
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Usted aprovechó un foro en el que participó para reclamarles a las Farc la entrega de los menores que estuvieron -están aún- en sus filas. ¿Por qué planteó esa queja en público y no se la formuló al grupo con que negoció la paz?
Simplemente recogí un sentimiento general sobre la necesidad de que las Farc cumplan lo prometido y es un tema de interés público. Sería absurdo que cualquier colombiano pudiera plantearlo, menos el exjefe de la delegación del Gobierno. No se me puede pedir que sea cómplice de los incumplimientos de las Farc. Por otro lado, tal vez no se ha advertido que la Mesa de La Habana ya no existe. Ahora hay una Comisión de Seguimiento de la que no hago parte.
Interpreto que ya no es interlocutor de las Farc porque la fase de negociación terminó. ¿Estoy en lo cierto?
Esa interpretación es correcta. No participo de las reuniones de Comisión de Seguimiento. Por lo tanto, ya no tengo interlocución directa con las Farc.
El pacto de devolución de los menores involucrados en la guerra se concretó hacia mayo del año pasado. Supuestamente, las Farc, ¿cuándo deberían haber concluido la fase del regreso de los niños que estaban con ellas a la vida civil?
En mayo del año pasado -como usted dice- se logró un acuerdo para la desvinculación de los menores de las filas de las Farc. Fue un hecho importante y con repercusiones internacionales. Al anuncio asistió la señora Leila Zerrougui (representante especial del secretario general de Naciones Unidas para los niños en conflicto armado). El compromiso de las Farc fue reiterado en septiembre y, de nuevo, un poco más adelante. Siempre entendimos que inmediatamente después de mayo de 2016 deberían haberse producido todas las liberaciones.
Su frase exacta fue: “(las Farc) no pueden seguir tomando el pelo con el tema de los menores”. Esas palabras, ¿indican que ustedes han preguntado sobre la entrega de los niños repetidamente y la guerrilla ha contestado con evasivas?
Claro que sí: decenas de veces. Insisto: el tema de los menores fue discutido en muchas ocasiones y se llegó a un acuerdo. Ahora hay que cumplir. Es así de sencillo. En la Comisión de Seguimiento los delegados del Gobierno han seguido enfatizando en este punto, aunque entiendo que, en las últimas horas y a raíz de la discusión pública que se ha generado, los trámites para la devolución de los menores se están agilizando.
No es su tema y es obvio que no quiere involucrarse, pero quisiera retomar un caso particular contado en Blu: una mamá fue por su hijo de 14 años quien había sido forzado a entrar a las filas de las Farc cuando tenía 12. No pudo llevárselo. ¿Los mecanismos para desarrollar el posconflicto no fueron bien pensados?
En el caso de los menores se creó una institucionalidad coordinada por Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) que brinda todas las garantías. Además de este organismo internacional, el grupo que recibirá y atenderá a los menores devueltos por las Farc está integrado por entidades públicas y privadas del país (ver parte superior de la pág. siguiente). Ese grupo, sin duda, dará tranquilidad a todos, en vista de la veeduría social que ejercerá para que el regreso de los niños y su situación posterior sean supervisados en cada etapa.
Algunos comentaristas interpretaron ese reclamo suyo como el de un candidato electoral que quiere distanciarse de “los errores” que cometió como jefe de la delegación de Gobierno en la negociación. ¿Qué les responde?
¿Cuál error? El objetivo de la delegación del Gobierno en La Habana era conseguir un acuerdo. En el punto de los niños se logró y, luego, fue reiterado en varias oportunidades. La hipótesis que usted plantea es un tanto extraña: ¡culpar a los delegados gubernamentales que lograron ese acuerdo -que será estupendo para los menores y que fue aplaudido por todo el mundo-, debido a que las Farc demoraron su cumplimiento! Espero que esta discusión sirva para llamarle la atención a la guerrilla y que ésta honre pronto su palabra.
¿Por qué cree que le empezaron a caer a usted, ahora? ¿Tal vez el combate preelectoral se inició y su nombre va a estar, inevitablemente, atado al fragor de esa batalla?
No descarto esa posibilidad.
¿Su respuesta indica que sí está interesado en la elección del 18?
Aclaremos: cuando hablo de que no descartemos esa posibilidad me refiero a que quien haya emitido esa opinión que usted menciona puede tener un interés electoral propio.
En todo caso, en el mundo político no se descarta que usted esté en la carrera por la Presidencia. ¿Participará en esa contienda, al menos, como precandidato liberal?
