En Santa Marta hay barrios que pasan días esperando agua. Hay inviernos que inundan calles y veranos que secan ríos. Mientras eso ocurre, a miles de kilómetros, dos jóvenes formados en la costa Caribe avanzan entre hielo, viento y temperaturas bajo cero, intentando entender por qué el clima se ha vuelto tan impredecible.
El doctor Enrique Acuña Morales y la ingeniera ambiental Andrea Manrique Cantillo, ambos egresados de la Universidad del Magdalena, integran la XII Expedición Antártica Colombiana. Su misión: estudiar cómo el calentamiento anormal del océano polar se conecta con las sequías prolongadas, las lluvias intensas y los eventos extremos que hoy impactan al Caribe colombiano.
No es una aventura. Es ciencia y sus resultados permitirían evitar tragedias.
El hielo que regula el clima del Caribe
La Antártida es considerada uno de los grandes reguladores térmicos del planeta. Lo que ocurre allí no se queda allí. Las variaciones en la temperatura del océano, las llamadas olas de calor marinas y los cambios en los procesos biogeoquímicos influyen en los ciclos atmosféricos globales.
En palabras de Acuña, la pregunta central es directa: cómo lo que ocurre en el “termómetro del mundo” se conecta con los eventos extremos que hoy vive el Caribe.
La investigación analiza la relación entre el calentamiento oceánico en el polo sur y fenómenos que, en regiones como Santa Marta, se traducen en racionamientos de agua, desbordamientos y crisis ambiental.
Desde el sur del planeta están intentando descifrar lo que en el Caribe ya se siente en la piel.
La expedición se realiza en cooperación con científicos de México, Ucrania, Chile y República Checa. La travesía incluyó el cruce por el estrecho de Drake, uno de los corredores marítimos más desafiantes del mundo.
Mientras en su ciudad muchas familias enfrentan emergencias climáticas, ellos avanzan entre mares agitados, fauna marina y paisajes cubiertos de hielo.
Enrique Acuña se convirtió en el primer samario en participar en una expedición científica a la Antártida. Para él, llevar el nombre de la universidad pública del Magdalena hasta ese punto del planeta tiene un valor académico y simbólico profundo.
Andrea Manrique, graduada en 2024, representa una nueva generación de investigadores formados en la región. Su presencia en la misión demuestra que la ciencia climática no es exclusiva de grandes capitales, sino que también se construye desde territorios históricamente vulnerables.
Un mes para entender el futuro
Durante cerca de un mes, el equipo realizará trabajo de campo, toma de muestras, análisis atmosféricos y estudios oceanográficos. Cada dato recolectado puede aportar información clave para comprender los patrones que determinan cuándo habrá sequía, cuándo vendrán lluvias extremas y cómo prepararse ante escenarios más severos.
No estudian el hielo por curiosidad. Lo hacen porque el Caribe está cambiando. Las investigaciones buscan anticipar riesgos, fortalecer la planificación territorial y aportar evidencia científica que permita tomar decisiones frente a la crisis climática.
Del aula al polo sur
La historia de Enrique y Andrea también habla de educación pública y movilidad científica. De jóvenes costeños que no se quedaron observando la crisis desde la orilla, sino que decidieron ir al epicentro del fenómeno climático.
Desde uno de los territorios más extremos del planeta, piensan en su ciudad. En los barrios que sufren por la falta de agua. En las familias que viven con la incertidumbre de cada temporada de lluvias.
Estudiar el hielo antártico es, en el fondo, una manera de intentar proteger el futuro del Caribe. Porque lo que se derrite en el sur puede terminar desbordando ríos en el norte