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23 Feb 2022 - 12:49 a. m.

Jaime Ostos, la suerte suprema de uno de los mejores estoqueadores

El reconocido torero español, de los años 60, murió a los 90 años, de un infarto, el pasado 8 de enero en Bogotá. Esta fue su última entrevista, en la que habló de la suerte suprema recibiendo y de su estrecha relación con Picasso.

Ricardo López Solano

El maestro Jaime Ostos ejecutando en corto, por derecho y con el pecho, la suerte suprema al volapié, tal como el maestro solía aconsejar.
El maestro Jaime Ostos ejecutando en corto, por derecho y con el pecho, la suerte suprema al volapié, tal como el maestro solía aconsejar.
Foto: Archivo particular

Mi sueño desde cuando empecé a moldear un tratado taurino que he titulado, “La Suerte Suprema-Revisión General”, fue el de poder entrevistar al maestro Jaime Ostos Carmona, considerado uno de los mejores estoqueadores de todos los tiempos. Y en estos último años, debido a su avanzada edad (90 años), pensaba que ese sueño no se me haría real.

Pero el pasado primero de enero, mientras revisaba uno de los chat grupales en los que me encuentro inscrito (“Nuestras Regiones”) del investigador del folclor vallenato, Ricardo Gutiérrez Gutiérrez, encontré unos videos que publicó Abelardo de la Espriella Juris, en uno de los cuales el maestro Ostos bailaba bulerías con su señora María Ángeles Grajal, en la residencia de Abelardo en Cartagena.

No podía creer que el maestro Jaime Ostos se encontrara en el corralito de piedra y al alcance de mi mano. Le escribí a Abelardo para que nos contactara y lo que me dijo es que podía encontrarlo en la casa de Gitanillo de América. De inmediato lo llamé, pero esa tarde su hijo toreaba en Manizales, por lo que me dijo que podía ir a su casa para entrevistar al maestro Ostos.

En el momento en que me iba a dar el teléfono de su esposa Ibeth Uhía, lo llamaron para lo del sorteo de los novillos que se iban a lidiar esa tarde. Ante este impase, para no perder tiempo, llamé a un concuñado en Barranquilla, José Gabriel Lapeira, quien me hizo el contacto con Ibeth, que me programó al entrevista para el 5 de enero a las cuatro de la tarde.

Antes de ir a la entrevista, fui a que me imprimieran la foto que considero más representativa del maestro Jaime Ostos estoqueando a un toro para que me la dedicara, un volapié que cumple los cánones más exigentes de esta suerte. Llegué a las cuatro y media de la tarde, en el momento en que Ibeth y María Ángeles se disponían a salir. Me hicieron pasar y llamaron al maestro Ostos para que atendiera mi visita. Por fin se cumplió mi sueño tan largamente esperado.

Para mí fue muy gratificante el recibimiento que me dio el maestro Jaime Ostos, y como, sin reticencia alguna, se prestó para referirme los aspectos más relevantes de su vida taurina y social y para responder a mis inquietudes, en especial sobre la suerte suprema. Al maestro Ostos se le veía rejuvenecido, alegre y sonriente y lleno de vida, tanto así que desde que comenzó a hablar, casi no me dejó tomar la palabra.

Como si estuviera en mi casa y con una confianza y soltura, que no me parecía difícil de creer, comencé preguntándole que le había parecido Cartagena y esto respondió:

Cuando regresé a España, después de mi primer año en Colombia todo el mundo me hablaba de Cartagena. Así que cuando regresé no me quedó más remedio que venir a conocer a esta emblemática ciudad. Tuvo un efecto muy grande.

Para mi Cartagena es el centro, de la muralla para adentro. Esa es la verdadera Cartagena. La primera vez que yo vine, en 1953, dije: ¿para qué he volado tantas horas para estar otra vez en Cadis? Es que Cartagena es una hermana de Cadis. Los balcones, las rejas, las calles, la vegetación son como si tu estuvieses en Cadis.

Además, la gente, la alegría de los cartageneros es muy parecida a la de los andaluces de la parte baja de España, como Sevilla, Huelva, Málaga, Cádiz, Almería. Tienen los mismos gustos, la música, el cante, la comida, por eso digo que he volado tantas horas para estar en Cádiz.

¿Qué me dice de su paso por los ruedos del mundo?

