la más prudente, aunque sea la menos comprometida con las comunidades.

Ahora las cosas son menos equívocas: el capital tiende a estar más concentrado y a incidir más en la política local a través de la mediación de entidades financiadas por las grandes compañías mineras, palmeras o ganaderas. El papel de sustitución de la participación de los Núcleos de Pobladores en “la construcción y el funcionamiento de lo público” por los programas del Gobierno es notorio. Sin embargo, las pocas ganancias obtenidas en esta dirección son defendidas con tesón por el Pdpmm.

Para poder explicar la función que los programas de gobierno de Álvaro Uribe han tenido en la región es necesario entender cuáles han sido los resortes históricos de la política de Seguridad Democrática en su conjunto. En primer lugar, esos programas van en contravía de los postulados que ha defendido y ha justificado el Pdpmm: la Seguridad Democrática no ha facilitado siquiera una aproximación a un diálogo de paz, que ha sido, con mucho, el objetivo principal del Programa. Es una política autoritaria, calificada aun por algunos medios como The Economist de “autocrática”, y por sus detractores de populista. La Seguridad Democrática, de acuerdo con sus propios fundamentos, ha rodeado de todas las garantías la economía extractiva y los macroproyectos y ello, hoy se ve, era una exigencia del capital financiero y de la empresa privada que estaba detrás del saboteo paramilitar a todo arreglo negociado. En buena medida las políticas neoliberales han impuesto la inversión en seguridad como un requisito para la expansión de sus negocios.

La eliminación de la corrupción administrativa, que fue en gran medida la propuesta electoral de Uribe, dio origen a un clientelismo desenfrenado a favor de la reelección. Acción Social estuvo dedicada a preparar una sólida base electoral favorable a la segunda reelección del Presidente. La participación de las organizaciones sociales en la gestión política ha sido deformada con la distribución de cheques a los pobladores, subsidios a las empresas para su propio beneficio y sindicaciones criminales a la oposición, tanto de formaciones políticas, como de movimientos sociales. La perspectiva es aun más oscura si se tiene en cuenta la nueva estrategia social del Salto Estratégico en la medida en que supedita sus directrices a enfoques de carácter militar. El Pdpmm debe leer con mucha atención la Directiva Presidencial 02 de marzo 31 del presente año.

Uno de los papeles que cumple el Pdpmm es el de intermediación entre las necesidades de las comunidades y el Estado. El Programa busca soluciones a los conflictos locales reclamando y gestionando la atención del Gobierno, de la cooperación internacional y de la empresa privada. No sólo contribuye a la formulación y la realización de proyectos de desarrollo económico o social, sino a la defensa de la vida y de los derechos humanos. Es un hecho reconocido en la región que el Pdpmm interviene en todo conflicto social o hecho de violencia y rápidamente entra en contacto con los antagonistas, media entre ellos, facilita el diálogo y persevera en soluciones razonables para las partes.

Este papel de mediación y buenos oficios del Pdpmm es completado por lo regular con una demanda al alto Gobierno de intervención civil en las diferencias o antagonismos saltándose niveles intermedios y conductos regulares, para resolver sin dilación los litigios. Al padre Francisco de Roux le pasan al teléfono el Presidente de la República, los ministros, los altos ejecutivos de la empresa privada, los generales, los jerarcas de la Iglesia y cualquier empleado menor. La ventaja es grande: las soluciones se toman con prontitud y sobre una información directa. Muchas reacciones autoritarias y hasta violentas de las diferentes entidades gubernamentales han podido ser detenidas, aplazadas o suspendidas definitivamente a favor de programas y acuerdos pacíficos.

Asimismo, muchas reacciones violentas de los grupos armados han perdido fuerza al encontrar una intervención oportuna del Estado. Este papel del Pdpmm puede ser el más importante como contribución a la conciliación entre la Sociedad Civil de la región y el Estado. Los pobladores lo reconocen. En este sentido, el Pdpmm es una especie de trinchera contra la violencia y muestra con toda nitidez que gran parte de los conflictos de la región puede encontrar soluciones civilizadas si hay respuestas justas y equilibradas de los gobiernos.

