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'Inmunidad no puede significar impunidad'

Su esposa fue atropellada por un diplomático estadounidense, que se amparó en la inmunidad para no responder por el accidente. Tras casi dos años del suceso, las secuelas persisten.

Alexánder Marín Correa

03 de diciembre de 2011 - 04:00 p. m.
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María Stella de la Ossa Vivero hoy no puede abrir bien su boca, perdió en parte su olfato, tendrá que reemplazar todos sus dientes frontales y quedó con un tic por las lesiones que sufrió en su rostro tras el accidente de tránsito del que fue víctima el 6 de febrero de 2010, cuando un funcionario de la Embajada de Estados Unidos la atropelló con su camioneta oficial. Ella padece las secuelas y el agresor, por inmunidad diplomática, no tuvo sanción.

La víctima es esposa del reconocido neurocirujano Remberto Burgos de la Espriella, oriundo de Sincelejo y quien tiene 25 años de experiencia. Además, es presidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía, presidente honorario de la Federación Latinoamericana de la especialidad y profesor de la Federación Mundial del ramo. Una de sus hijas estudia una maestría en la Universidad de Harvard y otra actualmente hace una pasantía en la Corte de La Haya (Holanda).

Tras el accidente, esta pareja demandó a la Embajada de EE.UU. ante la Sala Civil de la Corte Suprema, para exigir al menos una indemnización, pero perdió la pelea y quedó con cierto sabor de impunidad. El pasado 28 de noviembre la inmunidad se impuso, ya que, según la Corte, su caso no se ajustaba a ninguna de las excepciones para iniciar un proceso contra cuerpos diplomáticos.

“Es absurdo que no existan normas que protejan a sus ciudadanos frente a atropellos de funcionarios diplomáticos. Es decir, ellos pueden causar tragedias o agredir ciudadanos y no hay justicia. La inmunidad no puede ser sinónimo de impunidad”, dijo Burgos de la Espriella.

Ese sábado 6 de febrero, pasadas las 6:00 de la tarde, María Stella y Remberto salieron caminando desde su casa rumbo a la Clínica del Country. A pocas cuadras de la entidad, en la calle 85 con carrera 11, la pareja esperó a que el semáforo peatonal cambiara a verde.

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“Mi señora es muy cuidadosa. Siempre pasa por la zona peatonal, no se pasa un semáforo en rojo… no bota ni siquiera un papel a la calle. Por eso esperamos a que cambiara el semáforo. Cuando empezamos a cruzar, una camioneta Ford, de placa CD-0936, perteneciente a la Embajada de EE.UU., se pasó el semáforo en rojo. Recuerdo que al verla intenté correr a mi esposa para que no la atropellara, pero el carro venía rápido. Ella cayó de frente y quedó inconsciente”, dijo Burgos.

Al volante iba Clifford Neal, según lo indica el informe de accidentes de tránsito número A-00667809 de la Policía de Tránsito de Bogotá. “El sujeto se bajó del carro y, con una sonrisa en el rostro, preguntó: ‘¿Les pasó algo?’. Yo le respondí: ‘Irresponsable, nos pudo haber matado’. Él, al ver que mi esposa estaba mal, se devolvió y se encerró en el carro. No intentó siquiera pedir una ambulancia, ni llevarnos al hospital… Una indiferencia impresionante”, dijo el médico Burgos.

Un transeúnte fue quien pidió la ambulancia. Antes de que llegara el vehículo de socorro, Clifford ya estaba rodeando de varios guardias de seguridad de la embajada. “Antes de montarnos a la ambulancia le dije al policía que le hiciera la prueba de alcoholemia a ese señor, porque el que se pasa ese semáforo tiene que estar borracho o drogado”.

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María Stella sufrió fractura de maxilar, nasal y de cráneo, tuvo una conmoción cerebral, los dientes se le hundieron contra el paladar y sufrió una fractura de muñeca. “A mi esposa la atendieron en la Clínica del Country. Esa noche llegó el policía a tomar nuestra declaración y me dijo: ‘El señor no se dejó hacer la prueba de alcoholemia amparado en su inmunidad diplomática’”.

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Según el doctor Burgos, lo mínimo que esperaba era algún gesto de consideración por parte del cuerpo diplomático de Estados Unidos. Sin embargo, “poco o nada les importó la tragedia que causaron, pese a que uno de sus funcionarios por poco mata a mi esposa. Lo único que hicieron fue mandarle un ramo y eso, porque mi hija trabajaba entonces con Luis Guillermo Plata, el exministro de Comercio Exterior”.