No sé, ni he discutido nunca si he sido el mejor o el peor torero. Pero lo que sí te puedo decir es que desde un comienzo de mi carrera hice parte de los cinco toreros que integraban el grupo especial y cuando me retiré aún seguía perteneciendo a ese grupo élite. Que los aficionados juzguen.

En la plaza de toros de Madrid está escrito que pinche cuatro veces a un toro recibiendo. Una suerte que hasta hoy no lo ha hecho sino Rafael Ortega, mi profesor que admiro, y yo. Los demás no tienen ni idea de cómo se hacen las tres suertes de matar: recibir, al encuentro y al volapié. Y esto de matar los toros tiene una ley de ejecución que ninguno lo hace. Unas veces entran más abajo, otras más para atrás, otras veces el toro derrama sangre por la boca porque lo degüellan.

Nunca he cogido una espada de mentira. Yo antes de entrar a matar cogía la espada y la doblaba contra el burladero para que se dieran cuenta que en el último tercio salía armado con la espada de verdad y no con el ayudado. Debido a ello, al principio, cuando terminaba la faena de muleta y me perfilaba para entrar a matar los que no se habían percatado que llevaba el acero, gritaban, ¡no! ¡no! (creían que iba a estoquear con el ayudado), después se acostumbraron.

Los toreros saben muy bien que hasta en los tentaderos toreaba con la espada de verdad. De la raya para adentro el que manda es el toro y de la raya para afuera el que manda es el torero. Por otro lado, al entrar a matar el codo de la mano izquierda no se puede doblar, ya que la mano que lleva la muleta hacia adelante se retrae. Y es que, si retiras la muleta que está bajo el hocio del toro, que se encuentra humillado mirando, lo que logras es que levante la cabeza. Y el resultado es un bulto y otro bulto.

Explíquese mejor

Tú has visto que en la actualidad los toreros matan a los toros de la raya para adentro. ¿Y por qué lo hacen? Porque no llevan la espada de verdad. Es como que si no entendieran que el toro en un momento dado es el que te dice mátame. Y si tú estás toreando en los medios, pues lo tienes que matar en los medios que es donde el toro te dice (cuando se descuelga, ya que no puede sostener la cabeza arriba), después que le has pegado cuatro naturales y dos pases de pecho, mátame. En ese punto le pones la muleta cerquita, debajo del hocico, con tus pies a una distancia no mayor de metro y medio, y centrado al testuz, ya que después de metro y medio, no se puede matar bien. Al toro debemos matarlo en corto, por derecho y con el pecho.

¿Qué faena recuerda?

Maté a un toro de 583 kilos el día que cumplí 80 años, a 18 años de haberme retirado de los ruedos. Ahora, lo que sí es verdad, que el único torero que ha toreado en las ferias importantes, uno más que nadie, ha sido Ostos. En Sevilla, en Cali toree cinco años, en Pamplona fui el primer torero que toreo tres corridas, en Vitoria fue igual. O sea, tengo una historia taurina y nunca tuve ningún problema con ningún torero, ni con los ganaderos. Me decían tal corrida, y decía, yo mi dinero. Punto. Eso era lo que me interesaba.

Solamente tuve un pequeño roce con Antonio Ordoñez cuando la pelea con Luis Miguel Dominguín. Ahí se planteó el problema de que yo era el eje del uno o del otro. Si yo me iba con Luis Miguel, Ordoñez no podía torear la feria que toreaba Ostos y Luis Miguel. Y si yo me iba con Ordoñez, Luis Miguel no podía torear las ferias que toreaba con Ordoñez. Me fui con Luis Miguel y toreé treinta y seis corridas.

¿Esa fue la época en que Ernest Hemingway andaba con Antonio Ordoñez?

Bueno, Hemingway todo el tiempo en que estuvo en España anduvo con los dos, con Luis Miguel, con Ordoñez y conmigo. La pelea entre Ordoñez con Luis Miguel fue por tonterías, de amistad, cosas de agentes. En fin, aquello se rompió y yo me quedé en el centro de eso. Yo estuve así dos años hasta que logré arreglar ese asunto y los tres pudimos torear algunas corridas.

Hábleme de la suerte de recibir

La suerte de matar a un toro no es más que un pase de pecho. Tú te cuadras delante del toro, centrado a los pitones, a una distancia no mayor de metro y medio. En esta posición, lanzando un gritico, (¡Ja!), diriges la punta de la muleta (acompañada del pie izquierdo) hacia adelante y hacia abajo de los belfos del toro para que este baje la cabeza y se fije en el extremo de la tela, con lo que lo embarcas en la muleta. Y con el toro humillado, arrastras hacia atrás la pierna izquierda hasta colocarla al lado de la pierna derecha, que durante la ejecución de la suerte (pierna derecha) debe permanecer fija (inamovible).

