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Inundaciones en Córdoba: la emergencia vista por quienes lideran rescates y ayudas

Más de 200.000 personas se han visto afectadas por la emergencia que siguen provocando las lluvias en el departamento. Sobre la situación que enfrentan, hablan miembros de cuerpos de socorro que han estado en las zonas donde el agua continúa causando estragos.

Mónica Rivera Rueda

22 de febrero de 2026 - 10:00 a. m.
Las labores de apoyo se han centrado en el rescate de damnificados y prevención de nuevas emergencias.
Foto: Ejército Nacional
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El primero de febrero las lluvias comenzaron fuerte. Sobre gran parte de Córdoba cayó agua por dos días seguidos sin dar tregua ni tiempo para evitar las inundaciones. Los ríos Canalete, San Jorge y Sinú se desbordaron dejando varias poblaciones bajo el agua, como la vereda Las Palomas, en Montería, e incomunicaron localidades como los cascos urbanos de Puerto Escondido y Canalete.

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A diferencia de otras emergencias que han dejado las lluvias en el país, esta continúa, pues persisten las precipitaciones en la represa de Urrá, lo que mantiene la alerta en la cuenta baja del río Sinú, mientras que la llegada de la temporada de lluvias mantiene la tensión por la inundación de nuevos sectores y la aparición de nuevos damnificados.

El tamaño de la emergencia lo dimensionó el brigadier general Óscar del Cristo Díaz Montiel, comandante de la Décima Primera Brigada del Ejército, cuando regresó a Montería de vacaciones, el 8 de febrero. “Comencé a ver personas en vehículos sacando neveras, lavadoras y lo que les quedaba. Le veía la cara a la gente de amargura, de frustración, y yo decía: la dimensión de esto es mayor a la que había visto en las noticias”.

El panorama completo lo terminó de armar con los sobrevuelos. “Todo estaba inundado; en algunos lugares solo se veían los techos, pero en otros literalmente las casas quedaron bajo el agua”. Por eso, desde el primer momento, la respuesta de su batallón fue apoyar las labores de rescate de quienes lo perdieron todo. Es decir, ayudar a las personas afectadas a salir de lo que quedó de sus viviendas inundadas por las aguas y atender a los damnificados que, según Díaz, llegaron a ser más de 5.000 en albergues de Montería.

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Para el mayor Raúl Antonio Gómez, director regional de la Defensa Civil en Córdoba, la emergencia comenzó en municipios como Canalete, donde hubo zonas que quedaron completamente aisladas, por lo que las primeras situaciones que atendieron estaban relacionadas con personas y animales atrapados. “Se perdió mucho ganado. Fue bastante fuerte y un choque emocional muy grande porque hubo familias enteras que quedaron sin nada; unas casas fueron arrastradas por la corriente, pero otras, por la estructura, el agua las tumbó”.

Para ambos se trata de una situación nunca antes vista, no solo por la magnitud de las inundaciones —en algunos puntos el agua entró más de tres kilómetros—, sino porque se trata de una emergencia que continúa, ya que el agua no ha bajado y sigue lloviendo. Además, la asistencia no tiene precedentes.

Tanto las autoridades como el sector privado y el resto del país se han coordinado y ya son miles de toneladas de ayudas humanitarias las que han llegado en las últimas semanas a la región, pero así mismo las ayudas no son suficientes porque ya son más de 200.000 damnificados los que deja la emergencia y el temor está en que puedan ser más, ya que la temporada de lluvias está por comenzar.

“Casi me lleva la corriente”

El director de la Defensa Civil en Córdoba advierte que él y su equipo no han tenido descanso desde que comenzó el mes. Él personalmente ha estado en dos ocasiones a punto de ser arrastrado por corrientes mientras intentaba auxiliar a familias en zonas afectadas. “En el Vidrial, donde estábamos ayudando a rescatar gente de las casas, una señora se me acercó y me pidió que le ayudara a sacar a sus papás. Se subió al carro. Yo pensé que era cerca, pero nos fuimos lejos y la corriente nos comenzó a jalar. Casi nos saca dos veces del camino. Yo rogaba para que no se apagara el carro y ella estaba muy asustada, pero lo logramos. Después de un rato, pudimos sacar a su familia”.