Nací en Manzanares, mi familia fue desplazada, estudié en una universidad pública de provincia, mi madre trabajó como educadora toda su vida y mi padre, igual, como empleado público. Nunca tuve privilegios ni se me dio nada en bandeja de plata. Creo que la vida me ha retribuido más de lo que nunca imaginé. No necesito honores. Por eso, una candidatura no es para mí un acto personal. Hay que juzgar si uno es útil y si tiene apoyo ciudadano. Lo que sí le digo es que tanto el mensaje central de la Constitución como la paz forman parte indeleble de mi vida y estaré presente en su defensa de manera permanente. En estos meses me dedicaré a eso por fuera de toda candidatura. No tengo opinión en este momento sobre una consulta liberal. No me corresponde. Pero aprovecho para decir que los miembros de ese partido que han insinuado sus aspiraciones me merecen el mayor respeto. Es todo lo que tengo para decir.
Lo noto en actitud defensiva en esta y otras respuestas. ¿Se ha sentido agredido por alguien de su partido o por fuera, y cree que le están haciendo el cajón como se dice popularmente?
Rotundamente no: no he sentido agresiones ni rechazo de ninguna naturaleza, pero insisto en que no he tomado ninguna decisión en materia de candidatura.
Y tampoco la ha descartado de plano…
Cada día trae su afán.
Regreso al foro en que habló y que generó polémica: consulté con varios asistentes y coinciden en que usted es distinto hoy porque su charla de ese día se centró sólo de manera tangencial en la paz…
Mi predicción es que cada vez la discusión política en Colombia será menos sobre el texto del acuerdo y más sobre las oportunidades de cambio que se abren a partir de él. Esto explica la percepción -sobre mí- de las personas que estuvieron en el foro.
Los personajes públicos nacionales e internacionales que sean de “centro”, tal como usted se define a sí mismo, ¿no estarán fuera de ese tiempo histórico que favoreció a Trump, a la derecha británica y a varios jefes de Estado latinoamericanos?
Efectivamente, hay un viraje a la derecha en el contexto internacional, pero en la actual coyuntura de Colombia, en donde como dije, las posibilidades de cambio a partir del acuerdo con las Farc son muy grandes, pienso que, al contrario, la mayoría ciudadana terminará alejándose de los extremismos.
Con absoluta seguridad, en la campaña de 2018, en Colombia, habrá émulos de Trump. ¿Teme que -como les está pasando a los programas de Obama- el Trump colombiano llegue a deshacer el acuerdo con las Farc y a declarar una nueva guerra?
Ese es el gran riesgo: agresividad, tergiversación, calumnia rampante y, como dije, odio. Tenemos que reforzar los valores centrales: respeto, reconciliación, no violencia. Es necesario borrar, por completo, la idea de que hay una violencia buena. Eso se logra sin anarquía, con orden, con seguridad, pero sobre todo con la fuerza tranquila de las instituciones.
Pues buena parte del país urbano y rural parece tener inclinaciones contrarias… Ya ve usted el eco que tienen personajes como Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez, entre otros…
Justamente, el gran esfuerzo colectivo debe ejercerse para evitar todo tipo de extremismos.
¿Cuánta influencia cree que tendrá, en el futuro de Colombia, la ideología y las tendencias autoritarias del nuevo gobierno de Estados Unidos?
Todavía hay incertidumbre. En particular, aún no conocemos la actitud de ese gobierno frente a Colombia, pero existe gran preocupación. Ojalá el muro que se propone para dividir a México de Estados Unidos no desate una ola de rechazo antiyanqui en Latinoamérica. Sería volver a un pasado inconveniente.
¿Le preocupa la ambigua pero diciente respuesta del propuesto secretario de Estado Rex Tilersson, quien aseguró que “trataré de revisar los detalles del reciente acuerdo de paz de Colombia y determinar qué tanto debe de seguir apoyando esto EE. UU.”?
Es difícil responder de manera puntual, porque la posición de Estados Unidos no se ha concretado aún. Hay un hecho aquí: el crecimiento de los cultivos ilícitos. Tenemos que demostrar que somos eficientes en su erradicación. Hay que quitarle gente a la coca y no sólo coca a la gente. Despejado esto, no creo que ese gobierno cometa el grave error de afectar el proceso de paz.
Del otro lado, ¿la presencia, en Colombia, del presidente francés Francois Hollande es un mensaje de Europa en sentido contrario, es decir, un “cuente con nosotros”?
Y no sólo de Hollande: el apoyo al proceso en la comunidad internacional ha sido notorio y unánime, como todo el mundo sabe.
Todavía no cantemos victoria. El triunfo de Trump y el conservadurismo extremo de la señora Theresa May, además de otras señales internacionales, hace temer que el acuerdo con las Farc tendrá menos aplausos externos…
Me parece que la comunidad internacional, repito, unánimemente, ha expresado apoyo a Colombia y no veo ningún interés en dar marcha atrás en un proceso que es crítico para nosotros.