En esta operación manteniendo al toro humillado, este debe seguir el extremo de la tela mientras la diriges hacia atrás (acompañando el movimiento del pie izquierdo) y hacia la derecha (cruzar la muleta) de las piernas del torero con el fin de darle al toro la salida por ese lado. Durante este movimiento la muñeca que sostiene la muleta debe mantenerse un poco girada hacia su izquierda.

En este punto con el toro humillado y por el lado derecho de la cadera del torero y con el estoque sepultado entre uno de los intersticios de lo omóplatos, se remata la suerte mediante la ejecución de un pase de pecho. Durante su ejecución, suerte de recibir, el torero no cambia de posición, el único que se desplaza (humillado) haciéndole cambiar su trayectoria hacia la derecha de la posición que ocupa el torero, es el toro. Si el torero durante la ejecución de esta suerte cambia de sitio, lo que ha hecho es un remedo de la suerte de recibir. De Manolete a hoy, el único que ha hecho las suertes de matar perfectas se llama Rafael Ortega que ya falleció. Y después de Rafael Ortega su discípulo, que soy yo.

¿Usted al que le aprendió a ejecutar esta suerte fue al maestro Rafael Ortega?

Cuando lo conocí todavía no había toreado con caballos. La coincidencia fue la siguiente. Soy de una familia bastante acomodada en España, terratenientes. Con catorce años, tenía un tío que era el presidente de la Audiencia de Sevilla, al que visitaba con frecuencia y quien me presentó el Márquez de Villamarta, un ganadero, que tenía algunos problemas de audiencia que resolver con mi tío. Mi tío le comentó, “como te parece que mi sobrino tiene dos hermanos ingenieros agrónomos, otro que es director de un banco y otro más que es abogado, y este, que además de piloto de aviación se le ha dado por ser torero”. A lo que el Marqués me dijo, “yo tiento la semana que viene. Si quieres te recojo y te llevo”. Y así aconteció.

A los pocos días el Márquez me recogió. En esa tienta se encontraba Rafael Ortega, que por ese entonces yo había aprendido a torear muy bien de salón y en mi turno me salió una becerra muy buena, que puedo decir que fue quien me toreo. Al finalizar mi faena, Ortega me dijo, “oye muchacho tu no habrás toreado”. Y yo le respondí que era la primera becerra virgen que había toreado.

“Pero tienes muy buenas hechuras”, dijo, “éntrala a matar”. Y la entre a matar. Y lo que hice fue taparle la cara y pegarle un golpe en el morrillo. “Muchacho”, me dijo el maestro Ortega, “así no vas a hacer torero. Es que así no se matan ni las moscas”. Me llamó, me coloque delante de él y él le hizo la suerte de matar pasándole la mano a la becerra desde el cuello hasta la penca del rabo. “Ahora lo vas a hacer tú”, me indicó y lo hice. Y de ahí ya he toreado cientos de becerras en tentaderos, y jamás se ha ido una becerra sin que yo le hiciera la suerte de matar cinco, seis, ocho o diez veces. Y ahí aprendí a matar los toros.

¿Cómo triunfó en el toreo?

Mi padre me dijo, que él dinero que había en casa era para hacer gente de porvenir y no para hombres de aventuras. Y, como mi madre tenía una hermana sin hijos y que a mí me quería mucho, entonces me fui a Sevilla a vivir con ella y con su esposo, que trabajaba enjardinería. Ahí ya me presenté en un festival con Cagancho y le corté las dos orejas y el rabo al novillo. Y después de este triunfo al otro día en Sevilla todo el mundo hablaba de que un muchacho que se llamaba Ostos.

Desde ese momento algunos ganaderos empezaron a invitarme a los tentaderos, en especial por lo de mi apellido y porque muchos conocían a mi tío el presidente de la Audiencia. De ahí me fui a torear un festival con Pepe Luis Vázquez y después con Osuna tuve mi primera novillada con caballos, en la que corté cuatro orejas y dos rabos.

¿Y de sus inicios como novillero?