Algo similar le pasó a un grupo de rescatistas de su grupo, que recibieron el llamado de una familia atrapada en una finca, en la que había tres niños. La zona estaba completamente inundada, por lo que solo pudieron llegar a un punto en los carros y desde allí comenzar a caminar entre el agua. Fueron más de cinco kilómetros en los que el agua les pasaba de las rodillas al cuello, pero al final lograron salir en la noche con la mamá y los niños en hombros.

Otras situaciones se han dado en zonas rurales, como en Vallejo en Montería, donde las tapas de las alcantarillas se levantaron, por lo que al caminar por las calles varias personas cayeron dentro de ellas. Gómez asegura que no hubo víctimas mortales, pero sí dificultades para auxiliar a los damnificados, ya que por lo irregular de las calles no podían encender los motores de las canoas, lo que retrasaba su tránsito entre las aguas.

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Y las emergencias se siguen presentando. “El río ha mantenido un ritmo bastante inusual, sigue lloviendo mucho en la parte alta y se siguen rompiendo bocas que meten agua a las veredas. Por ejemplo, el viernes (20 de febrero) en la mañana salieron como 100 personas a ayudar a tapar una bocatoma que se volvió a abrir en Las Palomas (zona rural de Montería)”.

La colaboración ha sido clave

Para el comandante de la Brigada Décimo Primera, lo clave de la atención de la emergencia ha sido la colaboración. Aparte de la organización de los cuerpos de socorro en el Puesto de Mando Unificado (PMU), ha sido importante el apoyo de externos como el comando de Acción Integral y los ingenieros militares, quienes también apoyan el rescate y atención a los damnificados.

“Hubo una situación particular. Por ejemplo, falleció un soldado que llegó a Montería en un vuelo y teníamos que transportarlo hasta San Juan de Urabá. Tuvimos que llevarlo por vía aérea, porque para venir a recogerlo tuvieron que tomar vías alternas porque se cayó un puente y además atravesar el río Canalete, porque no hay vía. Lo que hay son poblaciones alejadas”.

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Para la atención han recibido el apoyo de aerolíneas como Latam y Avianca, que han transportado toneladas de ayudas en aviones de carga, así como personal. Díaz Montiel añade que, por ejemplo, llegaron a un acuerdo con la Universidad Nueva Granada para trasladar psicólogos que dieran soporte emocional a las víctimas ante la gravedad de sus situaciones, porque, como lo resalta, en este momento poco se piensa en el soporte emocional de quienes lo perdieron todo.

Dimensionar la emergencia es muy difícil. Hay zonas donde el agua inundó completamente comunidades, mientras que en otras los ríos crecieron tanto que tumbaron puentes o se tomaron las vías a tal punto de dejar poblaciones incomunicadas. “El agua de dos meses cayó en dos días”, resalta Díaz.

Eso todavía se siente. El pasado jueves 19 de febrero, el comandante de la Brigada estuvo junto a miembros del Ministerio de Defensa en el sector de Rancho Grande, al que no pudieron entrar por completo, porque los carros se comenzaron a inundar. “Ya hay zonas donde el agua ha bajado, pero siguiendo las marcas que quedaron en las casas, se ve que el agua subió un metro. La gente está muy golpeada por las pérdidas y temerosa porque ya comienzan a oler las cañerías y está el riesgo de epidemias, de que se presenten problemas de salud.

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“Hemos rescatado 1.200 personas, más de 700 animales. Los sabaneros no son tan extrovertidos como los cartageneros, pero uno ve en sus caras la esperanza de que les ayudemos. Muchos de los damnificados son gente adulta que lo perdió todo. No eran pobres, eran personas que tenían un ambiente económico estable y que requieren todo el apoyo. Por eso todo el mundo se puso la camiseta”.

La principal preocupación ahora está en auxiliar a los damnificados, restaurar jarillones e intervenir algunos sitios con el fin de evitar nuevas emergencias. No se ha podido adelantar

Por Mónica Rivera Rueda

Periodista de planeación, hábitat, salud y educación. Estudiante de la maestría de análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos.@Yomonrivermrivera@elespectador.com

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