Regresando al plano interno, ha habido muchas inquietudes alrededor de la instalación de los campamentos de preagrupamiento de las Farc y éstas se quejan de que no tienen cubiertas las necesidades más elementales. ¿Hubo fallas de organización para esta etapa?
Ha habido problemas. Hay que recordar que con el triunfo del No fue necesario suspender la preparación del acuerdo hasta lograr uno nuevo. Pero no hay que perder las proporciones: el Estado ha cumplido con creces lo más importante: su refrendación en el Congreso, el sistema de fast track para el trámite de proyectos en el Legislativo, la aprobación de la ley de amnistía y ahora, en vez de vacaciones, el Congreso avanza en la Justicia Transicional. Las Farc deben mirar estos esfuerzos y dar los pasos acordados.
Muchos me van a insultar, pero voy a afirmar algo: las Farc han dado serias muestras de querer salir de la guerra. Desde luego, algunos de sus jefes han sido torpes en sus declaraciones. Sin embargo, ¿no falta un poco de más capacidad de comprensión de ambos lados para lograr la convivencia?
Eso que usted dice es parcialmente cierto, pero también sostengo que aunque de las Farc no debemos esperar que cambien su ideología puesto que ese no fue el propósito del acuerdo, ellas deben comprender los ritos de la democracia, como dije antes, y tienen que aprender a expresar sus ideas radicales en el marco del mismo respeto que piden para sí. De esta manera se facilitaría el ambiente de convivencia y tolerancia que se requiere para aclimatar la etapa del posconflicto.
Tanta controversia en torno el acuerdo de paz, ¿no ha terminado por lesionar la credibilidad del proceso y del país ante la comunidad internacional?
He manifestado siempre que quienes se oponen ejercen un derecho ciudadano. Muchas críticas se emiten para acertar, no porque quienes las dicen sean enemigos de la paz. Pero estas son circunstancias transitorias. El mensaje de paz es suficientemente poderoso y pienso que cuando se vean los resultados del proceso se solidificará más.
Esta vez y por excepción escribiré la frase final de la entrevista: Humberto de la Calle, jefe de negociadores del Gobierno, ya no existe: la forma en que habla y se expresa el De la Calle de hoy es la de un aspirante electoral.
“Dos modelos de país: el del odio y el del diálogo”
¿Cree, como Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo entre otros, que el tema de la paz será superado por otros debates en las elecciones de 2018?
Aunque hacer cábalas es un riesgo, es un error juzgar las próximas elecciones por la coyuntura actual. Hay dos variables esenciales: que el Gobierno cumpla el acuerdo y que las Farc asuman la responsabilidad de, además de cumplirlo a su vez, ejercitarse en los ritos y el lenguaje de la democracia. Si ello es así, la atención se centrará en otros temas. Pero, de otra parte, el acuerdo dará oportunidad para entrar en discusiones más hondas. Veo dos modelos de país: autoritarismo y odio por un lado; y diálogo, respeto e inclusión, por el otro. Este debate será predominante, aunque quizá no el único en la campaña electoral.
Se dice que el péndulo de la historia llega a un extremo y después va hacia el lado contrario. ¿Estaremos en un momento político en que Colombia y el mundo serán dominados por un populismo de extrema derecha, regresivo y discriminador?
Ese peligro existe, y por eso me parece que los colombianos que nos ubicamos en el centro, y que defendemos el respeto y la tolerancia por las ideas ajenas, debemos estar en guardia para conjurarlo.
6 mil niños salvados de la guerra
La discusión de esta semana, en cuanto a los desarrollos del posconflicto, se centró en la demora de las Farc en entregar a los menores de edad para que regresen a la vida civil. El grupo mixto, nacional e internacional, conformado para supervisar ese compromiso de hondo significado humano, está compuesto por personal de: Unicef, organismo de la ONU que coordinará las acciones; la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Oficina de la Consejera presidencial de Derechos Humanos. Pese a las cifras que se han dado sobre menores integrantes de grupos ilegales armados, no existen datos precisos por la dificultad de verificar su veracidad. Sin embargo, en la Presidencia se tienen estadísticas parciales que datan de 1999. Según estas, el ICBF recogió y tiene el registro de 6 mil niños que fueron reclutados por las Farc, el ELN y los grupos paramilitares. El 60% de estos menores estaba en poder de las Farc y ese porcentaje corresponde a 3.663 niños. Todos fueron atendidos, reubicados o entregados a sus familias. En la actualidad ya hay 10 sitios designados en 9 departamentos, destinados para el hospedaje de ellos, exclusivamente. Se denominarán lugares transitorios a las zonas de concentración.