De novillero toree dos años nada más. Por ese entonces me encontraba muy fuerte con las novilladas con caballos. De ahí a tomar la alternativa, pero me salió un contrato de doce corridas para América, entonces tomé la decisión de recibir la alternativa en la última feria de España que es la del Pilar en Zaragoza, y de ahí al grupo especial, hasta cuando me retiré de los ruedos.

Además, en Pamplona fui el torero que empezó a torear tres corridas de toros y en Bilbao dos, y las demás figuras una corrida. Te voy a mostrar una foto de un toro de Miura que pesó 638 kilos. En esa corrida corté cuatro orejas, y al año siguiente les dije, yo toreo tres corridas o no voy a Bilbao. Y me tuvieron que dar las tres corridas.

A usted lo corneó un toro de Tarazona de Aragón, en la que un cirujano firmó su partida de defunción...

Después de la cornada en la ingle del 17 de julio de 1963, en la que en Tarazona un toro me seccionó la vena iliaca, yo estuve dos años sin poder torear. A mí me llamaban “Jaime Ostos Corazón de León”, ese era el rotulo que difundían donde yo toreaba. Y aunque la gente me decía que yo estaba loco por volver a torear, ese año toree más que nadie. En España toree ochenta y tres corridas (el primero en las estadísticas), en América dieciséis, en Francia once, en Angola y Mozambique, que eran colonias portuguesas, toree dos corridas en cada una de estas plazas. En Casablanca y Tánger, Marruecos también toree. En total ese año sumé 126 corridas.

¿Y qué tal le iba con la suerte suprema?

A estocada por toro o un pinchazo y una estocada sin puntilla. No veras a un banderillero dándole vueltas a un toro a los que yo le pego una estocada. Verás una foto que dice: “Lo importante de Sevilla”, ya que en la feria siempre destacaban lo más importantes y ese año lo más importante fue Jaime Ostos matando a un toro. De ahí me fui para Barcelona y corto una oreja a un novillo y me repiten el otro domingo y corto dos orejas y la gente decía, ¿y hoy quién torea la novillada aquí en Sevilla? Y respondían, uno que tiene nombre de virus, Ostos, Tostos, Mostos. Corté tres orejas y salí por La Puerta del Príncipe. Y a las cuarenta y ocho horas había firmado 29 novilladas en todas las ferias de Sevilla, Cádiz, Huelva, Málaga, Granada y Almería. Como quien dice en toda Andalucía. Y de ahí ya me presenté en plan de figura.

Y lo de ir con lentitud tras la espada hacia el morrillo del toro, ¿qué nos puede decir?

Porque cuando se entra a matar (recibir), la suerte la debes de rematar con un pase de pecho, y para ello, debes llevar al toro (humillado y templado) detrás de la muleta.

Y cómo le gusta a usted que se encuentre el toro en el momento de ir a ejecutar la suerte suprema. ¿Aalomado o con algo de gas?

El toro no te dice mátame aplomadito. Tú tienes que ver el momento exacto del publico contigo y las condiciones del toro. Cuando tú vez al público aplaudiéndote y agitando los pañuelos, pues, entra a matar.

Y con el descabello, ¿cómo le iba a usted?

Yo me iba al matadero para apuntillar (descabellar) a los toros. En el descabello tú debes dirigir la punta de la espada, un poco inclinada, a unos cuatro dedos desde donde dobla el testuz del toro hacia atrás.

¿Por qué los toreros suelen sufrir volteretas o cornadas en el momento de entrar a matar a los toros?

El toro no es el que coge al torero. Es al contrario. Si yo estoy en mi casa y viene un tío a entrar, así como así, yo le pego. En la plaza el toro tiene su casa y si tú te metes en la casa del toro lo lógico es que te coja ¿Qué quiero decir con esto?

Desde que el toro sale al ruedo hay que ir estudiando su comportamiento. Tú no puedes salir a torear a un toro pegándole pases. Primero tú tienes que dominarlo. Para torear hay que lidiar. Sin lidia no hay toreo. Tú tienes que estudiar las condiciones. El toro es un animal como cualquier otro animal que es bravo, que busca por donde irse o por donde atropellarte.

¿Cuáles fueron sus mejores banderilleros?

Yo tenía una cuadrilla de banderilleros enormes. Los mejores de ellos fueron Julio Pérez Herrera “Vito” y Luis González.

¿Y usted cómo delineaba la suerte de varas y la de banderillas con la suerte suprema?