“Luego enviaron a una empleada de la aseguradora que contrata la Embajada, quien me dijo que en cuánto estimaba mis pretensiones económicas. Eso me dolió mucho y le respondí: ‘No hay plata en el mundo que le pueda devolver la salud a mi esposa. ¿Cómo es posible que una persona cometa tremendo atropello y no pase nada?”, agregó el neurocirujano en diálogo con El Espectador.

La demanda

Después del accidente, María Stella estuvo hospitalizada una semana y luego le programaron las cirugías de reconstrucción. Aún hay secuelas del accidente. “Duró cuatro meses sin manejar, insegura. Perdió fuerza en su muñeca. Psicológicamente está muy golpeada. Ahí fue cuando decidí emprender acciones legales. Lo que quiero es que se legisle en el país frente al tema de los conductores presuntamente embriagados, y sobre todo los diplomáticos”.

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“Inicialmente buscamos una conciliación en la Procuraduría, pero los de la Embajada nunca llegaron, lo que demostró más de su indolencia. Ahí decidí proceder con la demanda. Muchos me dijeron que demandar a la Embajada era una locura, que podía perder la visa y que mis hijas, que están en Estados Unidos, podrían tener problemas, pero realmente eso no me importa. No hay derecho a que la gente se ampare en la inmunidad diplomática para cometer estos atropellos”.

Tras conocer la decisión de la Corte Suprema, Burgos cuestionó el papel de la justicia. “Aquí un funcionario de cualquier rango de una embajada atropella a un colombiano y el Estado no puede juzgarlo. Nadie puede tocar a los diplomáticos que abusan. A mi esposa casi la matan y es como si nada hubiera pasado. Es absurdo que un colombiano tenga que soportar la impunidad en estos casos. Ahora a quién acudo… ¿a la corte celestial?”.

El médico insiste en que su caso debe servir de ejemplo, para que los diplomáticos se porten a la altura en un país que los trata con respeto. “La inmunidad no puede ser un disfraz que diluya la responsabilidad”.

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Burgos dice que revisará la decisión de la Corte con sus abogados e insiste en que quiere que quien atropelló a su esposa responda. “Sé que donde quiera que esté, seguramente desconoce el impacto que causó en mi familia. Más que lo que le ocurrió a mi esposa, lo que más me duele es el impacto jurídico, al saber que en el país no tenemos el carácter ni las normas para juzgar a funcionarios extranjeros que delinquen acá”, concluyó.

El viernes, al final de la tarde, El Espectador intentó obtener un pronunciamiento de la Embajada de EE.UU. y su respuesta fue que lo enviarían más tarde. Al cierre de esta edición no había llegado.

El fallo de la Corte Suprema

De acuerdo con la Sala Civil de la Corte Suprema, la demanda que promovió Remberto Burgos contra la Embajada de EE.UU., para buscar una indemnización por los perjuicios causados, no procede por la inmunidad. Precisan que la demanda fue contra la Embajada y no contra un funcionario, y que la institución también está cobijada por esta protección, la cual es regulada por tratados internacionales.

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En la decisión dicen que, según la Convención de Viena, las delegaciones no pueden ser juzgadas penalmente en ninguna circunstancia. Además, que hay tres excepciones en materia civil como en pleitos por inmuebles que estén a nombre del funcionario, en procesos de sucesión o frente a cualquier actividad profesional o comercial ejercida por el agente diplomático por fuera de sus funciones.

Según los magistrados, como la indemnización solicitada tras el accidente de tránsito no cabe en ninguna de las excepciones, no procede la demanda.

Debates en el mundo sobre inmunidad

A pesar de que su objetivo es ayudar a mantener en armonía las relaciones entre países, la inmunidad diplomática es uno de los preceptos más controversiales del derecho internacional. La detención en Inglaterra del exdictador chileno Augusto Pinochet en 1998 y su posterior solicitud de extradición a España son tal vez los casos más emblemáticos. El Parlamento inglés hizo un largo debate para concluir —no al unísono— que, cuando se trataba de crímenes de lesa humanidad, ni siquiera la inmunidad diplomática salvaba al investigado. Otro caso se vio en 2002, cuando la Corte de La Haya obligó a Bélgica a dejar sin efectos una orden de arresto emitida en 1999 contra Abdulaye Yerodia, canciller del Congo, por sus discursos que incitaban al odio racial. Por cuenta de este mismo concepto, en 2002, la Corte Europea de Derechos Humanos no permitió que avanzara una demanda contra el rey de Kuwait, quien, en 1991, supuestamente había secuestrado y torturado a un ciudadano inglés.

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Por Alexánder Marín Correa

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