22 Aug 2011 - 10:00 p. m.

En Santuario reinventaron la rueda

El IV Salón de Inventores y Alta Tecnología expuso 125 productos, pensados y materializados, por colombianos.

Wálter Arias Hidalgo / Medellín

Ya exhausto, después de subir varias veces a un segundo piso con kilos de material de construcción para el colegio José María Córdova del municipio de Santuario (Antioquia), un alumno preguntó en voz alta por qué alguien no se había inventado una rueda que subiera escalones.

El profesor de dibujo técnico Gabriel Damián Salazar escuchó la inquietud y pensó que no era descabellada. Entonces juntó a un grupo de estudiantes y echó a rodar un proyecto que hoy, dos años después, fue uno de los más llamativos en el IV Salón de Inventores y Alta Tecnología, exposición que realizó la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Antioquia (SAI) en el Palacio de Exposiciones de Medellín. A la cita asistieron 125 inventores: 121 de Antioquia, tres de Bogotá y uno de Barranquilla.

Allí, Salazar y los estudiantes Camilo García, Alexis Ariza, Edinson Gallego y Efrén Restrepo les explicaron a los visitantes, impactados con la carreta que se desplaza como una araña, cómo surgió la idea y cómo la hicieron realidad.

Los mismos muchachos explican que a la tabla y a la madera les pusieron, en cambio de una rueda, dos láminas de acero y a cada una le pegaron cinco pequeñas ruedas para que así la carreta pueda trepar superficies. Aún deben perfeccionar el vehículo para que tenga utilidad comercial. Sin embargo, el profesor Salazar ya lo vislumbra trepando en construcciones donde no hay ascensores.

El invento es sencillo, pero llamativo, como los que trajo de Barcelona Manuel Matellán, director del Club de Inventores Españoles e invitado al Salón de Inventores. En una pequeña bolsa, como si fueran juguetes, carga un trompo que al lanzarse al piso se multiplica en cinco, un pito ecológico, una pinza de doble punta.

Mientras muestra los objetos expresa que “no hay invento pequeño”. “La idea es mostrar cómo un proyecto de estos puede generar una riqueza importante para un territorio. De esta pieza (el pito ecológico) hemos vendido un millón, es decir, un millón de euros”, dice Matellán.

La idea de Alberto Vargas, otro expositor, surgió después de la muerte de su padre, un sargento de la Policía de Antioquia asesinado en el año 2000 por no permitir que le robaran el carro.

Después de eso, Vargas, estudiante de ingeniería electrónica y mecánica de la Universidad de Antioquia, pensó cómo evitar robos de vehículos y a la vez apoyar a la Policía. Once años después, luego de dos años de trabajo en el proyecto, lanza un producto de ataque para vehículos: un sistema eléctrico para aturdir a quienes roban motocicletas y un canal de gas pimienta para reducir a los ladrones de automóviles.

Ambos sistemas, explica Vargas, están conectados a la alarma de parqueo y al celular del propietario. Cuando el vehículo es tocado, entra una llamada de alerta que indica que alguien tocó el vehículo. Treinta segundos después, si éste recibe un fuerte golpe o se pone en movimiento, el dueño recibe una segunda llamada que indica que algo grave está ocurriendo. Sólo si eso ocurre, dice Vargas, el dueño activa desde su teléfono un código secreto y ahí se genera la descarga eléctrica y se libera el gas pimienta. “El propósito es que las Policía los pueda capturar después”, dice Vargas.

Ideas como estas se muestran gracias a la SAI. Álvaro Villegas Moreno, presidente de la organización de ingenieros, expresa que estos eventos son una manera de agradecerle a la comunidad y de promocionar las ideas que están realizando ingenieros y también creativos de barrios y pueblos.

Por ello, el profesor Damián Salazar y sus estudiantes le relataron a los visitantes la historia de la “rueda Medusa”, como acordaron llamarla, por la apariencia que las pequeñas ruedas le dan a la carreta.

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