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El ex director de la Policía Antinarcóticos dijo que siempre se ha destacado por ser un incansable defensor de los valores humanos y de las buenas costumbres, y de ahí que sea incapaz de haber hecho uso de su cargo como general de la República para integrar una red dedicada a la desaparición de personas, como fue señalado en ElEspectador.com el 7 de octubre pasado, en atención a versiones periodísticas publicadas por otros medios nacionales hace varios meses.
Aseguró que su único patrimonio es su buen nombre, que es por lo único de lo que puede sentirse verdaderamente orgulloso y poseedor de un gran tesoro, más allá de las posesiones materiales que hayan llegado a su haber.
Manifestó que ha sido esa la bandera que ha defendido a lo largo de su vida como agente de la fuerza pública, como catedrático y como padre de familia, por cuanto no deja de recordarles a sus estudiantes y a sus hijas la importancia de este legado que, espera, se mantenga vivo en la sociedad colombiana.
Socha Salamanca recordó la transparencia que lo ha caracterizado como representante de las fuerzas del orden, pese al ambiente hostil que rodeó su tarea como persecutor de los más temibles capos de la mafia y el crimen organizado, que no dejaron de hacerle saber que su destino estaría supeditado al "plomo", su letal condena, o a la "plata", la indigna solución a la amenaza.
El general recordó que, pese a las amenazas, que incluso sugerían un daño irreversible para sus seres queridos, mantuvo la firme certeza de transitar el camino de la Ley, apegado a la fehaciente convicción de que no eran él, ni sus hombres, ni sus contradictores, sino Dios el único dueño de su destino.
Según asevera, no hay nada más satisfactorio para alguien como él que haberse destacado durante 40 años de servicio por su honestidad, su respeto a los valores y a la dignidad humana, por cuanto no hay dolor más certero que el de atentar contra su honra personal.
El ex uniformado aclaró que su único vínculo con lo ocurrido en el Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985 es el levantamiento de cadáveres que debía efectuar, dentro de las funciones que la Ley le ordenaba, labor que sólo ejecutó una vez se hicieron presentes jueces de la República que verificasen la transparencia del acto, alrededor de la cual no ha habido queja hasta ahora.
Agregó que sabía lo delicado de la operación, que estaba precedida de hechos "espantosos", como los ocurridos al interior del Palacio durante las fatídicas jornadas, por cuanto entendía el reto que le deparaba el garantizar la mayor nitidez, que no dejara dudas acerca de la legalidad en su actuación y la de sus hombres.
De la misma manera, precisó que su hermano, Julio Enrique Socha Salamanca, presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, no tiene nada que ver con este hecho, ni con el anuncio de la juez 51 Penal del Circuito de Bogotá de llamarlo a declarar dentro del proceso que adelanta por el holocausto del Palacio de Justicia.
Manifestó que relacionar este hecho con el vínculo familiar que lo une al magistrado, lo que genera es sensacionalismo, lo que lo llevó a exigir que se desligue por completo a su hermano de este juicio, con el que no tiene el menor vínculo.
Es de aclarar que la funcionaria judicial solicitó la presencia de Socha Salamanca como testigo, lo que no implica indicio alguno de la responsabilidad penal del general, quien no guarda ningún antecedente, en ese sentido, como tampoco en el campo disciplinario.
Finalmente, dijo que no sólo sus palabras sino los hechos demuestran la intachable conducta que siempre ha asumido dentro y fuera de las instituciones del Estado