El verdadero vacío del Estado no está en que no existan agencias institucionales, sino en que actúan sólo en función de su propia conveniencia, es decir, haciendo de lo público un instrumento patrimonial. Es ahí donde se puede encontrar el germen de toda violencia. Ahora bien, ¿por qué las administraciones regionales y nacionales atienden con rapidez y solvencia al padre De Roux? Hay que decirlo con franqueza, lo cual, por supuesto, no demerita ni su celoso trabajo ni mucho menos el del equipo que lo acompaña. En primer lugar, De Roux está respaldado no sólo por la Compañía de Jesús, sino por la jerarquía eclesiástica en la figura de las Diócesis de Barranca y Magangué. En segundo lugar, porque está respaldado —¡y de qué manera!— por la comunidad internacional, en particular por la Unión Europea y la banca mundial. En tercer lugar, porque el Pdpmm ha sabido atraer la voluntad de los tres últimos presidentes, a pesar de las diferencias ideológicas o políticas que han desarrollado en materia económica y de orden público.


Por último, porque el Pdpmm ha sabido compartir con las comunidades los timbres que hay que tocar, las puertas que hay que abrir y el tratamiento que hay que dar a los empleados públicos y a los funcionarios internacionales. Quizá sea uno de los más trascendentales aprendizajes que ha transmitido el Pdpmm. Los dirigentes comunales han aprendido a moverse en los organigramas oficiales o privados con soltura y a defender con prudencia pero sin vacilaciones sus derechos. Sobraría decir que la actuación del padre De Roux y del equipo del Pdpmm se da sobre la base de principios éticos incuestionables y que responden, por lo demás, a las aspiraciones y los intereses de las comunidades. No es sólo el evidente carisma del sacerdote y de muchos de sus compañeros, es también la actuación política fundada en principios éticos manifiestos. El Pdpmm es una rueda de transmisión entre los pobladores de la región con sus múltiples necesidades y la élite de los poderes político y económico del país; mecanismo que actúa en doble vía. Es el papel que en una democracia madura cumplen los partidos políticos. El hecho de que uno de los cuadros formados y asociados al Pdpmm haya ganado una alcaldía tan significativa como la de Barrancabermeja, indica que se podría estar inaugurando una nueva forma de hacer política basada en principios éticos. El balance de la gestión del actual alcalde lo dirá.

Las preguntas que se desprenden de lo anterior son dos. Primera: ¿Qué pasará cuando la figura carismática que fundó y ha sido el alma del Pdpmm desaparezca de la escena? No ahora, que es Provincial de la Compañía, y por esa razón sigue teniendo una gran injerencia en el Programa, sino cuando De Roux sea nombrado, por ejemplo, profesor en la Universidad Gregoriana de Roma. ¿Es posible que Pastoral Social continúe desempeñando su función de bisagra entre las comunidades, y el Pdpmm y sosteniéndolo con su fuerza? En segundo lugar: ¿Qué pasará en la estructura y la orientación de otras ONG que lleguen el día que el Pdpmm desaparezca? ¿Podrá el Estado llenar ese vacío? El Programa afrontará muy pronto la ausencia de Francisco de Roux, la disminución de los fondos de cooperación internacional y el desgaste político del Gobierno. De alguna manera, lo que suceda en estos próximos tiempos será el borrador de lo que acontecerá con el Pdpmm en el futuro cercano.

Por último, es justo reconocer hoy que la violencia en el Magdalena Medio ha disminuido. ¿Cuál es el futuro de Pdpmm si la tendencia continúa? Una de las principales funciones que el Programa cumplía era la defensa de la vida y de los derechos humanos. La gente buscaba y respaldaba sus acciones porque encontraba una especie de trinchera contra la arbitrariedad. Se podría decir que, en buena medida, la defensa que el Pdpmm hacía de las comunidades era el cemento de su obra. Es posible, por tanto, que al debilitarse la violencia su función principal sea sustituida por la mera promoción económica. Así, el Estado podría acoger poco a poco los proyectos,  e inclusive, a mediano plazo, suspenderlos. Desde un punto de vista histórico, el Pdpmm ha sido el puente para integrar la región a una estructura económica que ha cambiado sólo en el sentido de privilegiar el sector primario sin modificar las reglas de la distribución de ingresos.

La Seguridad Democrática les ha devuelto a los inversionistas extranjeros la confianza y permitido las grandes inversiones en minería y bioenergía.

El escenario económico y político que los analistas prevén para la región tiene que ver con los logros de la combinación de formas de lucha militar y paramilitar que el establecimiento adoptó para controlar tanto los movimientos sociales de resistencia como la insurgencia armada, y preparar el escenario para un modelo de desarrollo neoliberal que regresa a poner todo el énfasis en el sector primario basado en megaproyectos.

 * Con autorización del autor y del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep).

 El lanzamiento del libro será este martes 18 de mayo a las 6:30 p.m. en la carrera 5ª Nº 33ª-08, en Bogotá.

Por Especial para El Espectador *

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