La suerte de varas te la marca la potencia que tenga el toro cuando va al caballo. En mi época era rara la vez que un banderillero ponía al toro en suerte al caballo, y raro era que no lo sacara del caballo el matador de turno. Ordoñez, le pegaba un puyazo al toro y él lo sacaba, y como era su toro, le hacia los quites y lo volvía a poner en el caballo.

En otras ocasiones Ordoñez colocaba un toro demasiado bueno, el picador le pegaba un puyazo, entonces yo miraba a Ordoñez, y me decía sácalo. Y entonces yo lo sacaba, le hacía unos quites, y después lo metía otra vez al caballo. Hoy no. Hoy eso lo hacen los banderilleros. Antes, cuando el toro salía a la plaza el matador no salía a recibir a un toro si no era muy bravo y no había llegado a los tres burladeros pegando cornadas. A las plazas de primera yo llevaba a un banderillero que se llamaba “EL Noli” de Alcalá, que solo me servía para que cuando el toro estuviera picado le pegara dos o tres capotazos por cada lado, con lo que me podía percatar en qué condiciones había quedado el toro después de salir del caballo.

¿Qué nos puede decir de su vida?

No he bebido, ni he fumado nunca. No sé lo que es una gota de alcohol. Mi boca no sabe lo que es el humo. Y entre otras cosas, yo soy un cocinero excepcional. En Valencia, en donde más se entiende de arroz, me gané un trofeo en un concurso de cocina en el que me enfrenté con treinta y seis profesionales de la culinaria.

¿Cuál era su relación con Picasso?

Este dibujo me lo pintó Picasso y me lo regaló con dedicatoria y todo: “Los toros son ángeles que llevan cuernos”. Por este dibujo me han ofrecido un millón de euros. Pero no lo vendo porque es de mis hijos.

En un corrida en la que le dediqué un toro a Picasso, él me pidió que le pintara en una cuartilla de papel de hotel una cabeza de toro y que se la dedicara. Entonces, en ese papelito le pinté la cabeza del toro que me pidió, la que acompañé de la siguiente dedicatoria: “Afectuosamente Jaime Ostos”. A lo que Picasso me ripostó: ¿y porque no has puesto afectuosamente Jaime Ostos a Picasso? Entonces, Picasso cogió el dibujo y me lo firmó.

Alos dos o tres años de su muerte, mi mujer recibió una carta de un señor de Paris. La abrió y leyó lo que decía: “Estimado señor Jaime Ostos, le rogaría me dé autenticidad al toro y a la firma de Picasso”. Entonces yo le contesté: “Todo en la vida tiene un por qué ¿usted que me ofrece a mi para que diga que esto es real”? Algo tendré que recibir para decir que esto es mío. Y lo mandé al carajo. Pasado un tiempo siguió molestándome. Hace como tres años, recibí otra carta suya que decía que ese dibujo lo había vendido en trescientos mil euros.

***

Al despedirme del maestro de maestros de la suerte suprema quedaron pendientes muchas preguntas y particularidades que aclarar o ampliar en lo referente a esta suerte, por ejemplo, como entraba a matar al volapié y al encuentro, ya que la conversación la enfocó en la suerte de matar recibiendo.

Pero, el 8 de enero recibí una llamada de mi primo, el coronel y ganadero de toros de lidia, Marco Antonio de la Parra para darme la triste noticia, un mazazo, que el Maestro Jaime Ostos había fallecido de un infarto fulminante en Bogotá. Como me dolió esta noticia. El único consuelo que me quedó de este insuceso tan lamentable es que el maestro Ostos me concedió, lo que terminó siendo su última entrevista y dedicatoria a una fotografía suya, y que llegué, como se dice, justo a tiempo para que mi sueño tan largamente esperado, se me hiciera realidad.

Maestro Jaime Ostos Cardona, muy a pesar de las tantas preguntas que quedaron sin resolver, lo que usted me aportó en esta entrevista, no solo a mí sino a los amantes de la tauromaquia y en especial a los que nos sintonizamos con la suerte suprema, vale su peso en oro o, como dicen los peruanos, “vale un potosí”. Y es que usted por ser un dechado de valor, un fuera de serie en su oficio como matador de toros, pudo, tras 25 cornadas, entre ellas la casi mortal de Tarazona de Aragón, seguir en la brega para el disfrute de esta afición que tanto lo quiso y que tanto lo admiró. Razón inequívoca por la cual se ganó el muy merecido apelativo de Jaime Ostos “Corazón de León”. Maestro descanse en paz, que la eternidad es suya.

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